Todos comprendemos la ganancia de quien vende, pero no solemos comprender lo que los economistas llaman “ganancia del comprador”. No es automática la comprensión de cómo es que las dos personas ganan en un intercambio porque pareciera inverosímil que después de cada intercambio hay más riqueza en el mundo que antes: la riqueza en el mundo habrá aumentado en la suma de la ganancia de ambos, aunque el número de átomos físicos siga siendo el mismo.
La cantidad de átomos en un carro es igual a la suma de átomos de sus componentes, ni uno más, pero no tienen el mismo valor sueltos que ordenados en forma de automóvil, de riqueza. Si los intercambios fuesen un trueque directo, fácil seria ver la ganancia de ambas partes, pues ambas aprecian más lo que reciben que lo que dan. Es con la intención de enriquecernos intercambiando que todos trabajamos y producimos lo que otros quieren. Pero cuando el intercambio es “triangular” pensamos que cuando vendemos por dinero ganamos, pero que después, cuando compramos con dinero, sólo gana el que nos vende, olvidando que no es el dinero sino lo que vamos a comprar, lo que realmente queremos.
El valor es subjetivo, es individual. En cambio, el precio resulta de valorizaciones también subjetivas pero de muchísimas personas que afectan la oferta y la demanda y establecen en el mercado un precio, al cual se llevan a cabo las transacciones. A ese precio le llamamos “precio de mercado” y, aunque siempre está en desequilibrio, para efectos de cada persona es objetivo porque no depende de cada cual sino de todos. Claro, podremos ejercer alguna influencia, pero es mínima.
Las personas compran solamente si la cosa para ellos vale más que el precio y aunque todos pagarán aproximadamente el mismo precio, como todos le asignan distinto valor, unos ganarán más que otros al comprar y nadie sabrá quiénes ganaron más. No sabremos ni siquiera si gana más el comprador que el vendedor porque nadie puede saber el costo de oportunidad de los demás. No podemos saber hasta cuánto estaría dispuesto a pagar quien compra o recibir quien vende, pero es seguro que quien compra paga menos de lo que estaría dispuesto a pagar y quien vende recibe más de lo que estaría dispuesto a recibir. Ambos ganan la diferencia. Lo que sí tenemos que suponer es que siempre nos enriquecemos con nuestras compras y enriquecemos a quien más nos enriquece. Por ello, y no porque lo quiera mucho, yo contribuyo a enriquecer más a Bill Gates que a sus competidores.
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AIPEEl guatemalteco
Manuel F. Ayau Cordón es ingeniero y empresario, fundador de la
Universidad Francisco Marroquín, fue presidente de la Sociedad Mont Pelerin