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30 de Septiembre de 2000

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ESTADíSTICAS Y MERCADO

¿Viven peor ahora los rusos?

Por José Ignacio del Castillo

La pregunta viene al hilo de un artículo publicado en portada por el diario “El País” recientemente. Se trataba de un “estudio” según el cual, la renta per capita rusa había descendido un 20 por ciento en los últimos diez años. No voy a detenerme a cuestionar la fiabilidad de las estadísticas oficiales de hace diez años. Para mí es nula. Difícilmente se puede creer a quienes llenaban sus enciclopedias con perlas tales como que el primer automóvil del mundo había sido construido por un agricultor ruso de la región de Nimsy Novgorod, allá por 1.750.
Pero es que aun suponiendo que las estadísticas oficiales soviéticas no estuviesen falseadas, que lo estaban, lo que me tienen que explicar es cómo podían los comunistas calcular su producción. La economía capitalista calcula en dinero y toma sus datos de precios libres que vacían mercados, pagados y cobrados por propietarios auténticos. Ocurre sin embargo, que el dinero, la propiedad privada y los intercambios voluntarios son instituciones propias del sistema social definido como capitalismo. Bajo el socialismo es imposible calcular racionalmente, algo que ya advirtió Ludwig von Mises hace ochenta años. Los “precios soviéticos de los factores de producción” eran en realidad cuotas establecidas burocráticamente mediante las que se asignaban y distribuían los insumos entre las diversas fábricas del estado. Los rusos sabían muy bien que los “precios” de los bienes de consumo publicados en el Boletín Oficial del Estado no hacían referencia a las horas de cola que había que aguardar -si es que había algún producto en las tiendas- para retirar la cantidad racionada a que daba derecho la cartilla. ¿En cuánto cuantifica el estudio dichas horas? Y ¿ cómo se refleja en la renta per capita no disponer de papel higiénico, bombillas o cuchillas de afeitar durante meses?.

La omnipresente propaganda criminal (casi un centenar de millones de muertos a sus espaldas) justificaba y sigue justificando miseria y represión con la famosa cantinela: “Sí, sí, pero no había pobres, ni paro. Todos iban al colegio y recibían atención médica”. Y yo me pregunto: ¿de dónde han salido los rumanos que mendigan por las calles de Madrid?. ¿Son esos los ejemplos del nuevo hombre y las conquistas del socialismo?. El colmo de la desvergüenza llegó al extremo cuando Cristina Almeida se pasó por el poblado chabolista para “denunciar” las penosas condiciones de vida de esta pobre gente. Ocurre que lo de estos rumanos no es un caso aislado. En los últimos cinco años alrededor de dos millones de personas han muerto de hambre en Corea del Norte. Actualmente el norte de China padece una hambruna combinada con una epidemia de peste de la que los medios de comunicación apenas dan cuenta.

Da risa que los que acusan a los partidarios del mercado de “economicismo”, nos hablen ahora de renta per capita y se olviden del infierno que supone vivir bajo un régimen comunista. El miedo cerval, la mentira constante, la represión: padres rompiendo a llorar ante ingenuas preguntas, políticamente incorrectas, de sus hijos. Cónyuges espiando a sus consortes. Reuniones absurdas en las que todos mienten, repitiendo la propaganda oficial por miedo a la delación. Niños condecorados como Pavil Morozov, por denunciar y llevar al patíbulo a sus padres. Control policial sistemático de los aparatos de radio para verificar que no se pueden sintonizar emisoras distintas de las oficiales. Discursos oficiales en los que se explican los logros del último plan quinquenal y se hace creer a la gente que disponer de dos horas de agua caliente cada diez días es un lujo al que los capitalistas jamás podrán aspirar…

Como el caco que tras cometer un atraco, grita “¡al ladrón!”, los socialistas sostienen ahora que las mafias que actualmente controlan importantes parcelas de la economía rusa son un producto del nuevo sistema. En realidad las mafias surgieron con el comunismo igual que Al Capone surgió durante la prohibición americana, los estraperlistas y contrabandistas aparecieron con el nacionalsindicalismo, los narcotraficantes han nacido como consecuencia de la guerra de los gobiernos contra la droga y los “traficantes de emigrantes” han aparecido con las leyes de extranjería. Bajo el comunismo, la gente sobrevive gracias al mercado negro. El problema es que cuando se declara criminal producir e intercambiar, los criminales acaban copando estas actividades. Setenta años de corrupción del orden social no desaparecen fácilmente, igual que no desaparece la lobotomización a la que han sido sometidos los habitantes de estos países durante tanto tiempo (¡y lo llaman educación!) y que ahora les hace incapaces de ganarse la vida.

Lo grave del asunto es que en Rusia sigue estando prohibida la propiedad privada de la tierra -curioso este capitalismo salvaje-, la moneda, que sigue siendo inconvertible, se deprecia a un altísimo ritmo y los que gobiernan son los socialdemócratas. El partido de Yavlinski es una fuerza menor y los economistas reformistas como Gaidar fueron despedidos hace ya mucho tiempo, sin ser escuchados. ¿Por qué El País no contaba todo esto?.
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