Texto grandeTexto normal
Ideas Ir al contenido
9 de Febrero de 2001

En portada

Los colores del SIDAPor Enrique Coperías
El maoísta jubiladoPor Carlos Semprún Maura
Llegan las superproduccionesPor Andrés Arconada
ResonanciasPor Agustín Jiménez
Las tabaqueras americanas y el contrabandoPor José Ignacio del Castillo
y La Ley del SilencioPor José Hermida
El universo anormalPor Jorge Alcalde
Las falsedades del Foro SocialPor Porfirio Cristaldo Ayala
Esa muchacha rubiaPor José Apezarena
Glópita-GlópitaPor Rafael Escalada
Señas de identidadPor Julia Escobar
Luces, cámara, acciónPor Fabián C. Barrio
Jordi Pujol está librePor Fabián C. Barrio
ComprensividadPor Alicia Delibes
Una casa divididaPor Ramón Díaz
Davos, Porto Alegre y los payasosPor Marta Yolanda Díaz-Durán
Odisea personalPor Carlos Ball
La señorita CristinaPor Carlos de Matesanz
Semana del 3 al 9 de febreroPor I. González y Rosana Laviada

Suplementos

Compartir

Buscador

Google
Palabra (s)

EL LIBRO DE LA SEMANA

Segundas partes que son buenas

Por César Vidal

La lectura del primer volumen de memorias de Mario Muchnik —Lo peor no son los autores— dejó a no pocos con una sensación de dulce insatisfacción. Por un lado, todo lo relatado en aquella obra era sustancioso y digno de ser paladeado una y otra vez; por otro, las preguntas y las cuestiones referentes a la experiencia de Muchnik como editor se multiplicaban sin hallar respuesta. En buena medida, ese ansia encuentra tranquilo y agradable sosiego en estas páginas.
Comenzando con lo que parecería una novela de emigrantes judíos en Argentina —lo que, a fin de cuentas, fueron los Muchnik— nos adentramos en la existencia de un muchacho que quiso ser científico, al que la dictadura peronista liquidó las posibilidades de progreso personal y que terminó dedicándose, primero, a la fotografía artística para convertirse finalmente en el último gran editor europeo del siglo XX. Relatadas con amenidad e interés aparecen las historias de aquel Jacobo Muchnik que iba al cine con el dinero de sus hermanos y luego les contaba las películas de Douglas Fairbanks, del Mario que quiso alistarse en el ejército israelí al estallar la guerra de los seis días o del editor de calidad que tuvo que luchar en los procelosos mares del mundo del libro para sobrevivir.

Quizá algunos consideren precisamente que los datos relativos a Seix-Barral, a Planeta o a Anaya son lo mejor del libro. Sin duda, son excelentes y no tienen desperdicio pero no cabe engañarse, lo mejor es el relato referido a ese grande e incomparable editor que aún está en ejercicio y se llama Mario Muchnik.


M. Muchnik, Banco de pruebas, Madrid, Del taller de Mario Muchnik, 294 páginas.
RSS © Copyright Libertad Digital SA. Juan Esplandiu 13, 28007 Madrid.
    Tel: 91 409 4766 - Fax: 91 409 4899