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25 de Mayo de 2001

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MEDICINA Y SALUD

Una sociedad reumática

Por Enrique Coperías

El reúma amenaza con convertirse en una de las patologías de mayor incidencia en este siglo que acabamos de estrenar. Así lo revela el estudio EPISER2000, que acaba de hacer público la Sociedad Española de Reumatología. En sus páginas puede leerse que unos 7 millones de españoles, es decir, casi la cuarta parte de la población adulta, padece alguna enfermedad reumática, y que hasta un tercio de nuestros conciudadanos acude anualmente al médico aquejado por un problema reumático. Éste es el responsable de al menos el 50 por 100 de las incapacidades laborales que se registran en España, según el estudio.
Para los médicos, el concepto de reúma, vocablo de origen griego que significa flujo, no responde a nada concreto y quien lo utiliza puede referirse a multitud de cosas. Los profanos en la materia entienden por reúma una única enfermedad por lo general asociada a algún tipo de dolor óseo o muscular, dificultad funcional o pérdida de movilidad, que afecta principalmente a personas de edad avanzada y que viven en climas húmedos o entornos de gran humedad. Nada más lejos de la realidad. Para el experto, decir reúma es como no decir nada, pues el término hace referencia a más de 250 patologías que discurren con síntomas a veces muy dispares. Dentro de las enfermedades reumáticas se cuentan trastornos tan conocidos popularmente como el esguince, el lumbago y la artrosis, así como patologías raras e infrecuentes, como el síndrome de Marfan, un trastorno hereditario del tejido conjuntivo, y la esclerodermia, un endurecimiento masivo de la piel ocasionado por la degeneración del colágeno dérmico.

No obstante, las dolencias reumáticas tienen en común que cursan con un dolor que afecta al aparato locomotor, principalmente a huesos y articulaciones, pero también a los músculos, tendones, los ligamentos y los nervios sensitivos y motores. A pesar de su gran diversidad, los procesos reumáticos pueden agruparse en cinco apartados: los procesos inflamatorios, que están encabezados por la artritis reumatoide, una inflamación crónica de las articulaciones; las enfermedades degenerativas, cuyo principal representante es la artrosis, que se produce por la destrucción progresiva del cartílago; las patologías metabólicas, como la gota, originada por una sobrecarga de ácido úrico en el organismo; los reumatismos de las partes blandas, entre los que cabe mencionar la fibromialgia, el lumbago, la tendinitis y el esguince; y las patologías óseas, como el debilitamiento de los huesos causado por la osteoporosis.

No cabe dudad de que el reúma constituye un problema sanitario y laboral de primera magnitud. También lo es en el plano económico, ya que los dolores reumáticos cuestan a las arcas públicas más de un billón de pesetas al año. A pesar de su elevada incidencia, que se sitúa por encima de las enfermedades cardíacas y respiratorias, no había en nuestro país un estudio epidemiológico que acotara la dimensión real del problema. Es por ello por lo que la Sociedad Española de Reumatología, apoyada por el Ministerio de Sanidad y Consumo y respaldada por los laboratorios Merck Sharp & Dome, puso en marcha el proyecto EPISAR 2000. Su objetivo no era otro que estimar la prevalencia en la población adulta de media docena de problemas reumáticos: lumbalgia, osteoporosis, artritis reumatoide, eritomatoso sistémico (patología autoinmune que cursa en brotes y se manifiesta, a veces, con erupciones cutáneas), la fibromialgia y las artrosis de rodilla y mano. Asimismo, los responsables del análisis tuvieron en cuenta el impacto de estas patologías en la calidad de vida y la capacidad funcional de los enfermos, así como el uso que éstos hacen de los medicamentos antirreumáticos.

Las conclusiones del estudio son bastante reveladoras. Las artrosis de rodilla y mano, con casi 5 millones de afectados; la lumbalgia, con 4,5 millones; y la osteoporosis, con 3,7, constituyen las enfermedades reumáticas más comunes. Además, éstas son algo más frecuentes en el sexo femenino que en el masculino. Por otro lado, las que más impacto tienen sobre la capacidad funcional de la población española son, por este orden, la artrosis de rodilla, la lumbalgia y la artritis reumatoide. Sin duda alguna, la mejora en las técnicas de diagnóstico, así como el aumento de la esperanza de vida en los países desarrollados, ha disparado el número de enfermos reumáticos. Por ejemplo, los expertos estiman que en el año 2025 la cifra de españoles mayores de 65 años que sufrirá artrosis será de 8 millones, el doble que hace 16 años. Por desgracia, la tendencia no es muy diferente en las otras patologías reumáticas de mayor incidencia.

Pero no todo son malas noticias. En las últimas décadas, los científicos han sido capaces de profundizar en las causas bioquímicas, genéticas y celulares de muchas de estas patologías, lo que ha facilitado el diseño de nuevos tratamientos preventivos y la puesta a punto de fármacos cada vez más efectivos. Por ejemplo, la ciencia del dolor ha puesto en manos de los sufridos pacientes potentes analgésicos con efectos secundarios limitados, como el paracetamol, el tramodol y el fentanilo. Aunque no existen medicinas que puedan detener la evolución de la artritis reumatoide, el uso precoz y agresivo de los nuevos inhibidores de la COX-2 o de los fármacos antireumáticos que modifican la enfermedad, como el metotrexano y la minociclina, alivian los padecimientos de los afectados. Tampoco existe terapia que revierta la artrosis, pero el sulfato de glucosamina y el condroitín sulfato protegen a los condrocitos, o sea, las células del cartílago, de su progresiva degradación. No menos esperanzadoras resultan las inyecciones intraarticulares de ácido hialurónico, para intentar reparar el cartílago en las artrosis de rodilla.

Sin embargo, los reumatólogos se dan de bruces en el control de los procesos inflamatorios asociados a las enfermedades reumáticas. Hasta la fecha, la inflamación, así como el dolor, eran controlados con esteroides (cortisona), sales de oro, metotreoxato y los llamados antiinflmatorios no esteroideos o AINEs. Estos últimos son con diferencia los más empleados: 6,5 millones de españoles consumen al año 27 millones de unidades de estos antiinflamatorios. En estas cifras no se incluye la automedicación. Pero su eficacia antirreumática queda empañada por sus indeseables efectos secundarios a nivel gástrico: hemorragias, úlceras y dispepsias. Los AINEs, según revela el nuevo estudio, generan cada año más de 120.000 úlceras y 40.000 hemorragias digestivas en nuestro país. La razón de esta limitación terapéutica radica en la forma en que actúan.

Los AINEs inhiben la acción de dos enzimas: la ciclooxigenasa I (COX-1), que fabrica prostaglandinas protectoras de la mucosa gástrica, y la ciclooxigenasa-2, responsable del dolor y la inflamación. Fármacos como la aspirina y la endometazina, bloquean por igual ambas enzimas. Sin embargo, los nuevos, caso del meloxicam, el rofecoxib y el celecoxib, anulan selectivamente el COX-2, lo que ayuda a paliar los efectos secundarios. Por otro lado, numerosos laboratorios trabajan en la obtención de medicamentos que protejan de forma directa la mucosa gástrica. Algunos logros ya se han conseguido, como son el sucrafalto, el misoprostol y el anti H-2. Pero la cruz de la moneda está en que hasta la fecha han proporcionado unos resultados dudosos. Ahora, los científicos tienen puesta la mirada en el óxido nítrico, que contribuye a la protección de la mucosa gastroduodenal. Habrá pues que estar atentos.
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