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15 de Diciembre de 2000

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MúSICA CLáSICA

Navidaz con zeta

Por Carlos de Matesanz

Es terrible, señoras y señores lectores: se acerca la Navidad. Pero no la Navidad del dulce Nacimiento, la de los buenos sentimientos y la familia reunida en el hogar: sino esa otra Navidad de la que no hacemos más que quejarnos pero a la que nos lanzamos ansiosos como consumidores natos que somos, la Navidad vulgar y materialista que, por su propia vulgaridad y materialismo debería ser llamada Navidaz con zeta... sin que esto tenga nada que ver con el Grupo ídem de comunicación, claro.
Sabedores de que, inmersos en esta vorágine consumista, también los melómanos vamos a picar y a dejarnos los cuartos comprando como todo quisque, los sellos discográficos incrementan sus lanzamientos y los centros musicales, sus “conciertos de Navidad”; conciertos que, dicho sea de paso, son siempre el mismo: el sobadísimo “Oratorio de Navidad” de Bach o “El Mesías” de Händel. En países más cultos musicalmente, alternan esta omnipresencia con obras como “La infancia de Cristo” de Berlioz, el “Cascanueces” de Tchaikovsky, el “Hänsel und Gretel” de Humperdinck o “El Murciélago” de Strauss. Y no deberíamos olvidarnos de la “Misa del Gallo” de Charpentier o el “Oratorio de Navidad” de Saint-Saëns, que por este solar hispánico, ni los conocemos. Bueno, pues, a pesar de ello, nosotros (es decir, nuestros responsables culturales) empeñados en Bach y en el que va a acabar siendo su “Oratorio de Navidaz con zeta”.

Y esto sería un mal menor, porque la gran música -y más la de Bach- nunca estorba, sino todo lo contrario, aunque se la sobe más de la cuenta. Lo que realmente da una pereza de morirse son los montajes navideños de ínfimo nivel y de máxima promoción, tanto en lo concertístico como, sobre todo, en lo discográfico. Ya saben: los divos de turno dándole al villancico hortera (o al villancico horteramente aliñado, porque algún villancico estimable “per se” habrá, aunque lo dudo). Este año, además, toca suplicio máximo: ¡¡¡Los Tres Tenores cantan a la Navidaz con zeta!!! No vamos a extendernos en denuestos, porque todos sabemos la catástrofe musical que ello significa.

Igualmente desconsolador es que el sello musical de nuestro ente público RTVE se apunte al bombardeo navideño aprovechando estas fechas de consumo para sacar su enésimo subproducto de “Clásicos musicales”, disco horroroso en el que, quitando una pieza de Teobaldo Power dirigida por Argenta, todo es para tirar a la basura.

Menos mal que, a pesar de todo esto, la Navidad con de sigue ahí y que quienes aún tengamos un poco del niño que fuimos dentro intentaremos revivirla. Y si no, como antídoto -porque de los Tres Tenores no nos libra nadie, aunque nos encerremos bajo siete llaves en casa- siempre podemos ponernos morados a escuchar sinfonías de Shostakovich, cuartetos de Beethoven y Madrigales de Monteverdi, que nada tienen que ver con la Navidaz con zeta.


RECOMENDACIONES DISCOGRÁFICAS

R. STRAUSS: Integral de lieder con orquesta. Solistas vocales, Orquesta Filarmónica de Niza / Friedrich Haider. NIGHTINGALE NC 000072-2. 3 CD (197’17”).

Todas las canciones para voz y piano de su creación que orquestó el propio Richard Strauss están recogidas en esta interesante nueva grabación, cuyo único lunar está, precisamente, en la prestación orquestal, pues la Filarmónica de Niza -muy bien dirigida por Haider- es agrupación en exceso modesta, aunque muy pulcra, para este empeño. Sin embargo, las prestaciones vocales son excelentes, comenzando por la esposa del director, la imponente Edita Gruberova, que es una excelente straussiana. Las otras dos sopranos -Judith Howard en los lieder más ligeros y Adrianne Pieczonka en los más pesados, incluyendo los “Cuatro últimos”- quedan un tanto a su sombra, igual que la mezzo Petia Petrova, de bello timbre. Los caballeros brillan por sí mismos: Peter Straka, a pesar de su voz de tenor no muy hermosa; Boje Skovhus como uno de los grandes barítonos liederistas de la actual generación, y el gran bajo Kurt Moll como el fantástico artista que siempre ha sido, a pesar de que su voz haya perdido brillo.

VARIOS: Thomas Adès, piano. Obras para piano del siglo XX interpretadas por Hades. EMI 5 57051 2 (72’01”).

Thomas Adès es uno de los compositores jóvenes más promocionados del actual panorama internacional merced a su relación como compositor residente de la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Birmingham y su contrato con el sello EMI, con el que ya ha grabado varias de sus obras, dirigiéndolas. Pues bien, además de director y compositor, Adès es un notable pianista, tal y como puede apreciarse en este su primer y muy interesante recital. Junto a piezas de vanguardia de György Kurtág, Conlon Nancarrow o Niccolò Castiglioni -elegidas con mucho tiento-, Adès interpreta piezas más clásicas de Grieg, Stravinsky, Busoni o Janáçek, descubriéndonos, además, al compositor Alexey Stachinsky (1888-1914). Más que por sus valores estrictamente pianísticos, que los tiene, éste es un disco de interés estrictamente musical. A Adès podrá criticársele -y no sin motivo- como compositor o intérprete, pero no como exquisito seleccionador musical.

WAGNER: Oberturas y preludios. Orquesta Filarmónica de Viena / Karl Böhm. DEUTSCHE GRAMMOPHON 469 538-2 (48’54”).

Pasamos al apartado de reediciones fijándonos en un par de referencias recientemente incorporadas a la serie económica Classikon y que son históricas, como el presente cedé con las oberturas de “Rienzi”, “Tannhäuser”, “Maestros cantores” y “Parsifal” de Wagner, dirigidos a la mejor orquesta del mundo por Karl Böhm, con su particular solidez y luminosidad, interpretaciones de ideales modestos y terrenos pero sinceros y de realización magnífica. La música respira por sí misma, fluye espontánea y clara, sin alambicamientos. Lástima de lo breve que es la duración del disco, en el que hubieran cabido, perfectamente otros dos preludios más: por ejemplo, “Tristán” y “Lohengrin”.

DEBUSSY: Cuartetos. Cuarteto Lasalle. DEUTSCHE GRAMMOPHON 469 591-2 (51’39”).

Tampoco es muy generosa la duración de esta otra referencia, pero éste es un compacto perfectamente completo en sí mismo. La agrupación de los dos únicos cuartetos de Debussy y Ravel es inevitable y siempre deseable; obras vecinas y casi consecuente la una de la otra. Además, esta interpretación, límpida, aristada e implacable, es una de las máximas referencias discográficas de estos cuartetos, insuperada desde el punto de vista “moderno”; desde el “romántico”, tal vez cabría preferir al Cuarteto Orlando o al de Tokio. La toma sonora, además, es de excepcional calidad.
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