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23 de Febrero de 2001

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MúSICA CLáSICA

Ubicuidad dominical

Por Carlos de Matesanz

Plácido Domingo ha acariciado desde hace muchos años un sueño imposible que está a punto de conseguir, si no lo ha logrado ya: el don de la ubicuidad. Es, a la vez, Parsifal en París y en Madrid. Mientras representa la última y más mística de las óperas de Richard Wagner en la Ópera Bastilla de París, el tenor madrileño ensaya “Parsifal” en el Teatro Real de la capital española. La experiencia debe de ser agotadora: “Parsifal” es una ópera de casi cinco horas de duración y el papel que encarna Domingo, el del protagonista, es sumamente extenso, nada fácil de cantar y de difícil perfilamiento psicológico. Pero Domingo ha demostrado a lo largo de su carrera que él puede con todo lo que le echen... o, mejor, con todo lo que se eche a sí mismo; porque a don Plácido le ha gustado estar siempre en todas partes y hacerlo todo. Habitualmente se le ha considerado como su mejor relaciones públicas, y ésa es sólo una de las muchas facetas de actividad. No olvidemos que, además de todo este trajín canoro, Domingo es director artístico de dos importantes óperas americanas a la vez.
En el “Parsifal” madrileño, que se estrenará el día 3 de marzo y que estará representándose hasta el 15, el súper-tenor estará acompañado por un reparto estelar compuesto por Agnes Baltsa, Franz Grundheber y Matti Salminen. Es probable que los resultados de las veladas con este reparto —que se alternará con un segundo elenco de nombres menos estelares— no estén a la altura de las expectativas, entre otras cosas, porque dirige la orquesta el siempre temido Luis Antonio García Navarro, director artístico del Real, previsiblemente ineficiente en una ópera como ésta. Además, ni Baltsa, sumida ya en su ocaso artístico, es una cantante apta para el papel de la desmelenada Kundry, ni la orquesta y coros son de primera categoría.

Pero, a pesar de todo, los mitómanos de pro, esperamos esta oportunidad de ver al gran Plácido al final de su esplendorosa carrera dando todo lo que puede de sí, que aún es mucho y, sobre todo, muy inteligentemente servido. Asistiremos a los ensayos y ya les contaremos qué tal pinta tiene la cosa sobre el terreno.

RECOMENDACIONES DISCOGRÁFICAS

Las series medias de la EMI


Lo barato no sale caro, siempre que no nos empeñemos en que un disco nos cueste uno o dos euros (o su equivalente en pesetas); pero muévanse entre las setecientas y las mil setecientas y podrán hacerse con una discoteca completa y de calidad. Esto es, entréguense a las series medias y olvídense de los nuevos lanzamientos a precios astronómicos, porque, salvo en contadas excepciones, todo puede encontrarse en serie media y con gran calidad. Y, como muestra, tres series medias —una de ellas, nueva— de un mismo sello.

VARIOS: Reflexe, volumen 10. 8 26529 2 (312’27”) 6 CD

Llega a nuestro país Reflexe, una colección de cajas de seis cedés cada una, en la que se demuestra que EMI no se ha mantenido siempre tan alejada de la corriente musical historicista como parecía. En esta serie, agrupa los mejores tesoros de música antigua que hay en su ingente catálogo y las sirve a precio económico, aunque con el inconveniente de que cada disco no supera la hora de duración. Las interpretaciones corren a cargo de artistas tan solventes como el Hilliard Ensemble, Chiaroscuro, Bob van Asperen, London Baroque o Wouter Möller, que abordan con el mayor rigor músicas de —por mencionar sólo los artistas incluidos en el décimo volumen de la serie— Heinrich Isaac, Philippe de Monte, Monteverdi, D’India, Frescobaldi, Biber, Castello y otros músicos de los siglos XV a XVII. Una auténtica gozada para los amantes de la música antigua.

MAHLER: Lieder. Dietrich Fischer Dieskau (barítono), Orquestas Philharmonia y Filarmónica de Berlín / W. Furtwängler y R. Kempe / Daniel Barenboim (piano). 5 67556 2. (76’55”).

La serie Grandes registros del siglo hace, una vez más, honor a su nombre, incorporando este disco fundamental en la fonografía mahleriana: las Canciones del camarada errante y los Kindertotenlieder (ambas con acompañamiento orquestal) y los Rückert-Lieder y 5 de las canciones de “Des Knaben Wunderhorn” con Barenboim al piano. En las primeras, un juvenil Fischer Dieskau borda unas interpretaciones soberbias, referenciales, dirigido por dos maestros de talla mítica, en grabaciones de los años 50 soberbiamente reprocesadas. En las canciones con piano, registradas en 1980, la voz del gran barítono berlinés está gastada, pero su arte es sublime, y el de su acompañante, también. Es éste un álbum imprescindible.

SCHUBERT: Los tríos con piano / Gran dúo D. 574. Augustin Dumay (violín), Frédéric Lodeon (cello) y Jean-Philippe Collard (piano). 5 74197 2 (123’48”). 2 CD.

La serie Double Forte —dobles compactos a precio muy económico— incorpora ahora algunas novedades que pueden no ser interesantes salvo para melómanos muy especializados. Pero hay un álbum, el presente, que es de los que “hacen discoteca”: es una excelente oportunidad de hacerse con las cuatro obras para trío clásico que compuso el genial Schubert (los tríos Op. 99 y 100, el bellísimo Nocturno D. 897 y el primerizo Sonnatensatz D. 28) en una excelente versión. Excelente, porque los tres artistas arriba mencionados son magníficos cameristas, además de virtuosos de sus respectivos instrumentos. Aunque la interpretación del Trío Bellas Artes (Philips, también serie media) parezca más ajustada, estilísticamente, ésta ofrece como nada desdeñable complemento el Gran Dúo D. 574 para violín y piano, de más de 20 minutos de duración, con un radiante Augustin Dumay.
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