MúSICA CLáSICA
Pan y toros
Por Carlos de Matesanz
Hasta finales de este mes de mayo, el madrileño Teatro de La Zarzuela ofrece un espectáculo excelente en lo musical y más que digno en lo teatral: “Pan y toros”, comedia lírica con música del inmortal maestro Barbieri. La obra, muy poco representada, es una muestra genial del arte del Barbieri castizo. Original y sabrosa, ha sido magníficamente dirigida en lo musical por Josep Pons —a pesar de que la Orquesta de la Comunidad de Madrid no es ningún lujo— y ha tenido en Joan Lluis Bozzo una concepción escénica bienhumorada y graciosa, que ha intentado descargar de tópicos los muchos puntos patrioteros del libreto de José Picón. La escenografía, ni bella ni opulenta, cumplió su función de marco, aunque es una lástima que su concepción no fuera algo más original, estética y/o activa.
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Quien esto firma, presenció una representación que contó con los siguientes intérpretes: la mezzo Lola Casariego como la Princesa de Luzán, el barítono bajo Enrique Baquerizo como el capitán Peñaranda, la soprano Mariola Cantarero como doña Pepita y el tenor Emilio Sánchez como el abate Ciruela. Los dos primeros representaron sus partes siguiendo el aire discutiblemente frívolo marcado por Bozzo, pero cantaron con mucho estilo, con una ortodoxia irreprochable y con muy buen gusto. A pesar de ello, deslumbró más la gordezuela Cantarero, porque su actuación es más cómica y sus sobreagudos pasman de vez en cuando. La lástima fue que Emilio Sánchez, magnífico cantante y artista, se enfrentara a un papel que, eminentemente cantado —es, a pesar de ser un semi-cómico, el más lucido de la obra—, le pilla totalmente fuera de tesitura: es muy agudo y los agudos extremos de Sánchez, más apto para partes más centrales, resulta forzado e incluso calante (vamos, que suena desafinado). Los secundarios, magníficamente elegidos tanto vocal como escénicamente, completaron un equipo que realmente funcionó.
Así, aunque sin alharacas, campanillas ni lujos asiáticos —aunque algún lujo asiático no le vendría mal de vez en cuando a nuestro género lírico— este “Pan y toros” funciona magníficamente como espectáculo. De hecho, es una de las cosas más interesantes que se han visto en La Zarzuela —y no han sido pocas— esta temporada. Y, además, la obra pudo escucharse, por primera vez en mucho tiempo, completa, merced a la edición crítica de Emilio Casares y Xavier de Paz.
RECOMENDACIONES DISCOGRÁFICAS
Hoy no recomendaremos novedades discográficas, como solemos, sino que, a través de esta sección recordaremos a tres intérpretes muy destacados del panorama musical internacional, fallecidos en los últimos días: la soprano italiana Graziella Sciutti y los directores de orquesta Peter Maag y Giuseppe Sinopoli. Y si comenzamos por este último es porque su fallecimiento, a los cincuenta y cuatro años, en pleno trabajo, dirigiendo la ópera “Aida” (la ópera con la que debutó, significativamente), ha pillado de sorpresa y ha conmocionado a todo el mundo artístico.
R. STRAUSS: “La leyenda de José”. Staatskapelle Dresden / Giuseppe Sinopoli. DEUTSCHE GRAMMOPHON 463 493-2 (63’52”)
He aquí a Sinopoli unido a dos nombres importantes en su vida, a los que estaba unido musicalmente: el sello Deutsche Grammophon, para el que graba en exclusiva desde hace muchos años, casi desde el principio de su carrera internacional, y la Staatskapelle Dresden, la orquesta más antigua del orbe, de la que era director titular. En un concierto grabado en vivo, como casi todos los últimos discos de Sinopoli, el maestro italiano da inusitado relieve a una partitura llena de bellezas ocultas: el ballet de Richard Strauss —con argumento de Kessler y Hofmannsthal— “La leyenda de José”, una rareza que nunca antes había sido grabada con tal esplendor técnico y sonoro. La orquesta, especialista en la obra de Strauss, está rutilante, desde luego, y Sinopoli demuestra como cada vez más se iba implicando en el mundo sonoro de este compositor, del que aún tiene cosas grabadas que habrán de ser publicadas póstumamente.
MENDELSSOHN: Sinfonía nº 3 “Escocesa”; “El sueño de una noche de verano”. Orquesta Sinfónica de Londres / Peter Maag. DECCA 466 990-2 (79’25”).
Hace 43 años —es decir, hace toda una vida— esta interpretación de la “Escocesa” de Mendelssohn, que es una de las sinfonías más grabadas de todos los tiempos, descubría al mundo al director suizo Peter Maag. Desde entonces, Maag intentó grabar todas las sinfonías de este compositor, para el que era idóneo, con un par de compañías distintas, pero no lo logró hasta hace bien poco, y fue con una orquesta española: la Sinfónica de Madrid. Maag ha sido una presencia muy habitual en la vida musical española. Ojalá siguiera siéndolo. El presente disco nos lo trae en sus maravillosos comienzos. La suya sigue siendo una “Escocesa” de referencia. Pero además, esta reedición de la serie Legends de Decca, ofrece, aprovechando el cedé casi hasta los 80 minutos, la música de “El sueño de una noche de verano” del mismo autor, con las voces de las sopranos Jennifer Vyvyan y Marion Lowe y de la sección femenina del Coro del Covent Garden, con la misma Sinfónica londinense.
MOZART: “Don Giovanni”. Sciutti, Wächter, Taddei, Schwarzkopf, Sutherland, Frick, Alva, Cappuccilli. Coro y Orquesta Philharmonia / Carlo Mª Giulini. EMI 7 47260 8 (162’10”) 3 CD.
Muchas son las sopranos ligeras que se disputan el honor de ser la mejor Zerlina... incluso alguna mezzosoprano. Pero como Graziella Sciutti, mucho me temo que ninguna. Su voz bella y homogénea —aunque no fuera grande— y su acusado conocimiento estilístico, amén de sólida técnica y refinado gusto, hicieron de ella no sólo una gran Zerlina, o una gran mozartiana en general, sino una estupenda belcantista en todas sus facetas: toda una señora cantando la música de finales del XVIII y principios del XIX, fuera Haydn, Paisiello o Donizetti. En este “Don Juan”, nos la encontramos, además, incomparablemente acompañada por otras dos grandísimas sopranos —la Schwarzkopf y la Sutherland— y por tres barítonos como Taddei, Cappuccilli y Wächter. Esta grabación, soberbiamente dirigida por Giulini en 1959, es, sin duda, una de las mejores grabaciones de estudio —por no decir la mejor— de esta dificilísima obra.