Texto grandeTexto normal
Ideas Ir al contenido
4 de Mayo de 2001

En portada

El "bando" de doña ElenaPor José Apezarena
Violencia entre igualesPor Alicia Delibes
Una fiesta impresentablePor José Ignacio del Castillo
La moda de las pirámidesPor Agustín Jiménez
¿Qué es el PKK?Por César Vidal
La incesante publicidadPor Fabián C. Barrio
Alivio para los embrionesPor Jorge Alcalde
Los críticos del liberalismoPor Manuel F. Ayau Cordón
Un mundo inhabitablePor Julia Escobar
Lo que hay que leerPor Fabián C. Barrio
Un nuevo anticonceptivoPor Carmen Fernández Ruiz
Peces en agua revueltaPor Carlos Semprún Maura
Daewoo presenta el nuevo MatizPor Enrique González
Popularicemos el cómicPor David Jiménez Torres
Las cosas de palacio...Por Carlos Pérez Gimeno
Gran Premio Camión en ValenciaPor Enrique González
Polémica en TerraPor Libertad Digital
A dónde vamos a ir a pararPor Carlos de Matesanz
El chanchullo europeoPor Patrick J. Michaels
Semana de estrenos españolesPor Andrés Arconada
Semana del 28 de abril al 4 de mayoPor I. González y Rosana Laviada

Suplementos

Compartir

Buscador

Google
Palabra (s)

MEDICINA Y SALUD

Un bebé fruto de la manipulación germinal

Por Enrique Coperías

El investigador J. A. Barritt y sus colegas del Institute for Reproductive Medicine and Science of Saint Barnabas, West Orange (EEUU) han anunciado en la revista Human Reproduction “el primer caso de modificación genética germinal humana que ha dado como resultado un niño saludable”. La noticia apenas se ha hecho eco en los medios de comunicación, pero el nacimiento de este bebé ha provocado un auténtico revuelo dentro y fuera de la comunidad científica al otro lado del Atlántico. La posible manipulación de las células germinales, es decir, las reproductoras “óvulos y espermatozoides”, ha generado un acalorado debate entre científicos, expertos en reproducción asistida, moralistas, religiosos y otros sectores de la sociedad.
De forma sencilla, se puede decir que lo que ha hecho el doctor Barritt ha sido trasplantar el ovoplasma del óvulo de una donante en el óvulo de una mujer infértil debido a defectos en su ovoplasma. Recordemos que el ovoplasma es la parte viva del interior de la célula reproductora femenina, excluyendo el material hereditario, o sea, el ADN. Una de las consecuencias de este trasplante fue la transferencia de mitocondrias “las centrales energéticas de la célula” de un óvulo al otro. Para un profano en la materia, este trasiego de orgánulos celulares carece de importancia, pero abre las puertas a lo que los expertos denominan terapia germinal, es decir, la manipulación genética de las células reproductoras. Numerosos científicos han calificado el experimento del doctor Barritt como un intento de abordar la terapia germinal pero por la puerta de atrás, una práctica hoy por hoy vetada. Los críticos basan sus argumentos en el hecho de que las mitocondrias son, junto al núcleo celular, los únicos elementos de la célula que poseen ADN. Pero mientas el nuclear tiene 3.000 millones de pares de bases o letras químicas en que está escrita la herencia, el ADN mitocondrial (ADN-mt) sólo posee 16.500. Curiosamente, los 37 genes que se extienden a lo largo del reducido lazo de ADN-mt se heredan únicamente de la madre, por medio de las mitocondrias contenidas en el óvulo. La aportación del espermatozoide es despreciable, por no decir nula.

Así pues, la inclusión de un ovoplasma extraño en un óvulo no sólo aporta un puñado de nuevas mitocondrias, sino también el material genético que contienen. ¿Puede considerarse esto una terapia germinal? El niño ha nacido con una polémica bajo el brazo. En realidad, el doctor Barritt ha reavivado el debate público sobre las limitaciones del uso de las técnicas reprogenéticas en la concepción de niños. Hasta hoy, la terapia génica sólo ha actuado en las células somáticas, es decir, no reproductoras. Efectivamente, para el tratamiento de ciertas dolencias de origen genético, los científicos manipulan el ADN para sustituir un gen defectuoso por una versión sana. Ahora bien, la modificación genética desaparece con el individuo, ya que no se transmite a la herencia. Por el contrario, en la terapia germinal, el gen pasa a las siguientes generaciones a través de las células reproductoras. Las implicaciones éticas de una y otra técnica son muy dispares. La terapia germinal abre las puertas de par en par a la creación de niños a la carta. Sin embargo, sus defensores aseguran que es la vía más eficaz para eliminar de raíz un elevado número de enfermedades que pasan impunemente de padres a hijos.

Hasta hoy, nadie había incluido las mitocondrias en los debates bioéticos. De hecho, eran consideradas unos portadores genéticos de segundo orden que apenas dejan huella en el fenotipo del individuo. La realidad es bien distinta. Las mitocondrias gobiernan la producción celular de energía y, en la última década, los científicos han descubierto que las mutaciones y deficiencias en el ADN-mt humano están implicadas en más de un centenar de patologías. Algunas son muy infrecuentes y de perfiles borrosos, aunque potencialmente catastróficas. Ahora bien, los desaguisados en este material genético podría estar detrás de muchos casos de cánceres, diabetes, infartos y otras dolencias comunes. Por no mencionar las investigaciones que avalan su papel en el envejecimiento, la degeneración cerebral o en el importantísimo mecanismo biológico conocido como apoptosis o muerte celular programada.

Algunas voces autorizadas opinan que el doctor Barritt se ha precipitado al asegurar que ha cruzado la frontera de la línea germinal humana, pues en su intervención sobre el óvulo no utilizó ni ADN recombinante, ni manipuló el núcleo celular ni alteró un gen. Para otros, los investigadores de West Orange han puesto un pie al otro lado de la raya.
RSS © Copyright Libertad Digital SA. Juan Esplandiu 13, 28007 Madrid.
    Tel: 91 409 4766 - Fax: 91 409 4899