Texto grandeTexto normal
Ideas Ir al contenido
16 de Marzo de 2001

En portada

Los verdes perjudican a los pobresPor Porfirio Cristaldo Ayala
De la múltiple utilidad de inmigrantePor Antonio López Campillo
BMW 330xd: diesel integralPor Enrique González
No será en junioPor José Apezarena
Software librePor Fabián C. Barrio
Música, religión y CuencaPor Carlos de Matesanz
¿Existió Norman Bates?Por César Vidal
El imperio gótico en la redPor Fabián C. Barrio
X-Men: Tras la RevoluciónPor David Jiménez Torres
La verdadera y fatal asimetríaPor Rigoberto Stewart
Temblores y oloresPor Enrique Coperías
BrumaPor Rafael Escalada
Sobre la competenciaPor José Ignacio del Castillo
Olimpiadas matemáticasPor Alicia Delibes
Las fiestas por internetPor Libertad Digital
Semana del 10 al 16 de marzoPor I. González y Rosana Laviada
Elites reprobadasPor Manuel Cruzat Infante
Sigfrido Martín BeguéPor Pablo Jimenez

Suplementos

Compartir

Buscador

Google
Palabra (s)

MEDICINA Y SALUD

Temblores y olores

Por Enrique Coperías

Desde hace tiempo, los neurólogos saben que los pacientes afectados por la enfermedad de Parkinson no pueden oler bien. Indudablemente, esta situación deteriora de forma mayúscula la calidad de vida de los cerca de 65.000 españoles diagnosticados de esta degeneración neurológica. Los parkinsonianos pierden el interés por la comida, que les resulta inodora, y pueden caer en situaciones de desnutrición importantes que generalmente vienen acompañados de estados depresivos. El deterioro del sentido del olfato también les coloca en una situación de constante peligro, ya que son incapaces de percibir ni el humo ni los contaminantes químicos que puedan existir en la atmósfera.
La mayor parte de los expertos pensaba que el deterioro del olfato en los enfermos de Parkinson estaba ocasionada por una pérdida de neuronas en el sistema olfativo, la región del cerebro que recibe y procesa la información olorosa. Esta hipótesis no resultaba descabellada, ya que precisamente, aunque las causas del Parkinson se desconocen, los neurólogos saben que los síntomas de esta enfermedad aparecen tras la atrofia y muerte de las neuronas de la sustancia negra, una región cerebral que segrega dopamina, neurotransmisor esencial para regular, afinar y suavizar los movimientos del cuerpo y la aparición de una especie de ovillos fibrosos conocidos como cuerpos de Lewy.

Este desaguisado neurológico desata los síntomas de la enfermedad: temblor, rigidez muscular, trastornos del equilibrio, lentitud de movimientos y alteraciones de la marcha y de los reflejos posturales, como la inclinación de la cabeza y el tronco hacia adelante. En los estadios más avanzados, el parkinsoniano necesita ayuda para todo, y pasa la mayor parte del tiempo sentado o en la cama. Desde hace 25 años, los neurólogos saben que estos pacientes también sufren un acuciante deterioro del sentido del olfato a la ora de percibir, identificar y discriminar olores. Algunos científicos propusieron que la causa había que buscarla en la muerte de ciertas neuronas en el sistema olfativo, que acarreaba una disminución en la secreción de ciertos neurotransmisores.

Las autopsias también apuntaban en esta dirección: los enfermos de Parkinson presentaban los mencionados cuerpos de Lewy en la corteza olfativa. Sin embargo, un equipo de investigadores de diferentes universidades de California, en Estados Unidos, acaba de descubrir que la pérdida de la capacidad para oler en estos pacientes podría explicarse en parte porque éstos han perdido la habilidad de esnifar. Esto es, los parkinsonianos son incapaces de inhalar por la nariz el aire suficiente y con la adecuada presión para que los receptores olfativos trabajen a pleno rendimiento. La olfatación requiere una compleja integración sensomotora.

El acto de inhalar, componente sensorial de la olfatación, implica el transporte de los estímulos llevados por el aire a los receptores olfativos de la nariz. El acto de oler, el componente sensorial de la olfatación, conlleva la transcripción de los olores en señales eléctricas y su procesamiento neuronal, señalan los autores de este estudio en el último número de Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). El hallazgo tiene gran importancia, ya que los científicos han podido comprobar que los enfermos de Parkinson pueden recuperar parte del sentido del olfato, gracias a los nuevos tratamientos contra este desorden neurológico.

Desde los años sesenta, el tratamiento de elección para paliar sus síntomas es el precursor de la dopamina, la L-dopa, combinada con carbidopa. En la actualidad, han surgido nuevos fármacos antiparkinsonianos con los que también se pretende aumentar la concentración de dopamina cerebral. Entre éstos, cabe mencionar, el tolcapone, que inhibe la catecol-o-metil-transferasa, enzima que degrada la L-dopa antes de que llegue al sistema nervioso; los llamados agonistas de la dopamina (pramipexol, ropinirol) y la aminomonooxidasa B (MAO-B). Todos estos medicamentos se muestran muy eficaces en los primeros estadíos de la enfermedad. Sin embrago, su eficacia mengua al mismo ritmo que el deterioro neurológico. Es por ello por lo que algunos investigadores empiezan a hablar de terapias neuroprotectoras. Para ello, manejan fármacos, como los agentes antioxidantes —vitamina E—, la Remacemida, capaz de reducir la actividad del núcleo subtalámico —estructura relacionada con la sustancia negra— y ciertos factores neurotróficos, caso del GDNF, que protegen las neuronas de la sustancia negra, al menos en animales de laboratorio.

Por otro lado, existen dos opciones terapéuticas de vanguardia. Una de ellas es la implantación en el cerebro de un sistema neuroestimulador, como la Terapia Activa de la firma de Medtronic, que consigue bloquear las señales neurológicas que desatan los síntomas del Parkinson. La otra opción está en implantar en el cuerpo estriado, una estructura cerebral que recibe conexiones nerviosas de la sustancia negra, de células embrionarias (neuronas mesencefálicas) procedentes de fetos humanos abortados.
RSS © Copyright Libertad Digital SA. Juan Esplandiu 13, 28007 Madrid.
    Tel: 91 409 4766 - Fax: 91 409 4899