MúSICA CLáSICA
Sinopolizanto
Por Carlos de Matesanz
El reciente fallecimiento del director de orquesta y compositor veneciano Giuseppe Sinopoli da ahora sus frutos discográficos. Era inevitable. Fue Sinopoli un maestro, a pesar de sus escasos resultados comerciales y de ser un músico aún por pulir, siempre respetado por el público, la crítica y el mercado fonográfico... lo cual es mucho respetar.
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Cuando resuenan en el mundo musical los ecos de consternación que provocó la inesperada muerte del maestro con tan sólo 54 años de edad —estaba ensayando “Aida”, la ópera con la que, significativamente, había debutado como director profesional en los años 70— cuando EMI nos ofrece un DVD con uno de sus últimos conciertos —acompañando a Angela Gheorghiu y Roberto Alagna— y Deutsche Grammophon, el sello para el que grababa como artista exclusivo, reedita un disco que siempre fue muy interesante: el de las dos Suites de la ópera “Lou Salomé” del mismo Sinopoli.
Este disco (D.G. 415 984-2) nos presenta al Giuseppe Sinopoli compositor, con ocho extractos de la mecionada ópera, en los que encontramos rastros de Maderna, Stockhausen y Donatoni, con los que estudió; pero admiramos también una personalidad propia, sumamente introspectiva y analítica, que a veces se deja llevar por momentos de raro lirismo. El propio Sinopoli dirigió este álbum en los años 80 a la Orquesta de la Radio de Stuttgart, contando con las prestaciones solistas del tenor José Carreras y la soprano Lucia Popp.
El DVD (llamado “Classics on a Summer’s Evening”, EMI 4 92500 9), más entretenido, como conviene a su calidad de producto audiovisual, tiene, a priori, su interés primero en la pareja de moda: el tenor Alagna y la soprano Gheorghiu. Pero, en realidad, el protagonista es el difunto Sinopoli y la orquesta de la que era director titular: la fantástica Staatskapelle Dresden. En la grabación de este concierto del verano del 99 dado ante la Semperoper de Dresde, Alagna y la Gheorghiu cantan sólo un par de dúos y un par de arias cada uno. El resto es un festival de oberturas y coros de Bizet, Puccini y Verdi —mucho Verdi— en los que Sinopoli, su orquesta y el Coro de la Semperoper demuestran su gran calidad artística.
RECOMENDACIONES DISCOGRÁFICAS
Como no podía ser de otro modo, este apartado de recomendaciones lo dedicamos también a Sinopoli, en este caso, siempre como intérprete. Y siempre con el sello Deutsche Grammophon. Y no por preferencias partidistas —más bien “sellistas”— sino porque, como hemos comentado más arriba, es la casa de la que el eximio veneciano era artista exclusivo; lógicamente, para ella dejó sus mejores frutos discográficos, de entre los que resaltamos los siguientes.
PUCCINI: “Manon Lescaut”. Freni, Domingo, Bruson, Rydl, Gambill, Fassbaender. Coro del Covent Garden, Orquesta Philharmonia / Sinopoli. D.G. 413 893-2 (123’28”). 2 CD.
Lo mismo que esta “Manon” podíamos haber escogido alguna otra de sus grabaciones puccinianas: “Madama Butterfly” o “Tosca”, ambas con Mirella Freni. Pero en esos títulos, Sinopoli tiene la competencia de otras grabaciones con repartos más adecuados. Sin embargo, en “Manon Lescaut”, además de estar brillante él, tiene un reparto adecuadísimo: Mirella Freni y Plácido Domingo maduros en el buen sentido del término y Bruson y Fassbaender deslumbrantes. Además, la Orquesta Philharmonia —de la que era director titular Sinopoli en los 90— es un instrumento de auténtico lujo. Junto a la grabación EMI de Bartoletti (con Caballé y también Domingo, pero mucho más joven) puede considerarse el mejor registro de esta obra.
VERDI: “Nabucco”. Cappuccilli, Dmitrova, Nesterenko, Domingo, Valentini-Terrani, Popp. Coro y Orquesta de la Deutsche Oper de Berlín / Sinopoli D.G. 410 512-2 (124’41”) 2 CD.
Con este álbum ocurre como con la anterior: es la mejor grabación moderna de este título primerizo de Verdi, junto a la de Riccardo Muti en EMI. Éste es más aconsejable por su brío, su brillo orquestal y su garra dramática. Sinopoli cuenta con un coro y una orquesta de menor categoría —era director titular de la Deutsche Oper de Berlín por entonces— pero con un mejor reparto: un reparto suntuoso en el que Cappuccilli dicta cátedra, la Dmitrova está cómoda en su atroz parte y Nesterenko realiza su mejor trabajo discográfico; además de Domingo y la Popp, que son un lujo asiático para sus breves cometidos. No obstante, no hay que olvidarse de otro Verdi interesante dirigido por Sinopoli: “La forza del destino”, con un reparto mucho más irregular (Carreras, Bruson, Plowright, Baltsa y unos debutantes Burchuladza y Pons), pero en la que la dirección de orquesta —originalísima— rivaliza, una vez más, con su antípoda Riccardo Muti para EMI.
LISZT: Sinfonía Dante. Staatskapelle Dresden / Sinopoli. D.G. 457 614-2 (71’26”).
De la muy larga serie de registros de música sinfónica dirigidos por el maestro que nos ocupa, podríamos destacar sus grabaciones de Bruckner y, sobre todo, Mahler. Pero son claro reflejo de un director a veces poco refinado y a veces demasiado distanciado. Además, con tanto Celibidache, Furtwängler, Barbirolli, Giulini, etcétera... ¿tiene sentido insistir con Sinopoli? Sin embargo, con una obra mucho más infrecuente, como ésta de Liszt, se encuentra realmente magnífico, igual que en su día lo estuvo en la Sinfonía Lírica de Zemlinsky. Pero lo realmente deslumbrante está en el complemento de este disco: la Zarabanda y el Cortejo Op. 51, dos estudios sinfónicos para la ópera “Doktor Faustus” de Ferruccio Busoni. Está sencillamente soberbio. Qué lastima que no llegara a abordar la ópera completa —ahora que el barítono Thomas Hampson la ha incorporado a su repertorio—; es el mejor testamento de Sinopoli.
WAGNER: “Tannhäuser”. Domingo, Studer, Baltsa, Schmidt, Salminen. Coro y Orquesta Philharmonia / Sinopoli. D.G. 429 789-2 (196’19”) 3 CD.
Si en el campo sinfónico germánico no ha sido muy afortunado Sinopoli, en el operístico, tampoco. Desde luego, no como en el italiano. Ahí están sus fallidas grabaciones de “Elektra” y “Salomé” de Strauss o su insufrible “Holandés errante” de Wagner. En el campo wagneriano, precisamente, ha sido bastante alabado este registro de “Tannhäuser”, en el que Sinopoli —privando a la interpretación casi completamente de drama— obtiene una respuesta orquestal suntuosísima. Es verdad que, como se ha señalado en alguna oportunidad, convierte esta ópera en una cantata sinfónica, pero merece la pena en determinado sentido. Los solistas están discretos: bien Studer, Schmidt y el opulento Salminen; un poco “p’allá” Domingo y la Baltsa que, como siguen demostrando por esos teatros de Dios, nunca han sido ni serán cantantes wagnerianos.