MúSICA CLáSICA
Preparándose para Barenboim
Por Carlos de Matesanz
El verbo “barenboimizar” existe en nuestro país desde hace bastante tiempo. Aficionados de las principales ciudades españolas han barenboimizado en alguna ocasión, seguro. Y es que, desde hace muchos años, el magnífico pianista y director argentino Daniel Barenboim gusta de visitar nuestro país, donde el público suele —salvo ventoleras ocasionales— adorarle bastante.
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Desde la temporada pasada, esa adoración tiene cita fija para los melómanos madrileños, pues el Festival de Verano (o, lo que es lo mismo, el cierre de temporada) del Teatro Real invita a la compañía de la Deutsche Staatsoper “Unter den Linden” de Berlín, que dirige don Daniel. El acontecimiento, este año —igual que el anterior— vuelve a traernos dos títulos operísticos germanos y un concierto sinfónico, en que el maestro y su Staatskapelle de Berlín nos ofrecen música de primera en interpretaciones de primera. Los títulos de esta temporada son “Los maestros cantores de Nürenberg” de Wagner (que se representará los días 22, 26 y 30 de junio) y “Fidelio” de Beethoven (27 y 29 de junio y 1 y 3 de julio).
Son dos óperas muy distintas, igual que la temporada pasada lo fueron “Tristán” y “Don Giovanni”. En aquella oportunidad, Barenboim no pudo salir del absorbente mundo tristanesco y su “Don Giovanni” quedó empalidecido ante la interpretación soberbia de la obra de Wagner. Este año puede ocurrir lo mismo, aunque probablemente con menos diferencias. A juzgar por las grabaciones discográficas y por las críticas de los espectáculos —que ya han sido, lógicamente, ofrecidos en Berlín— podemos aconsejar a nuestros lectores que, si se ven en el afortunado caso de elegir alguno de los dos títulos, elijan el “Fidelio”. El reparto, desde luego, es mucho más equilibrado, con las voces adecuadísimas de Thomas Moser, Deborah Voigt, Sergej Leiferkus y el siempre aplaudido René Pape, todos ellos cantantes expertos, muy familiarizados con sus papeles y aún en buen estado vocal. En Wagner, sin embargo, habrá que cargar con los ya arruinados Francisco Araiza y Reiner Goldberg en el papel de Walter y las presencias sanas pero pálidas de Falk Struckmann, Andreas Schmidt, Carola Höhn y Stephen Rügamer en las partes protagonistas. Sin embargo, es probable que la parte visual —con puesta en escena de Harry Kupfer y Hans Schavernoch— funcione mejor en este último título.
El concierto sinfónico —día 2 de julio— ofrecerá las Sinfonías Octava de Schubert y Primera de Mahler.
Pero no todo en el festival veraniego es Barenboim. Hay ballet, con la Compañía Nacional de Danza, y se representa, además, una bella “Cenerentola” rossiniana, de la que les hablaremos la semana que viene.
RECOMENDACIONES DISCOGRÁFICAS
Ya que nos hemos ocupado especialmente del magnífico director y pianista argentino, echamos un vistazo a algunas referencias de su amplísima discografía en sus dos facetas interpretativas.
MENDELSSOHN: Romanzas sin palabras. Barenboim. DEUTSCHE GRAMMOPHON 423 931-2 (132’39”) 2 CD.
Puede discutirse si sus sonatas de Beethoven son inferiores en concepto a las Richter, de estilo a las de Schnabel, en entrega a las de Gilels o en perfección a las de Brendel; puede dudarse de que sus Nocturnos de Chopin superen a los de Arrau; pero nadie niega que sus “Romanzas sin palabras” mendelssohnianas son las mejores de cuantas se encuentran en la historia del disco. Es esta una grabación que se efectuó en 1973, que ha sido publicada en varias series medias del sello amarillo y que continúa siendo “la” referencia. Además de ofrecer con inmejorable sonido todas las Romanzas, este doble compacto se completa con dos Klavierstücke y el Gondellied sin número de opus, los Kinderstücke Op. 72 y la Albumblatt Op. 117, completando una duración generosa.
BEETHOVEN: Concierto para piano nº 5 “Emperador” / Fantasía Coral Op. 80. Barenboim, Orquesta New Philharmonia, Coro John Alldis / Klemperer. EMI 5 67329 2 (64’06”).
En su faceta de solista en conciertos pianísticos, podíamos haber evocado aquí su grabación de los conciertos de Mozart, dirigida por él mismo, o la de los de Brahms con Barbirolli, ambas en el mismo sello. Pero nos remitimos a sus conciertos de Beethoven grabados a finales de los 60 con el genial y ya anciano Otto Klemperer: un registro que consagró a Barenboim como el máximo beethoveniano de su generación. El presente disco nos ofrece la culminación de aquellas grabaciones, con un “Emperador” lleno de potencia expresiva y solidez por ambas partes: la batuta y el solista. Pero lo que es realmente portentoso —también por ambas partes— es el logro conseguido en la Fantasía coral Op. 80, pues nos encontramos, sin duda, ante otra interpretación insuperable.
STRAUSS: “Vida de héroe” y “Las travesuras de Till Eulenspiegel”. Orquesta Sinfónica de Chicago / Barenboim. ERATO2292-45621-2 (62’24”).
Más contestado en su faceta de director de orquesta, Barenboim ha grabado siempre mucho en este terreno, y desde muy pronto. Es aconsejable huir de sus grandes integrales —Bruckner, Beethoven, Mahler, el “Anillo” wagneriano— y seleccionar discos sueltos, como el que grabó con la Sinfonía Dante para Teldec, que es de lo mejor que ha hecho, o los discos con música de Richard Strauss para Erato. Las voces de Krauss, Böhm o Karajan siempre serán más autorizadas en este terreno, pero Barenboim supera incluso al último de los citados en virtuosismo sonoro, por la sencilla razón de que cuenta con la orquesta técnicamente más perfecta del mundo; la Sinfónica de Chicago, de la que es director titular. Barenboim pide diabluras e imposibles a su agrupación y esta le sigue sin dudarlo un instante.