A VUELTAS CON LAS ARMAS
¿Prohibir también los cuchillos?
Por Jesús Gómez Ruiz
Cuando un desequilibrado con un arma de fuego provoca una masacre en un colegio, los partidarios del control de armas se echan a la calle pidiendo aun más prohibiciones y controles. Creen que si el uso de armas de fuego queda restringido exclusivamente a las fuerzas del orden público y al ejército, viviremos en una especie de feliz y pacífica Arcadia donde nuestros hijos podrán jugar en el colegio o en el parque con plena seguridad, sin temor a ser aniquilados por un demente. El gobierno de Blair acabó con el ancestral derecho a portar armas en Inglaterra a raíz de una masacre protagonizada por un francotirador, y los mal llamados “liberales” norteamericanos no dejan de presionar para que se prohíba a la gente corriente tener armas en los estados en que su posesión aún es libre.
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Sin embargo, la prohibición o la restricción del uso de armas de fuego no curará a los desequilibrados ni les impedirá a los delincuentes cometer sus fechorías. Prueba de ello son las insistentes noticias que llegan de Estados Unidos, uno de estos últimos episodios, el apuñalamiento hace menos de un mes de cuatro niños en un colegio de Alaska.
Si los partidarios del control de armas fueran coherentes, tendrían que pedir a raíz de este suceso la prohibición de la venta libre de cuchillos y objetos de metal... tendríamos que usar cubiertos de palo. Pero como el vidrio también puede cortar y herir, habría que asegurarse de que ningún envase de venta al público estuviera hecho de vidrio, y de que todas las ventanas y lunas se fabricaran con metacrilato. Pero aun prohibiendo el metal y el cristal, quedan muchas otras posibilidades. Es muy sencillo fabricarse una honda y agredir a distancia con proyectiles de piedra o plomo —David mató a Goliat con una honda. En tal caso, habría que prohibir también la venta libre de los materiales con los que se pueden fabricar hondas (cuero, tela, caucho, etc.). También es posible fabricar jabalinas y cuchillos de sílex, como los del Paleolítico, por lo que habría que restringir el acceso a las zonas donde abunden estos materiales. Tampoco resultaría difícil fabricar flechas o jabalinas de madera, con la punta endurecida al fuego. ¿Prohibiremos también la madera?...Y si se trata de provocar masacres, es relativamente sencillo fabricar explosivos de gran potencia con abonos químicos y con materiales que pueden adquirirse en las droguerías. Hay direcciones de internet que instruyen acerca de la fabricación de estos artefactos... ¿habrá que prohibir también la venta de abonos nitrogenados y de lejía?
La posibilidades de fabricar armas son, pues, prácticamente ilimitadas; aunque es verdad que las más eficaces, seguras y fáciles de manejar son las de fuego. Pero la prohibición o restricción del uso de armas de fuego priva a los ciudadanos pacíficos y respetuosos de la ley del medio de defensa más eficaz, y no impide a los delincuentes procurárselas en el mercado negro o en los "bajos fondos", circuitos completamente desconocidos para el ciudadano corriente.
A algunos nos da por pensar mal y creer que el verdadero objetivo de los controles y prohibiciones de armas de fuego no es tanto la seguridad, sino que el ciudadano esté siempre en inferioridad de condiciones respecto del Estado, esto es, que los ciudadanos no puedan defenderse eficazmente del abuso de poder o de la tiranía. Esta era la principal razón de la segunda enmienda a la Constitución de los Estados Unidos, que incluye explícitamente el derecho a llevar armas. Lenin armó a las masas para que le conquistaran el poder, una vez que lo tuvo, sólo sus esbirros tenían derecho a ir armados. El manual de instrucción del GRAPO comienza advirtiendo de que "el poder nace del fusil". Hace poco que Fidel Castro y su camarilla celebraron el enésimo aniversario de la revolución exhibiendo orgullosamente el kalashnikov, única fuente y garantía de su criminal y despótico poder. Prohibir o restringir el uso de armas de fuego no acabará con los delincuentes comunes ni con los delincuentes con pretensiones políticas, al contrario, les dará alas.
Por desgracia, la libertad no es compatible con la seguridad absoluta, aun en el hipotético caso de que tal seguridad pudiera conseguirse. Y la experiencia demuestra que intentar conseguir esa seguridad a través del desarme obligatorio y coactivo produce justo el efecto contrario. Mal que nos pese, si queremos la paz, hemos de prepararnos para la violencia... o aceptar las condiciones que nos quieran imponer quienes dispongan de mejores armas que nosotros. Lo demás es palabrería vana.

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