Ejemplos: en México cuesta más hablar por teléfono que en Estados Unidos, en México cuesta más un vuelo aéreo local que en Estados Unidos, en México cuesta más dirimir un conflicto judicial —una herencia, definir derechos de propiedad, obtener un acta de nacimiento de hace 60 años— que en Estados Unidos, en México cuesta más obtener información pertinente y precisa sobre asuntos públicos que en Estados Unidos.
Esta pobreza estructural arraigada proviene de dos carencias fundamentales: un Estado de Derecho precario y una deficiencia educativa abismal. No hay reglas de juego estables y equitativas, no hay un entorno en el que la mayoría de la población esté bien informada de lo pertinente y pueda juzgar con objetividad los asuntos públicos.
Consolidar un auténtico Estado de Derecho y poner en marcha una verdadera revolución educativa y de la información son dos objetivos claros y específicos que debieran ser el programa de gobierno no sólo de Vicente Fox, sino del Congreso y del poder judicial. No sólo del gobierno federal, sino de los gobiernos estatales y municipales.
El crecimiento económico vendrá por añadidura. Ponerle un número mágico (7%) es irrelevante y es atar la medición de los resultados de las políticas públicas a elementos inciertos que no está —ni debe estar— en las manos de los gobiernos controlar.
En los últimos años, México ha logrado disminuir la pobreza estructural (es decir, se han reducido relativamente los costos de vivir en el país) en tres terrenos fundamentales: 1. Responsabilidad fiscal y monetaria, 2. Apertura comercial, 3. Certidumbre en los procesos electorales.
Sobre esa base, consolidando los avances en esos tres terrenos, México debe construir ahora la segunda ola de reformas estructurales, que disminuya radicalmente los costos de vivir y trabajar en el país.
Estado de Derecho y solidez educativa. Un síntoma claro de que carecemos de estas dos fortalezas imprescindibles para “salir de pobres” es la falta de competencia. La aversión hacia la competencia —confrontar las recientes declaraciones del mexicano más rico defendiendo sin empacho la persistencia de un proteccionismo a ultranza, en beneficio de empresas monopólicas u oligopólicas— es condición estructural de la pobreza de México.
Fobia hacia la competitividad y sistema educativo deformante: títulos en lugar de conocimientos; pase automático en lugar de concurso competitivo; consignas doctrinarias en lugar de capacidad de razonamiento; filtraciones en lugar de investigación periodística; juicios de valor y profusión de dichos en lugar de hechos verificados puntualmente.
Fobia hacia la competitividad y precario Estado de Derecho: legislación restrictiva de la iniciativa individual; proteccionismo a ultranza o áreas vedadas a la inversión y la competencia; reglamentación excesiva que castra la actitud emprendedora; corrupción judicial; costos de transacción descomunales por inseguridad pública y discrecionalidad en la aplicación de las leyes; leyes y reglamentos casuísticos diseñados para satisfacer clientelas políticas.
El primer acuerdo fundamental que debe promover Vicente Fox es hacer a México, en el plazo más corto posible, un lugar menos costoso para vivir y trabajar. Ese es el acuerdo de Estado que necesitamos para consolidar una transición exitosa. Lo demás son escaramuzas verbales, juegos y fuegos de artificio, disputa de vanidades, cálculos mezquinos.
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AIPERicardo Medina Macías, mexicano, es
analista político