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8 de Junio de 2001

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EXPOSICIONES

Ponce de León redescubierto

Por Pablo Jimenez

El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía acaba de presentar una exposición del pintor español Alfonso Ponce de León (1906-1936) primera retrospectiva que se ofrece de su obra y de su breve carrera. La exposición reúne una larga docena de cuadros y un pequeño conjunto de dibujos que reconstruyen una de las trayectorias artísticas más interesantes de la vanguardia española anterior a la guerra civil.
Pese a lo corto de su carrera y al elevado número de obras perdidas, Ponce de León es uno de los pintores de mayor intensidad dentro de la corriente que plantea en España la posibilidad de un nuevo realismo que por un lado acoja las ansias y las representaciones de la modernidad y, por otro, recupere las raíces vernáculas de lo español.

Esta corriente especialmente fecunda a finales de los años veinte y durante la década de los treinta, se convierte, visto con perspectiva, en el verdadero motor de lo que entendemos como vanguardia española especialmente preocupada por reconciliar esa dualidad de lo español y lo moderno.

Artistas como José Gutiérrez Solana, desde lo insólito de su obra, marcó las líneas maestras de un camino posible y se mantuvo como una referencia alejada y necesaria para esta nueva generación de artistas que cuenta entre su nómina más notable a nombres como los de José María Ucelay, Maruja Mallo, Togores, Benjamín Palencia e incluso el primer Dalí, por sólo citar unos pocos nombres.

La publicación, en 1927 por la Revista de Occidente del famoso libro de Franz Roth Realismo mágico. Post-expresionismo. Problemas de la pintura europea más reciente marca un hito dentro de esta tendencia en nuestro país. Sin embargo, los límites y la importancia programática de este llamado “Realismo mágico” o “Nueva objetividad” no están ni mucho menos claros en un panorama en el que lo cierto es que se recibía con el mismo entusiasmo todo aquello que supusiera una novedad compatible con la necesidad de encontrar unas raíces propias.

Así, gracias a que durante estos últimos años sucesivas exposiciones y ensayos han ido clarificando el carácter y la realidad de la vanguardia española de los años 20 y 30, podemos establecer entre sus rasgos generales esta tendencia a un realismo nuevo y de una pretendida objetividad, que nunca tuvo sin embargo, un carácter programático.

Y dentro de este conjunto heterogéneo que se bandeaba entre el entusiasmo de lo nuevo y una profunda e inexplicable melancolía, el caso de Ponce de León marca uno de sus momentos más brillantes y más contundentes.

Además, hay que tener en cuenta que Ponce de León, al igual que algunos otros artistas, escritores e intelectuales de vanguardia española (como Jiménez Caballero, Eugenio Montes, Juan Aparicio, Samuel Ros, Manuel Aizpurúa o Pancho Cossío, por sólo citar a unos pocos) militó en las líneas de la Falange, lo que, a la postre le costaría la vida.

No está nada mal que a estas alturas se empiece a poner en duda el mito de una única vanguardia española ligada sólo a la República y a los partidos de izquierda. En la construcción de la modernidad en nuestro país, los artistas e intelectuales no tuvieron, dada la radicalización de la escena general, más opción que abrazar el marxismo o el fascismo. Elección no siempre sencilla dada la enorme cantidad de similitudes, formales y de fondo de las tendencias más terribles y renovadoras del siglo que acaba de terminar.

El que no hubiera un lugar posible para intelectuales, artistas y políticos liberales marca sin duda el destino trágico de la España del siglo pasado. Pero tras tantos años de haber ido tejiendo la leyendo de una nueva edad de oro en las filas izquierdistas de la vanguardia, trágicamente truncada por la guerra civil, queda todavía el trabajo de recuperar a artistas decisivos para la configuración de un horizonte moderno en nuestro país, como es el caso de Ponce de León, y que sin embargo, habiendo sufrido el mismo desprecio por el régimen anterior no han sido todavía, por rancio prejuicios, restituidos al importante papel que les corresponde en la historia del arte y la cultura nuevos para emplear una palabra que sin duda les fue especialmente grata.

Así, esta exposición, en la que se pueden admirar cuadros magníficos y sin duda parte de la mejor pintura realiza en la España de esos años, plantea valientemente y en su justo contexto una revisión sensata y desapasionada de un momento crucial y especialmente fecundo.

En este sentido hay que tener en cuenta que antes que la exposición que ahora se presenta, en un principio era tan sólo un libro escrito por Rafael Inglada en el que ha ido rastreando los pocos documentos y rastros que quedan del brillante paso de Ponce de León. Así se cuenta con un catálogo ejemplar en cuanto a investigación y a los textos que acompañan a la propia investigación de Inglada, como la selección de referencias a Ponce de León, escritas en su época y un magistral y sensato estudio del profesor Eugenio Carmona, gran especialista, entre otras muchas cosas, del arte de este período.

Con ello, y a pesar del reducido número de obras que el tiempo ha rescatado, se nos devuelve la memoria de un pintor deslumbrante y cautivador representado en toda su intensidad y todo su talento.
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