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20 de Abril de 2001

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Naturaleza sí, tecnología no

Por Antonio López Campillo

Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad. Los resultados, los productos sociales de esa "barbaridad", a veces dan miedo. Y hay poderosas razones para temer los avances del saber sobre el mundo. Las biotecnologías están de moda. Las manipulaciones genéticas, cuyos efectos más visibles en la prensa son los organismos modificados genéticamente, el clonado de mamíferos, la oveja Dolly es el ejemplo más citado, han despertado una inquietud social seria. Y qué decir de la energía nuclear…
Los avances de la ciencia crean, casi siempre, temores. Y casi siempre los resultados de esos avances han alterado los modos de vivir de los humanos, con lo que, en parte se justificaban los temores, y también, en muchos casos, hacían que se acabasen aceptando las modificaciones y tras ello los descubrimientos. Con la genética las cosas son más duras. Estos estudios conducen a las manipulaciones genéticas y eso ya es otro cantar.

Ahora los científicos, van y nos tocan los genes, que son los responsables de nuestra naturaleza y los que aseguran que nuestra descendencia sea verdaderamente nuestra. Modifican, artificialmente, la naturaleza de animales y plantas lo que puede conducir a catástrofes al alterar la vida natural en este planeta.
Para muchos, incluidos científicos de renombre, la medida urgente es que un conjunto de leyes establezcan una moratoria sobre la biotecnología de ingeniería genética. Es decir: como el saber implica riesgos, paremos el saber. La moratoria significa parar momentáneamente, establecer un plazo, antes de reemprender algo. ¿Hasta cuándo? ¿Cuándo se sepa más sobre el asunto? Pero cómo saber más si no se investiga el asunto, es decir si no se hacen experiencias de ingeniería genética que permitan ver cuál es el resultado.

Suponer implícitamente, como lo hacen los que reclaman la moratoria, que ahora podemos predecir el resultado de las manipulaciones es declarar que se conoce a fondo, no sólo la biotecnología, sino también sus consecuencias, y en ese caso las experiencias nuevas son inútiles. Si saben lo que va a pasar no hay que reclamar una moratoria, hay que exigir una prohibición de todo estudio nuevo de biotecnología.

En realidad lo importante no es pedir una moratoria o una parálisis de la investigación, hay que exigir un control muy serio sobre lo que se hace en esos terrenos científicos. Y eso es mucho más difícil de poner en práctica. Una moratoria o una prohibición la pueden imponer los gobiernos, que son a los que dirigen las peticiones de los demandantes. El control serio sólo puede ser el fruto de la acción de una mayoría de ciudadanos conscientes, no sólo de ser ciudadanos, también de saber lo suficiente para juzgar lo seguro del control.

Hoy se pide a los gobiernos que controlen, cuando lo que hay que hacer es controlar a los gobiernos, y sus controles. Un control ciudadano exige, para ser eficaz, que los ciudadanos tengan: un conocimiento mínimo, pero sólido, de lo que se sabe en ciencia y, lo que es más importante, una moral fuerte. El conocimiento se puede lograr mediante una educación adecuada, no la de hoy aquí, y una buena divulgación científica. Lo segundo, eso de una moral fuerte, es mucho más difícil conseguirlo.

Moratoria o ciudadanía, la elección no es tan sencilla.
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