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13 de Abril de 2001

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Miles de hecatombes europeas

Por Antonio López Campillo

Cien bueyes es el significado en griego de la palabra hecatombe, y que designaba el sacrificio de cien bueyes que los antiguos hacían en determinadas circunstancias. Hoy son miles las hecatombes en Europa. Sacrificio expiatorio de una necedad de las autoridades europeas. La necedad es la obra de un necio, que según la Real Academia, es el que no sabe lo que debía saber, un imprudente y falto de razón. Lo sucedido con la epizootia de glosopeda, fiebre aftosa para los íntimos, parece indicar que el comportamiento de las autoridades que manejaron el asunto merece el calificativo que define a un acto imprudente y falto de razón.
Hace unos diez años se decidió prohibir la vacunación de las reses sensibles a la glosopeda. Las razones aducidas parecían de lo más correcto. Era una vacuna que había que repetir, lo que la encarecía, y lo que era más inquietante, los anticuerpos de las reses vacunadas eran semejantes a los de los animales enfermos. Luego vacunar a una vaca, o una oveja era lo mismo, ante un análisis, que contagiarla. O lo que es lo mismo no era, en la época, posible distinguir un animal vacunado de un enfermo. Esto hacía que en caso de vacunar las reses no serían aceptadas en otros países, con lo que la exportación caería en picado, causando pérdidas enormes. Lo lógico era, pues, no vacunar si se quería exportar. Se corría el riesgo que en caso de la aparición de un foco de fiebre aftosa, se produjera una epizootia, que podría ser catastrófica. Debieron pensar, pero no mucho, que el riesgo era pequeño y así salieron las cosas.

Sin duda gastarse unos pocos millones de dólares en realizar unas investigaciones destinadas a la mejorar de las vacunas y de los métodos de detección de anticuerpos, hubiera sido una excelente inversión. Claro que intelectualmente era mucho más fácil, y más barato, promulgar una ley o un reglamento. Y según el principio de mínima acción, optaron por lo segundo. Lo más sensato hubiera sido tomar las dos medidas al mismo tiempo.
Todas las culturas son iguales, esto lo sabe todo el mundo, pero hay culturas que son "más iguales", precisamente aquellas que son capaces de pedir responsabilidades de sus actos a las autoridades.

En medio de la catástrofe actual, de esta plurihecatombe, se buscan los posibles focos de donde surgió la peste, de cómo se transmitió, de lo malos que son los otros países que nos han contagiado, todo se mira y se discute, pero nadie habla de pedir cuentas a las autoridades de la decisión que tomaron hace diez años. Acaso se considera que las autoridades sean ab ovo o por definición, no-responsables, es decir irresponsables. De ser así la cultura europea es de las "iguales", no de las "más iguales".

En ese caso habría que declarar que: "Todos los ciudadanos europeos son iguales ante la ley, excepto los funcionarios europeos", que evidentemente están por encima de las leyes vulgares.

Esto nos situaría, con pleno derecho, en el centro del pelotón de las culturas "iguales".

Lo que no deja de ser muy inquietante, pues habrá que gritar, por doquier, el lema europeo:

¡Hecatombes si, vacunas no!.
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