FUEGO AMIGO
“Testamento vital”, trampa mortal
Por Antonio López Campillo
El testamento vital permite a cualquier persona indica cuáles son los tratamientos médicos que desea recibir en el caso de padecer una enfermedad irreversible que la impida decidir sobre su suerte, es decir que la ayuden a suicidarse. Este testamento vital ha sido legalizado en octubre pasado por el Parlamento catalán. El quitarse la vida es un hecho real, independientemente de toda ley humana. Su propio cuerpo es la propiedad más “propia” del ser humano, y parece normal que disponga de esa propiedad como le parezca, siempre y cuando no haga daño a otro; que es propietario de su cuerpo.
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La experiencia muestra que personas que han intentado seriamente suicidarse, han dejado de tener esa intención tras el intento. El humano, hombre o mujer, es un ser inconsecuente. Puede cambiar de opinión, con o sin razón; lo que hace que sus promesas sean dudosas. En el caso de las decisiones vitales estas dependen del momento y del entorno, de las circunstancias. No es lo mismo pensar sobre la aceptación de cuidados dolorosos cuando se está sano físicamente, pero deprimido, que cuando se está realmente enfermo y angustiado. Decía Cerón “Me moriré tras una larga agonía, que me parecerá corta”. Es que no es lo mismo pensar la muerte que verla cerca.
La idea de la eutanasia, la “buena muerte” lograda por ejecución exterior, puede que no sea una muerte buena. Una “mala muerte” es aquella que se encuentra al final de un periodo atado a una máquina de sobrevivir y en un estado de inconsciencia total. Esas prolongaciones de vida son en realidad unas muertes prolongadas, pues sin la máquina no hubiera sobrevivido, un “vivir asistido” e inconsciente, son una mala muerte; de eso son testigos los Jefes de Estado prolongados “artificialmente” que se han visto en los últimos tiempos.
La eutanasia ofrecida se refiere a terminar con la vida de alguien que sufre, pero que podría aún vivir de modo natural, mediante la inyección de un fármaco letal. En este caso el problema no reside elegir entre vida o muerte, está en como eliminar el dolor, no la vida. Y el problema se arregla también con unos fármacos, pero que en este caso no son mortales. El sufrimiento físico va acompañado del psíquico, soledad, falta de cariño y de atención. Para bien morir son necesarios a más de los fármacos una presencia humana cuidadosa. Esto es mucho más difícil de realizar y más caro, que una sola inyección letal.
Los defensores de la eutanasia rápida y económica piensan que es un modo de ayudar a morir a los que sufren, sus intenciones son buenas. Suponen, con razón, que las autoridades son reticentes a la aplicación de métodos adecuados al bien morir: los tratamientos paliativos. Con su poder de persuasión y su esfuerzo acaso podrían convencer a las autoridades para que aplicasen la otra solución.
Hay otra clase de defensores de la eutanasia, los que lo hacen por ideología. Son los budistas de aquí, los que creen en la transmigración de las almas y en las reencarnaciones sucesivas. Puede ser que vean en la eutanasia una vía para reencarnarse más rápidamente. El que budistas defiendan una forma de suicidio, nos indica que se trata de un budismo especial. Estos son los que dicen que la medicina paliativa esta aún en pañales. ¡Bendita ignorancia!. Son partidarios de ambas cosas, medicina paliativa y posibilidad de la eutanasia, por si falla la medicina, que como está en pañales…
Hay que tener una gran compasión con aquel que tiene razones poderosas para quitarse la vida, decía Epicuro. Pero no hay que olvidar que según Séneca el hombre puede escapar a la necesidad mediante la muerte. Y también decía Epicuro, que no hay necesidad de vivir con necesidad. Depende del temple de cada uno. No hace falta ser budista para comprender estas cosas, nuestros clásicos nos informan suficientemente. Y el asunto es tan serio que un cierto conocimiento de lo que la ciencia dice no está de más. Con esto de la vida, es decir, con la muerte, vale más no jugar, y menos aún hacer un juego intelectual.
Hablar de dignidad humana y recomendar una inyección letal…

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