MúSICA CLáSICA
Malditas vanguardias
Por Carlos de Matesanz
Recién clausurado el siglo XX, miramos hacia atrás, y no conseguimos ver nada... Qué siglo, madre mía, qué siglo. Y no hay ni que pensar en las guerras mundiales ni en las revoluciones tecnológicas; basta con ceñirse a lo artístico, a lo musical en concreto, que es más lo nuestro. El cambio de siglo vio la disolución de un sistema tonal imprescindible en el desarrollo de la música occidental desde el medioevo. En los años 20 se consuma esa disolución con la irrupción del dodecafonismo, del atonalismo en suma. Y esa lógica conclusión que debía haber supuesto el nacimiento de un nuevo lenguaje llevó... a la nada. Han pasado ochenta años, muchos, demasiados años, y el dodecafonismo —que ha tenido sus buenos y malos momentos creativos— sigue sin ser aceptado por una abrumadora mayoría de melómanos, que encuentran en las obras maestras de Schönberg, Webern y Berg un obstáculo insalvable.
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¿Que a qué viene esta reflexión finisecular? Pues a un disco de excelente realización musical y sonora que ha lanzado el sello EMI (5 57129 2), titulado “¿Quién teme a la música del siglo XX?”, registrado en vivo en unos conciertos de la Orquesta Filarmónica Estatal de Hamburgo dirigida por Ingo Metzmacher. Y ¿cuál ha sido el criterio para confeccionar este “quitamiedos” discográfico al siglo XX, tan rico en lo musical como en todo lo artístico? Pues prescindir de las vanguardias. Ojo: y eso que lo dirige Metzmacher, que es un especialista de la música más reciente, magnífico intérprete, por ejemplo de Berg. Pero su selección no lo incluye, ni a Webern, ni a Schönberg, ni a Boulez, ni a Stockhausen. Se basa en clásicos ligeros (Gershwin, Bernstein, Korngold), piezas “mecanicistas” de Adams, Honneger y Mossolov y obras de grandes clásicos que vivieron al margen de las vanguardias (Shostakovich, Ravel, Falla, Prokofiev).
Al margen de las vanguardias, grandes músicos como Nielsen, Janáçek, Szymanovski o, más recientemente, Britten y Messiaen, supieron crear un nuevo lenguaje a partir del antiguo, mirando sólo de reojo a las vanguardias. Su música hoy es cada vez más aceptada y, en pocos años, probablemente abiertamente popular. Pero aquellos rupturistas —de la llamada “Segunda Escuela de Viena” — siguen siendo “el obstáculo” de la música del siglo XX. Y eso que, indiscutiblemente, fueron músicos geniales y su propuesta de renovación absoluta del lenguaje musical fue lógica y honrada. Pero... al romper el sistema tonal ¿qué más rompieron? ¿Qué necesidad psicológica o fisiológica tiene el oído (la mente) de él para que, ausente esa relación entre los tonos, se sienta de entrada perdido y no reconozca a la música como tal? ¿Porqué la música atonal es reconocible de entrada más como ruido que como música? Yo no me creo que todo sea sólo cuestión de educación; sólo veinte años después de su muerte el Beethoven que fue un vanguardista incomprendido en vida era ya un dios adorado y popular; con las vanguardias del siglo XX, han pasado ya ochenta años de progresiva culturización del mundo y algunas creaciones de Schönberg siguen poniendo en fuga a melómanos pertinaces y curtidos.
Mientras continuamos intentando responder la pregunta en negrita formulada más arriba, recomendamos un paseo por los grandes clásicos “accesibles” de la pasada centuria, que son los que realmente nos harán exclamar, como en la portada del mencionado disco “¿Quién teme a la música del siglo XX?”
RECOMENDACIONES DISCOGRÁFICAS
PUCCINI: “Tosca”. Guleghina, Licitra, Nucci, Parodi, Gavazzi, Mariotti. Coro y Orquesta del Teatro alla Scala, Milán / Riccardo Muti. SONY S2K 89271 (113’27”). 2 CD.
Dos puntos de interés ofrece está centésima “Tosca” en la historia del disco. Primero, la dirección del gran maestro Riccardo Muti, que cada vez le coge mejor el pulso dramático a la música de Puccini. Este registro, en vivo, es muy preferible a su anterior “Tosca” gelidísima en el sello Philips. El segundo punto de interés es la voz del tenor Salvatore Licitra, más por lo que promete (si no se tuerce) que por lo ofrece, que es un Mario Cavaradossi efusivo y sencillamente correcto. Ni Leo Nucci, un Barón Scarpia al que más le valdría haberse jubilado antier, ni la bien trabajada pero un tanto descontrolada Tosca de Maria Guleghina son recomendables como primera opción. Las discográficas deberían pensárselo mejor antes de volver a sacar más “Toscas” sin auténtico interés, existiendo como existe la divina de la Callas con De Sabata, además de otras cuantas en serie económica (la Price, la Tebaldi, la Caballé).
DVORÁK: Cuartetos Op. 51 y 105. Cuarteto Alban Berg. EMI 5 57013 2. (62’58”).
El cuarteto vienés no para de engrosar su lista de grabaciones, echando cada vez más mano de sus conciertos registrados en vivo, con una calidad sonora (de los intérpretes y de la toma técnica) que los hacen parecer de estudio, excepto porque resultan mucho menos fríos. En el presente disco presentan dos cuartetos de madurez de Dvorák, con tal idoneidad, que nos hacen desear que sigan grabando sus obras cuartetísticas hasta dejarlas todas registrados: sería una integral deslumbrante, tal vez menos “racial” y enérgica que la del famoso Cuarteto de Praga para Deutsche Grammophon, pero de una enorme belleza sonora, de gran equilibrio y de alma insobornablemente romántica.
SOROZÁBAL (padre e hijo) : “Las de Caín”. Tourné, Higueras, Cesari, Catania. Orquesta de Conciertos de Madrid / Pablo Sorozábal. EMI 5 74342 2 (52’32”).
Para los amantes de nuestro género lírico, recomendaremos siempre las grabaciones de zarzuelas de Sorozábal de EMI dirigidas espléndidamente por el propio compositor con repartos siempre cuidados. Grabaciones que continúan reeditándose sin sustanciales mejoras sonoras y, ahora, además, con unas portadas que son un auténtico mamarracho. Aquí tenemos la única obra que compuso don Pablo con su hijo y que, tal vez por ello, es una de las menos logradas de su catálogo. A pesar de ello, la obra es cuidadosísima, muy bien traída y capaz de agradar siempre. Y la interpretación es deliciosa, con una Teresa Tourné y un Renato Cesari que son auténticos galanes sonoros. Sin prejuicios: pasen un ratejo divertido.