Ahora no podemos más que especular sobre resultados probables. El talón de Aquiles del repliegue de Cavallo este año es el sistema de convertibilidad, el mismo que resultó ser un blindaje en 1995.
Poco después de asumir la presidencia en diciembre de 1999, Fernando de la Rúa lo apostó todo a conseguir el apoyo del Fondo Monetario Internacional. Por ello, al igual que Don Quijote, basó sus acciones posteriores en hipótesis imaginarias, sin relación alguna con la realidad. Como era de esperarse, la situación pasó de mala a peor. Y como si eso fuese poco, Domingo Cavallo le abrió la puerta al fantasma de una floja convertibilidad, durante su conferencia en J. P. Morgan de febrero. Según Cavallo, se puede flexibilizar la convertibilidad del peso, cambiando su anclaje en el dólar por una cesta de monedas. Esto, entre otras cosas, alteraría los derechos de propiedad sobre el peso. Actualmente, quienes mantienen fondos en pesos argentinos tienen el derecho a convertirlos libremente uno a uno en dólares. Con la cesta de Cavallo, los tenedores de pesos tendrían el derecho a convertirlos en una todavía indefinida cesta de monedas. Esa propuesta que altera radicalmente los derechos de propiedad condujo a la Argentina a una nueva crisis.
Ahora que Cavallo está de nuevo en una posición de mando, sigue hablando de la cesta. Eso puede resultar fatal. La única manera de prevenir un resultado desafortunado es dejando de hablar de la cesta.
Si el repliegue resulta exitoso, habría que lanzar un contraataque. En ese campo, el historial de Cavallo no es el mejor. Luego de su repliegue en 1995, no hubo contraataque. Para triunfar habría que borrar todas las dudas acerca del valor de la moneda, lo cual se lograría con una dolarización.
El segundo elemento del contraataque debe centrarse en el lado de la oferta. Con un importante precio fijo en la economía —la tasa de cambio—, todos los demás deben ser flexibles. Ese ha sido el caso de Hong Kong desde que en 1983 emplea una caja de conversión y una tasa fija de cambio. Y esa es la razón que inclusive frente a los altibajos del dólar (que es el anclaje de su propio dólar) Hong Kong se ha mantenido supercompetitivo. Es más, según el más reciente estudio de Heritage Foundation y el Wall Street Journal, Hong Kong sigue siendo la economía más competitiva del mundo. En consecuencia, debemos olvidar las preocupaciones acerca de que las tasas de cambio fijas destruyen la competitividad. Y olvidemos también su supuesta debilidad contra las crisis externas. Es cierto que el PIB de Hong Kong cayó 5,3% en 1998 como resultado de la crisis asiática, pero se recuperó fuertemente en 1999, alcanzando un crecimiento de dos dígitos el año pasado.
Para lanzar el contraataque, Cavallo tiene que enfocar reformas en el lado de la oferta, que permitan una flexibilidad de precios. Esa es la clave para destrabar la competitividad potencial de la Argentina.
Un estudio de las reformas en Austria ilustran lo que Cavallo debe hacer. Después de la crisis petrolera de 1973, Austria intentó compensar el golpe negativo estimulando su demanda interna. Y para contrarrestar la amenaza de inflación, revaluó el chelín vis-a-vis al marco alemán en 1974. Pero no se pudieron controlar los aumentos salariales y surgió un déficit de cuenta corriente que alcanzó 4,5% del PIB en 1977.
Esto provocó un gran debate sobre estrategia económica. El FMI, el canciller social demócrata Bruno Kreisky, los industriales y los intelectuales socialistas exigían la devaluación del chelín. Mientras que el otro bando insistía que una devaluación conduciría a aumentos salariales excesivos, mayor inflación y salarios reales más bajos. En pocas palabras, estos últimos creían que Austria se debería ajustar a su tasa de cambio. Bajo la dirección de Stephan Koren, presidente del Banco Nacional de Austria a partir de febrero de 1978, se logró el apoyo de los sindicatos para anclar definitivamente el chelín al marco alemán.
Como lo anticipaba Koren, la economía se ajustó y los sindicatos respondieron moderando sus demandas. Es más, se mejoró la competitividad internacional y las obesas empresas estatales fueron puestas a dieta, recortándoseles en 20% el personal empleado. Esto fue acompañado de una rebaja de impuestos, siendo los resultados positivos. En los últimos 20 años, Austria ha crecido más que Francia y Alemania, los salarios son flexibles y el desempleo en 3,7% es extremadamente bajo para Europa.
Si Cavallo va a proceder con otro repliegue, debe olvidarse de las cestas. Y si quiere lanzar una ofensiva, debe dolarizar, concentrarse en el lado de la oferta y en la flexibilidad de los precios.
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AIPESteve H. Hanke es profesor de economía de la Universidad Johns Hopkins, fue asesor de Cavallo en 1995-96.