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16 de Febrero de 2001

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CUESTIONES GENERALES

Redistribución

Por Manuel F. Ayau Cordón

La redistribución es hoy día en todo el mundo tomada como si fuese una función propia y ética de los gobiernos. Se justifican los impuestos progresivos como instrumentos de redistribución de riqueza y como manifestación de sensibilidad social y compasión.
Nótese que no se trata de distribución a secas sino de redistribución, es decir, de distribuir nuevamente algo que ya estaba legítimamente distribuido porque no se trata de redistribuir bienes robados sino de redistribuir ingresos logrados mediante actos lícitos. Se trata nada menos que de quitar a alguien parte de su ingreso legítimamente devengado, con el franco propósito de que lo disfrute otra persona que no lo devengó.

No por estar legalizada ni por hacerse con buenas intenciones cambia la naturaleza de despojo. Las intenciones de Robin Hood no cambian el hecho de que era un ladrón. ¡A donde iríamos a parar si los hechos se juzgaran por las intenciones del autor! (Ej. “lo torturé porque él hace mucho daño a los pobres”). Tampoco se justifica aduciendo que es democrático porque de esa manera también se justifica la esclavitud de antaño en los Estados Unidos. Si no estuviera implícito en la democracia representativa el principio de igualdad ante la ley, dudo que jamás se hubiese aceptado como sistema de gobierno. Cuando una mayoría por el hecho de ser más pobre impone a una minoría más rica una política distinta a la que se aplica a sí misma, para beneficio propio, se habrá acabado la anhelada igualdad ante la ley y lo que sigue es la arbitrariedad jurídica que vemos generalizarse por todo el mundo.

Se pretende justificar la redistribución con el argumento de que unos injustamente reciben más porque otros reciben menos. Pero eso no es malo cuando no hay privilegios legales, pues no se trata de ingresos que se han adquirido sacrificando el bienestar ajeno, sino más bien aumentando el bienestar ajeno. La excepción es cuando un ingreso se logra por un privilegio legal que disminuye la igual libertad de los demás y entonces se logra empobreciendo, y no enriqueciendo, a los demás.

No se tiene claro que cuando priva la igualdad ante la ley (no de oportunidades, que es otro tema) en todo intercambio las dos partes se benefician. Así, quien logra fortuna es porque ofreció a los demás la opción que más los beneficia. Su intención no es altruista, pero lo atinente es que para que intercambien con él, tendrá que competir con otros ofreciéndoles mayor beneficio. De lo contrario será el competidor quien se enriquece. Así es que quien libremente logra tener 100 pares de zapatos no ha causado que otros vayan descalzos, sino que habrá disminuido la pobreza de los demás en algún grado, al comprar tantos zapatos.

Dado que la pobreza solamente se puede disminuir aumentando la inversión de capital que demanda mano de obra y que la inversión solamente puede venir de ahorros de algunos que no lo consumen porque ganan más de lo que consumen, es un cinismo muy cruel impedir la disminución de la pobreza mediante el despojo de los ingresos capitalizables de quienes no han empobrecido a nadie sino, todo lo contrario, han contribuido a hacerlos menos pobres.

Y, en conclusión, promover el bienestar de unos con la transferencia de riqueza de otros lejos de ser una virtud es un vicio.

© AIPE

El guatemalteco Manuel F. Ayau Cordón es Ingeniero y empresario, fundador de la Universidad Francisco Marroquín. Fue presidente de la Sociedad Mont Pelerin.
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