Menú
CRÓNICAS COSMOPOLITAS

Y todo a media luz

Los azares de la vida, en este caso muy relativos, ya que giran en torno a un mismo libro y a una visita, me han conducido a leer dos artículos en que se hacía referencia a mi admiradísima Ayaan Hirsi Ali (¡hasta podríamos hablar holandés juntos!).

Los azares de la vida, en este caso muy relativos, ya que giran en torno a un mismo libro y a una visita, me han conducido a leer dos artículos en que se hacía referencia a mi admiradísima Ayaan Hirsi Ali (¡hasta podríamos hablar holandés juntos!).
Ayaan Hirsi Ali.
El primero, de Lourdes Ventura (El Cultural, 25-31 de enero), es una reseña de la autobiografía de Ayaan: Mi vida, mi libertad, traducida y publicada por el Círculo de Lectores, la ya bien conocida institución editorial, que no siempre da tan certeramente en el clavo, lo cual es el destino de todo "círculo" y de toda editorial, por no hablar de los lectores, esa especie en vías de extinción, como las angulas.
 
Lourdes dedica dos páginas a comentar el libro de Ayaan con simpatía, y con aparente objetividad relata, obligatoriamente resumidas, las novelescas y duras peripecias vitales de esta maravilla de mujer. Es probable que ciertos lectores de Lourdes tengan ganas de comprar el libro, pero yo tengo mis dudas. Escribe Lourdes: "(...) la violencia contra las mujeres bajo la coartada de ciertas interpretaciones del Corán". O la comentarista no ha leído el Corán, o sabría que sólo existen dos "interpretaciones" coránicas: la violencia o el desprecio hacia las mujeres.
 
El artículo de Félix de Azúa (El País, 12 de febrero) es diferente. No sólo habla de Hirsi Ali: la utiliza, o más bien se apoya tanto en lo que ha escrito como en lo que dijo recientemente en España, para mejor criticar a Zapatero y a su "alianza de civilizaciones", esas bodas de sangre de la barbarie con la rendición. Pero incluso si la vida y obra de la somalí, luego holandesa, que reside ahora en los USA no es el tema central del artículo de Félix, él, en todo caso, no se autoriza ese desdeñoso "aunque no coincidamos en todos sus planteamientos" de Ventura: ¡no coincidís en nada! Con todo, nos hubiera interesado que nos explicara sus discrepancias, porque dicho así suena como un peaje obligatorio a los prejuicios de la progresía.
 
El caso es que ninguno de los dos, que han comentado el libro o lo han utilizado para criticar a Zapatero, hace referencia al espeluznante antisemitismo que reina en las sociedades musulmanas. Lo cual equivale a comentar los testimonios de las victimas del nazismo sin aludir para nada al antisemitismo. Pero es que en España el antisemitismo no existe, no cotiza en la bolsa de los valores, progres o menos progres, nacionalistas o menos nacionalistas, imbéciles o menos imbéciles.
 
Sin embargo, el personaje central, Hirsi Ali, ha denunciado en diversas ocasiones (hasta en la prensa española) el antisemitisimo total, radical, que ella y todos los musulmanes han mamado con la leche materna, y que justificaría, según sus imanes y ayatolás, moderados o radicales, el exterminio de los judíos y la destrucción de Israel.
 
La propia Ayaan ha contado cómo descubrió la monstruosidad de la Shoá mientras estudiaba en Holanda; y cómo, cuando intentó hacer partícipe a su hermana de ese descubrimiento, ésta dijo lo que dice el 95,6% de los musulmanes del mundo entero: la Shoá es un camelo; Auschwitz y los demás campos de exterminio nazis, una mentira, una estafa judía para justificar la existencia de Israel; en cambio, y con la ayuda de Alá, ellos, los musulmanes, sí que van a exterminar a los judíos, esa raza maldita. Lo cual, evidentemente, no es racista, ni para Gema Martín Muñoz ni, por lo visto, para Lourdes Ventura.
 
"No podía concebir [Hirsi] que alguien como Zapatero, con mando en un país europeo, hablara de alianza de civilizaciones. ¿Qué civilizaciones? Si a sus hijas las hubieran cortado el clítoris y cosido los labios externos, quizás no fuera tan frívolo", escribe Félix de Azúa, refiriéndose a unas declaraciones recientes de Ayaan. Yo, claro, no trataría al señor Rodríguez de frívolo, sino, más bien, de mamarracho.
 
Lo dicho: Félix de Azúa no sólo critica la "alianza de civilizaciones", sino la política del Gobierno actual en cuestiones importantes, y para ello, curiosamente, se sirve de los ejemplos de Adolfo Suárez y... ¡Felipe González!
 
Recuerda la ferocidad con que la izquierda, y sobre todo el PS (no siendo Obrero ni Español, le suprimo esas letras), arremetió contra Suárez, que a fin de cuentas no lo hizo tan mal, y hasta se ha convertido en referencia democrática (el PS le utiliza ahora para arremeter contra el PP). En lo fundamental, no discrepo de estas opiniones. Efectivamente, Adolfo Suárez tuvo ante sí una tarea histórica, y la cumplió: sentar las bases de la transición democrática (legalizar los partidos y sindicatos, garantizar la libertad de expresión, sacar adelante y someter a votación una Constitución como marco de convivencia y democracia). Todo ello funcionó; a trancas y barrancas, como siempre, pero funcionó. En cambio, lo que aparecía entonces como democrático y generoso pero ha resultado ser una catástrofe son las Autonomías.
 
Suárez no fue el único "culpable": lo fuimos todos los que votamos la Constitución y, por lo tanto, el aquelarre de las Autonomías.
 
Aunque la Constitución tenga muy poco que ver con las exigencias paralelas de ETA y PNV, o con el Estatuto catalán, políticos avezados hubieran debido prever el delirio nacionalista. No contentos con lo mucho que obtuvieron, todo lo contrario, exacerbados por ello, los nacionalistas se convencieron de que podían ir a por todo. Y en esas estamos.
 
Félix de Azúa.Ni Félix de Azúa, ni Muñoz Molina –a quien cita el primero en su artículo–, ni Fernando Savater, ni Bono, ni Rodríguez Ibarra, por citar sólo a algunos de izquierda, están satisfechos con la deriva –previsible– de los nacionalismos periféricos, como dicen.
 
Lo de considerar a Felipe González una "bendición" (junto a Suárez), como escribe Azúa, es para morirse de risa. Puede considerarse que tuvo más "sentido de Estado" que el señor Rodríguez (lo cual no es muy difícil: éste tiene, más bien, sentido de la destrucción del Estado), como cuando lo de la OTAN (con una precisión, Félix: no se trató de entrar en la Alianza, eso fue cosa de Leopoldo Calvo Sotelo, sino de permanecer en ella). Se podrían dar otros ejemplos, como nuestra participación en el primer acto de la guerra contra Irak, algo que todo el mundo, incluido Azúa, olvida, para mejor condenar a José María Aznar por haber participado en el segundo acto, ¡y a mucha honra!
 
La presidencia de González fue una catástrofe, y es únicamente por gracia real que el sevillano no ha sido procesado y encarcelado, a cambio de lo cual (si no lo sabes te lo cuento, Félix) le está prohibido volver a presentarse a unas elecciones. Puede ir, sin corbata, a lavar los pies de los asesinos iraníes, pero no puede volver a presidir un Gobierno español. ¿Es necesario repetir la retahíla de sus fechorías, los GAL, Filesa y todo lo demás?
 
Se ha puesto de moda, en El País, en tertulias de radio y platós de televisión, criticar a la "derecha dura" del PP (yo los considero blandengues), la crispación, los insultos; hasta se elaboran catálogos de insultos prohibidos o autorizados, con el objetivo evidente de ocultar los problemas, el malestar creciente de los españoles, y dirigir el descontento hacia la oposición.
 
Algunos, puede que sinceramente, repiten el refrán: "Cualquier tiempo pasado fue mejor". ¿Es que los que aspiran a que todo transcurra a media luz, con el buenismo como programa, no se dan cuenta de que nos amenazan dos terrorismos: el etarra y el islámico, que, además, si no se han unido (lo cual queda por demostrar), pueden perfectamente unirse? ¿No se dan cuenta de que estamos asistiendo a la destrucción de España como nación? El caso es que tendríamos que moderar nuestra indignación, no sea que se enfaden Ben Laden y Otegui... ¡Váyanse a la mierda!
0
comentarios