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4 de Mayo de 2001

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EL LIBRO DE LA SEMANA

Poe desde Cortázar

Por 234

Además de ser venerado como el padre del cuento moderno, la influencia de Edgar Allan Poe (1809-1849) y el entusiasmo por sus relatos no conocen en la actualidad ningún tipo de fronteras. Su capacidad para crear atmósferas maléficas apenas ha sido superada en algún caso aislado y debido en gran parte a su ascendiente. Las letras europeas se sintieron subyugadas desde un primer momento por la desbordante y misteriosa imaginación del inventor de la novela policíaca e incluso Conan Doyle que se burlaba, por boca de Sherlock Holmes, de los métodos del chevalier Dupin debía a éste su técnica analítica y hasta el recurso de utilizar como representante indirecto del lector a un supuesto amigo o confidente, por lo general de muy pocas luces.
La posibilidad de acceder a una recopilación de los 67 relatos que Poe publicó a lo largo de su vida traducidos, prologados y anotados por Julio Cortázar, se convierte en una experiencia especialmente enriquecedora que cualquier buen lector paladeará con gusto. La completa introducción sobre la vida del autor aclara con precisión numerosos datos de un escritor como Poe, un filón inagotable para biógrafos y estudiosos con tendencia al tremendismo. Ciertamente en pocas ocasiones la vida de un escritor podría constituir en sí misma el argumento de una novela y es difícil hablar de este escritor sin hacer referencia a una trayectoria vital que además de su excepcionalidad influyó decisivamente en toda su obra. Hijo de actores, fue adoptado por un matrimonio acaudalado que no tenía hijos a los tres años cuando su madre murió en la miseria. Nunca fue reconocido legalmente por su padrastro con el que mantuvo una pésima relación toda su vida y que le negó desde un principio afecto y dinero.

Desde el principio Edgar destacó por su sobresaliente inteligencia y su especial sensibilidad que le llevaba a emular a Byron en encendidos poemas de amor que a los quince años dedicaba a numerosas jovencitas de Richmond, pronto sustituidas por su primer amor imposible, Helen, la madre de un amigo que murió siendo muy joven y cuyo recuerdo no le abandonaría nunca. Es también en esta etapa adolescente cuando comenzó a mostrar la especial inadaptación que nunca le abandonaría. Su ingreso en la Universidad de Virginia comenzó a dibujar el perfil más difundido del escritor: alcohol, juego, provocaciones y duelos constituían la esencia de la vida estudiantil y Poe se entregó a ella con una intensidad que le mereció su expulsión al no hacer frente a las numerosas deudas de juego que había adquirido. El terrible efecto que el alcohol provocaba en Poe empieza en esta época a ser constatado por numerosos testigos que afirman que un solo vaso de ron bastaba para intoxicarle. Se ha tratado de explicar este hecho recurriendo a su hipersensibilidad o a taras hereditarias, también es probable que los coetáneos de Poe exageraran porque lo que es indudable es que a ese nefasto primer vaso seguían otros muchos.

Sin saber qué hacer y sin recibir ninguna ayuda de su padrastro al que escribía patéticas cartas (“Por el amor de Cristo, no me dejes perecer por una suma de dinero cuya falta ni siquiera notarás...”) se enroló en el ejército y posteriormente ingresó en la academia militar de West Point. En estos momentos tuvo la absoluta certeza de que lo único que deseaba en su vida era escribir y ante la imposibilidad de que le expulsaran por motivos académicos —su brillantez le hacía muy superior a sus compañeros— acumuló faltas de disciplina que le obligaron a abandonar la academia. En los años 1831 y 1832 la carrera literaria de Poe estaba consolidada pero trabajaba acosado por el hambre, la miseria y el terror. En 1833 su cuento “Manuscrito hallado en una botella” ganó un premio de 50 dólares. Su talento literario era reconocido, la posibilidad de vivir de él parecía imposible. Aceptó un trabajo fijo en un periódico de Baltimore del que fue expulsado a causa de su alcoholismo. En esta etapa Poe comenzó a tomar opio, en forma de láudano, para estimular su débil corazón. Al dictado del opio nacieron algunos de sus mejores cuentos como “Ligeia” (su relato preferido) o “La caída de la casa Usher”.

En 1845, a los 36 años, la publicación de “El cuervo” conmovió no sólo los círculos literarios y a todas las capas sociales hasta unos extremos difíciles de imaginar. La misteriosa magia del poema, el nombre del autor aureolado por una atractiva “leyenda negra”, consiguieron que este relato se convirtiera en la imagen misma del romanticismo en Norteamérica. El público acudía a sus conferencias con el deseo de oírle recitar “El cuervo”, una experiencia memorable de la que quedan numerosos testimonios que hablan de “elocuencia sobrenatural”, “ígnea confusión”... y cuando su público se encontraba totalmente magnetizado Poe disolvía el “embrujo” con referencias a la fantasías más vulgares.

Los últimos años de su vida transcurren en un total desequilibrio anímico. Tras la muerte de su segunda esposa se suceden las relaciones sentimentales especialmente con conocidas escritoras de Nueva York. En la estrechez económica que siempre le había acompañado, entre alucinaciones provocadas por una casi permanente intoxicación etílica, murió en un hospital de Baltimore llamando a uno de sus personajes, Gordon Pym, el 7 de octubre de 1849. Con su muerte comenzaba una biografía mítica que la atracción que ejercía tanto el autor como su obra fue alimentando con el paso de los años.

La presente edición de sus cuentos completos se beneficia de la brillante traducción de Julio Cortázar, responsable además de la agrupación de los relatos teniendo en cuenta el interés de los temas, y no cronológicamente como sucede en numerosas antologías. Esto es especialmente interesante en un escritor como Poe que se entrega con inusitada intensidad en los temas que más le atraen y remonta más difícilmente en otros asuntos. Esta división resulta, pues, una forma acertada de acercarse a los temas, quizá sería más correcto en este caso hablar de obsesiones, que dominaron su impulso literario: cuentos dominados por el terror, “El corazón delator”; por lo sobrenatural, “La caída de la Casa Usher”; por lo metafísico, “Silencio”, por lo analítico, “El escarabajo de oro”; por el futuro de anticipación, “La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall” y retrospección, de paisaje, de lo grotesco y satíricos.

Algunos de ellos considerados auténticas obras maestras, los gustos personales conceden preferencia a unos u otros, pero en todos se percibe una inteligencia excepcional que concede apoyo lógico a sucesos irracionales o a la irrupción de lo sobrenatural, una extraordinaria capacidad de ambientación que ha marcado el imaginario del género tanto en cine como en literatura, y un profundo conocimiento de la psicología humana que le ha concedido para siempre el título de maestro del suspense y el desasosiego.

Edgar Allan Poe, Cuentos, 2 volúmenes, Madrid, Alianza Editorial, 576 y 514 páginas, Traducción de Julio Cortázar.
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