ESTADOS UNIDOS
¿Puede perpetuarse el déficit exterior?
Por Jesús Gómez Ruiz
Bajo el patrón oro internacional, los países productores de oro solían tener elevados déficit comerciales. El caso de Sudáfrica era paradigmático, así como lo fue el de España en el s. XVII. Y esto es lógico, porque las exportaciones de oro no se contabilizaban en la balanza comercial, sino en la de capitales, (aunque el oro, por ser el patrón monetario, no dejaba de ser un bien más del mercado). En otras palabras los países productores de oro, en lugar de pagar sus importaciones con exportaciones, las pagaban con oro, y de esta forma la balanza de pagos quedaba saldada, y todo el mundo obtenía lo que quería.
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El déficit comercial norteamericano tiene cierto paralelismo con la situación anterior. El mundo ha adoptado el patrón dólar, y el único productor de nuevos dólares en el mundo es la Reserva Federal. Si fuera posible asimilar una deuda impagada (e impagable) como el dólar a un bien físico deseado por sí mismo y que no es deuda de nadie, la analogía sería perfecta. El problema es que esto no es posible, porque si lo fuera, habríamos obrado el milagro de convertir las piedras en pan.
¿Cómo saldan los norteamericanos su déficit comercial?. Exportando dólares. ¿Pero qué son los dólares?. Nadie lo sabe desde que la Reserva Federal dejó de pagar en oro esos dólares allá por 1971. En definitiva, los norteamericanos están comprando a crédito.
Mientras que la gente siga creyendo que el dólar es tan bueno como el oro, seguirá aceptando dólares a cambio de su producción y continuarán los déficit comerciales norteamericanos. ¿Pero qué ocurrirá cuando el mercado se sature de dólares?. El resto del mundo no continuará entregando sus bienes a cambio de papel indefinidamente, porque esto sería tanto como decir que existe el crédito ilimitado. El flujo de capitales hacia EEUU se detendrá primero, y se invertirá después, provocando cuellos de botella ¿Cómo van a pagar los norteamericanos esos créditos?. Devaluando el dólar respecto de la cotización de otras divisas cuando sus acreedores extranjeros se los presenten al cobro. O lo que es lo mismo, pagarán sus deudas repudiándolas parcialmente y provocando una catástrofe financiera mundial sin precedentes.
En un régimen de papel moneda es imposible reducir el volumen total de endeudamiento por medios legítimos -pagando las deudas con bienes reales. La única forma de hacerlo es desentenderse total o parcialmente de esas deudas. Esto es lo que significa, ni más ni menos, una devaluación. Los norteamericanos se habrán quedado con los bienes que han importado, y el resto del mundo con el papel depreciado. Magnífico negocio.
La situación es parecida a la de un hombre que goza de un reputado crédito y se lanza a firmar pagarés y cheques con los que compra todo lo que se le antoja. Pero llega un momento en que los acreedores no desean poseer esos cheques, sino bienes reales, y se los presentan al cobro. Y llega también un momento en el que no puede pagar, y la única solución que le queda es declararse en quiebra. Sin embargo hay una diferencia entre este caso y el de la Reserva Federal. El quebrado queda inhabilitado y tiene que poner su patrimonio a disposición de los acreedores. La Reserva Federal y el resto de los bancos emisores del mundo no están sujetos al Derecho de Quiebra y pueden alzar los bienes impunemente.
Tenemos la suerte de que se halle al frente de la Reserva Federal uno de los hombres que más sabe de teoría monetaria en el mundo: Alan Greenspan, quien en su juventud fue un ardiente defensor del patrón oro, considerándolo como requisito indispensable para salvaguardar al individuo de los abusos de poder de los gobernantes. Greenspan ha conseguido evitar por dos veces la debacle financiera mundial, pero no conseguirá evitarla definitivamente, a no ser que logre convencer al mundo de que las deudas impagadas valen tanto como los bienes reales. Hay muchos que ya rezan por que Greenspan nunca se muera, pero todo lo humano tiene un final.

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