La renovada gama Alhambra ha puesto el listón muy alto con la versión V6 de 204 CV. No sólo es el modelo más potente de la historia de Seat, sino también el monovolumen más dinámico de su clase.
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No es fácil encontrar en el mercado modelos como el que protagoniza la prueba de esta semana. Y es que a su acentuada personalidad familiar –evidente si tenemos en cuenta sus seis plazas distribuidas en tres filas o su apreciable modularidad interior- añade una motorización capaz de poner en apuros a muchas berlinas de las consideradas convencionales.
En efecto. El Alhambra V6 sorprende por su facilidad para rodar a elevados ritmos gracias a las muchas virtudes del motor V6 de 2,8 litros que monta. Idéntico en todas sus características al que podemos encontrar en el VW Golf V6, y próximamente en el Seat León Cupra, una motorización como esta se agradece y mucho. Primero, porque no tiene problemas para mover con soltura las casi dos toneladas que pesa este modelo; segundo, porque cuando circulamos con todas las plazas ocupadas disponemos siempre de un plus de potencia suficiente para que los adelantamientos no se conviertan en una pesadilla y, tercero, porque ofrece un agrado de conducción muy a tener en cuenta, consecuencia directa de su generosa cilindrada y arquitectura mecánica.
Seis velocidades. La caja de cambios es otro de los atractivos del monovolumen español, sobre todo por el número de marchas disponibles, un total de seis, que permiten aprovechar de manera acertada el potencial disponible. Eso sí, el manejo es bastante lento y se nota una salto bastante acusado entre la quinta y la sexta relación. Esta última, sin embargo, permite equilibrar bastante los consumos, muy elevados estos últimos en una conducción decidida y que pueden llegar a alcanzar los 18 litros a los 100 km. En cuanto al bastidor, el Alhambra V6 muestra un aplomo y una progresividad en curva realmente ejemplar para su tamaño, con una longitud de 4,63 metros. En este sentido, la amortiguación Sport, específica de este acabado, controla perfectamente los balanceos de la carrocería sin afectar lo más mínimo al confort de marcha, mientras que el control de estabilidad ESP contrarresta de manera eficaz cualquier exceso de confianza con el acelerador. Por dentro, el Alhambra de segunda generación ha sufrido muchos cambios. La estética del salpicadero, por ejemplo, cambia por completo y los acabados están a la altura de una berlina de lujo. Equipada con seis butacas, distribuidas en tres filas de asientos, nadie podrá quejarse de falta de espacio, aunque con todas las plazas ocupadas la capacidad del maletero se resiente bastante.
Completo equipamiento. Otro de los capítulos que merece una elevada nota es el del equipamiento. Al igual que antes, los asientos posteriores se pueden abatir y desmontar fácilmente, además de deslizarse longitudinalmente, y, como interesante novedad, están disponibles unos prácticos asientos para niños integrados en la segunda fila que se ocultan en el respaldo cuando no se usan. También disponemos de muchos huecos para guardar todo tipo de objetos y en el caso de la versión Sport probada, la lista de accesorios originales es muy completa, con climatizador automático, equipo de música, llantas de aleación, doble airbag frontal –los laterales son opcionales- y el ya mencionado control de estabilidad ESP. Su precio de 4,8 millones podría considerarse en principio una cifra poco competitiva, pero a nosotros nos ha parecido una buena inversión si tenemos en cuenta los 5,6 millones que cuesta un Renault Espace V6, uno de sus principales rivales, y el buen equilibrio que demuestra en todos los apartados el modelo español.