La solución no está en el modelo económico sino en el político. Respecto a éste, se acepta la democracia porque cada cual la idealiza a su modo. Algunos de verdad creen que la democracia en sí produce prosperidad, siempre que se decida todo por mayoría.
Las constituciones reafirman los derechos de las personas, pero luego anulan esos mismos derechos, dejándolos sujetos a los caprichos políticos de las legislaturas que promulgan leyes legitimando cualquier barbaridad. En fin, como no todos entienden lo mismo por la palabra democracia, resulta correcto decir que tal modelo político no existe.
El primer punto de la agenda debería ser establecer reglas del juego que definan el modelo político, pero entonces surge un dilema: las reglas justas se rechazan porque no nos gustan sus resultados. Un ejemplo de regla justa: “El congreso no podrá establecer una ley que despoje a una persona de sus bienes, sus derechos contractuales, o ingresos legítimamente adquiridos con el deliberado propósito de beneficiar a otros, sin la adecuada y previa compensación”. ¿Estaría Ud. de acuerdo con esa regla? Yo sí, pero resulta que no es aceptable en los modelos actuales, porque todos se basan, precisamente, en el manejo político de las llamadas “transferencias” que despojan sin compensación a unos en beneficio de otros. Así, los políticos presumen de compasión con dinero ajeno. Y las mayorías pueden despojar a cualquier minoría, siempre que lo hagan “democráticamente”. Sobran ejemplos de reglas que son justas porque son iguales para todos, pero que a la hora de la verdad no serían aceptables porque no gustan las desiguales consecuencias de respetarlas. Queremos que los resultados sean iguales, lo cual es imposible, en este mundo imperfecto.
Un “modelo” sin reglas generales de conducta justa, cuyos resultados se respeten, nunca sacará al país de la pobreza. No veo en el horizonte un “modelo” así, mucho menos en un mundo en el que los países que sirven de ejemplo tampoco respetan reglas justas. El mero hecho de que se busque un “modelo” económico demuestra cuán inmaduros y lejos estamos de acertar. El único sistema que aunque imperfectamente ha funcionado en la práctica, a lo largo de la historia, en todas partes y que la teoría explica por qué es así, es la libertad, la economía de mercado, el cual no es diseñado, modelado, sino espontáneo.
Un sistema político, un negocio, un desarrollo urbano, se diseña con objetivos y estrategia pero el proceso de mercado no se diseña sino que resulta cuando el gobierno hace valer las reglas que protegen la vida, la propiedad y es dinámico. Quienes han estudiado el fenómeno socioeconómico llamado teoría de precios comprenderán porqué si se manipula la economía y no es guiada por el sistema de precios, sino se buscan “modelos”, vamos a seguir probando novedades y fracasando. La buena noticia es que no hay que hacer modelo económico sino establecer reglas de conducta. Pero la mala noticia es que, lamentablemente, pocos lo entienden así.
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AIPEManuel F. Ayau Cordón es ingeniero y empresario guatemalteco,
fundador de la Universidad Francisco Marroquín, fue presidente de la
Sociedad Mont Pelerin