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11 de Mayo de 2001

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MARGARET THATCHER

Recordando a una gobernante

Por Carlos Ball

En un reciente seminario organizado por Hillsdale College en Fort Myers, Florida, habló la Sra. Margaret Thatcher, primera ministro de Gran Bretaña desde 1979 hasta 1990. La conferencista fue presentada por el presidente de esa universidad, Larry Arnn, quien nos recordó que Aristóteles escribió en su primer tomo de Ciencias Políticas que debemos aprender las virtudes requeridas para gobernar directamente de aquellas personas con la reputación de haber dominado ese arte. Eso es algo que Larry entiende muy bien porque dedicó varios años al estudio de Winston Churchill. Churchill y Thatcher fueron los dos grandes primer ministros de Gran Bretaña en el siglo XX. El primero salvó a su país de la amenaza nacional socialista alemana y la segunda del socialismo británico.
La Sra. Thatcher relató que cuando fue electa en 1979, muchos años de políticas socialistas habían arruinado a su país. La tasa tope del impuesto sobre sueldos era 83% y sobre ingresos por inversiones 98%. Había controles de precio, de salarios, de inversiones y de cambio. Para obtener permiso para cualquier cosa, había que conseguir el visto bueno de varias escalas burocráticas.

Una de sus primeras decisiones fue luchar por regresar a la sociedad libre que existía cuando ella era niña. En apenas seis semanas logró rebajar las tasas máximas de impuestos a 40% y relata con agrado que cuando volvieron los laboristas al poder con Tony Blair, no las aumentaron de nuevo.

También cambió las leyes laborales, por la sencilla razón que los sindicatos estaban prácticamente manejando a la Nación. Seguidamente se privatizaron todas las industrias importantes que habían pasado a manos del Estado, lo cual produjo un cambio importante porque desde ese momento esas empresas se vieron obligadas a mejorar su eficiencia para producir utilidades.

Más difícil fue volver a acostumbrar a la gente a trabajar, aclarando que la historia nos ha enseñado que la libertad no sobrevive a menos que se fundamente sobre bases morales. La economía se puede enderezar, pero paralelamente hay que cultivar la libertad individual. Y lo que las personas hacen con esa libertad indica la fibra y el calibre del pueblo. Las virtudes respetadas en los países libres son la honestidad, la disciplina, la responsabilidad hacia la familia, un sentido de lealtad hacia el patrono y el orgullo de hacer las cosas bien. Tales valores sólo florecen en un ambiente de libertad.

A pesar de su relativamente pequeña población, Gran Bretaña es la cuarta economía más grande del mundo. Eso es consecuencia de la libertad que su gente tiene para buscar y alcanzar sus objetivos personales, algo que hay que mantener presente cuando se examinan los problemas que afectan a gran parte del mundo.

Son los vestigios del comunismo lo que ha impedido que Rusia alcance la prosperidad, a pesar de los cambios logrados en su sistema político. Gente que durante varias generaciones ha hecho sólo lo que el estado le impone, no logra salir de repente a crear pequeñas empresas, por lo que lo primero que vemos en la transición del socialismo a la libertad es mucha corrupción. El FMI fue muy generoso con Rusia, pero ese dinero no le llegó a la gente sino que casi todo fue a parar a cuentas bancarias en el extranjero. Por eso no se logra una verdadera libertad en ausencia del imperio de la ley.

Otro caso es China. Mientras en la colonia británica de Hong Kong el ingreso anual per capita era de 28 mil dólares, en China era de 800 dólares. Se trataba de la misma gente, con las mismas habilidades y talentos, la diferencia era la libertad individual gozada bajo las leyes británicas. El hecho que 20 millones de personas murieron bajo el comunismo soviético, 65 millones bajo el comunismo chino y 2 millones bajo el comunismo de Corea del Norte tiene que ser una lección para el mundo.

La Sra. Thatcher recordó su primera reunión con Gorbachev, siendo éste ministro de Agricultura. Le sorprendió que fue el primer funcionario soviético que cuando le hacían una pregunta no sacaba un papel del bolsillo para contestarla. Por ello, apenas terminó la reunión, ella llamó al presidente Reagan para contarle que algo muy inusual estaba sucediendo en la Unión Soviética.

La señora Thatcher está muy consciente que hay mucho terreno por avanzar. De 150 países en el mundo, sólo 72 son democracias.

Terminó su extraordinaria conferencia diciéndole a los estadounidenses presentes que son ciudadanos de un maravilloso país, construido sobre las bases del imperio de la ley, de defender la libertad de otros y de construir un próspero futuro para su gente. Si aquellos que no gozan de libertad fuesen guiados por el ejemplo de Estados Unidos, el mundo sería tanto mejor.

Gracias al presidente Reagan y a la señora Thatcher, el mundo de hoy es mucho mejor que aquel en que vivíamos en el año 1979.

© AIPE

Carlos Ball es director de la agencia de prensa AIPE y académico asociado del Cato Institute.
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