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9 de Marzo de 2001

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LA PRUEBA DE LA SEMANA

Mercedes C Sportcoupé 220 CDI: una imagen vale más...

Por Enrique González

Con el nuevo C Sportcoupé, Mercedes explora un segmento nuevo para ellos como es el de los compactos. Además es la primera vez que una carrocería de dos puertas recibe un motor Diesel, una configuración idéntica a la probada esta semana.
Sí lucir la estrella de tres puntas es ya todo un reclamo, qué decir si además disponemos de una carrocería con todo el atractivo y el "glamour" que encierra la del C Sportcoupé y la existencia de unos precios desde los 4,6 millones. Pues, simplemente, que despierta una gran expectación a su alrededor, algo lógico, por otro lado, dada su novedad en el mercado y por ser también un Mercedes, un objeto de deseo que ahora muchos usuarios pueden ver más cerca.

ATRACTIVA ESTÉTICA

Si la estética exterior va a encandilar a muchos, el interior no se queda atrás. Este deportivo de 4,34 metros de longitud está muy bien aprovechado en términos de espacio. En las plazas delanteras, la sensación de desahogo está siempre presente y en las traseras dos adultos pueden viajar cómodamente.

El acceso a las mismas está bien resuelto. El asiento del pasajero bascula por completo y vuelve a su posición original una vez abatido. No obstante, regular la inclinación del respaldo puede llegar a ser toda una pesadilla, pues la mano de un adulto apenas cabe entre la cajonera central y el lateral del mencionado respaldo.

Los acabados, por su parte, son de auténtica referencia y el celo que habitualmente pone Mercedes en estas lides se aprecia en todos los detalles, en la tapa de la guantera, en los remates del techo, en las puertas...

De los cuatro motores disponibles, el C 220 CDI es el que más llama la atención, por eso de ser Diesel, y también porque va a ser el más demandado.

Con 143 CV y un elaborado sistema de alimentación, por inyección directa y raíl común, el C 220 CDI despunta por una progresiva entrega de la potencia y por una respuesta muy suave, detalles ambos que acompañan a la última generación de motores turbodiesel con la técnica del raíl común.

La sonoridad y los consumos están a la altura de las circunstancias. En un uso normal, se pueden mantener medias entre 7 y 8 litros a los 100 km, mientras que si circulamos deprisa los 11,1 litros que hemos registrado en nuestra prueba tampoco están nada mal.

CAJA DE CAMBIOS POCO DEPORTIVA

Lo que menos nos ha gustado ha sido el cambio. Sí se emplea con rapidez, su tacto no acompaña, ni con el potencial del motor ni con una conducción deportiva, sobre todo en las reducciones. Es una lástima que una marca con semejante poderío tecnológico no disponga de una caja manual en condiciones.

En cuanto al chasis, el C Sportcoupé saca consabido partido al moderno esquema de la berlina de la que deriva. El comportamiento es muy equilibrado. Conducir este coche no supone esfuerzo alguno y la nobleza de todas sus reacciones no admite ninguna duda. En terreno virado tampoco hay que preocuparse. Todos sus movimientos son bastante predecibles y, si prescindimos del control de estabilidad que equipa en origen, cualquier corrección al volante es bastante fácil.

Por lo demás, el C Sportcoupé es también un coche muy completo. El equipamiento de serie incluye un gran número de accesorios, bolsas de aire para proteger la cabeza, control de estabilidad ESP, volante multifunción, climatizador automático y un largo etcétera.

El programa de opciones tampoco desmerece. Llama la atención el techo panorámico de cristal, que permite una apertura mucho mayor que la de cualquier otro techo solar convencional, aunque, eso sí, cuesta la friolera de 300.000 pesetas.

Para finalizar diríamos que el C Sportcoupé 220 CDI es un modelo ejemplo de distinción y equilibrio que viene con ganas y argumentos para ser la referencia de su clase. Ahora bien, el precio de este CDI —5.157.000 pesetas— puede echar atrás a más de uno, sobre todo cuando un Audi A3 con el motor TDI de 130 CV —el nuevo BMW Compact con el motor Diesel llegará a finales de año— en su acabado más completo cuesta un millón de pesetas menos.


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