COYUNTURA
¿Recesión generalizada o crisis sectorial?
Por José Ignacio del Castillo
¿A qué nos enfrentamos? ¿Estamos ante una recesión generalizada o se trata más bien de una crisis sectorial circunscrita a la Nueva Economía? Habrá que esperar para saberlo. De momento y valiéndonos de la teoría económica, trataremos de interpretar algunos datos de los que disponemos.
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Al hablar de coyuntura, lo primero que conviene subrayar es que son los márgenes de beneficio, y no la demanda agregada —como dicen los keynesianos—, los que determinan el nivel de actividad de una economía. Lo que induce a los empresarios a contratar y producir, no son las ventas per se, sino la diferencia entre ingresos esperados y costes a desembolsar. Otros dos aspectos fundamentales deben ser así mismo considerados. El primero es la influencia que la creación de crédito adicional tiene sobre las industrias más intensivas en capital. Las facilidades crediticias permiten a las empresas acometer nuevas inversiones y elevar la demanda de equipo capital. Los márgenes de beneficio crecen en dichas industrias sin resentirse en el resto de sectores productivos.
El segundo elemento a tener en cuenta es el cálculo contable del beneficio en sí mismo y en especial del componente amortización sobre aquél. El beneficio empresarial se calcula restando los costes totales incurridos de los ingresos totales (ventas). Ocurre que de estos costes, una parte muy importante la constituyen las dotaciones para amortización del inmovilizado, especialmente en las industrias con mucho volumen de activo fijo. A menudo, las empresas se dejan guiar por el excesivo optimismo creado por los efectos del crédito fácil. Raramente tienen en cuenta que el auge tiene sus límites. Por ejemplo, el fabricante de teléfonos móviles Nokia, que preveía ventas por 40 millones de unidades este año, tendrá probablemente, que conformarse con sólo 16. Surge así la mal llamada capacidad ociosa. Al dotar las amortizaciones, las empresas ignoran generalmente una posible “obsolescencia de demanda” del equipo capital. Si la hubiesen previsto, al llegar la fase de depresión el activo fijo estaría ya amortizado. Los términos capacidad ociosa, sobrecapacidad o superproducción están en gran medida vacíos de contenido.
Con este arsenal teórico podemos interpretar lo sucedido. Actualmente, uno de los sectores con más capital intensivo es el de las Nueva Economía. Las inversiones tardan decenas de años en amortizarse. Terra, Jazztel o Amazon.com no prevén dar beneficios hasta dentro de varios años. Las cantidades pagadas por las licencias de teléfonos móviles de nueva generación no podrán ser recuperadas hasta el decenio que viene... siempre que la demanda que ha habido durante la fase alcista del ciclo se mantenga o aumente. ¿Puede alguien extrañarse de que estos valores hayan sufrido una caída libre?
Sectores importantes en la producción de equipo capital, algunos están siendo muy castigados —por ejemplo el fabricante de microprocesadores Intel ha anunciado despidos y se cotiza al 20% de su máximo—, en tanto que otros están aguantando bien —construcción, automóviles. Estos últimos no tuvieron un desarrollo tan descomunal durante el pasado decenio y quizás puedan aguantar. Esto último, no es ni mucho menos seguro.

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