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2 de Febrero de 2001

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CRóNICAS REALES

Los Saboya proscritos

Por José Apezarena

“A los ex-reyes de la Casa de Saboya, a sus consortes y a sus descendientes, les está prohibido el ingreso y permanencia en el territorio nacional”. Así reza el artículo 13 (precisamente el trece) de la Constitución italiana, una disposición que, aunque sigue vigente, está cada día más en el aire, por las cada vez más intensas críticas que viene suscitando. Desde 1946, pues, los miembros de la Familia Real de Italia no pueden poner pie en su tierra, cosa que han cumplido escrupulosamente en este medio siglo largo.
La polémica por el mantenimiento de la prohibición se ha reabierto estos días, tras el fallecimiento, hace una semana, de la Reina María José, muerta en el exilio de Ginebra, donde murió en 1983 su marido, Humberto II de Saboya. Junto a él acaba de ser enterrada, también en el exilio, en la abadía de Hautecombe, en la Alta Saboya francesa.

María José, hija de Alberto I de Bélgica, casó en 1930 con el heredero de Italia, que llegó al Trono el 9 de mayo de 1946, tras la muerte de Víctor Manuel II. Los coqueteos de este último con Mussolini habían dejado herida de muerte la Monarquía, y el reinado de Humberto y María José dura veintisiete días, hasta el punto de merecer el nombre de “los Reyes de mayo”. Tras el referéndum que instaura la República, la Familia Real marcha al exilio el 15 de junio de 1946.

Los Reyes y sus cuatro hijos, María Pía, Víctor Manuel, María Gabriela y María Beatriz, se instalan en Estoril, donde coinciden durante años con la Familia Real española (María Gabriela será uno de los primeros “amores” juveniles de don Juan Carlos de Borbón).

María José se separa pronto de Humberto y marcha a vivir sola a Suiza. A mediados de los 80, el Consejo de Estado italiano acordó que la Reina no constituía un peligro para el país y le dio vía libre para regresar, cosa que ella no quiso hacer, a la espera -que ha resultado finalmente vana- de hacerlo junto a sus descendientes varones, es decir, el Príncipe Víctor Manuel y su hijo, el veinteañero Emmanuel Filiberto.

El presidente de la República, Ciampi, envió un telegrama de pésame por el fallecimiento, con lo que por vez primera un jefe del Estado establecía relaciones directas con la familia proscrita. Con estos avatares, el retorno de los Saboya a Italia parece cada día más próximo. No solamente por la presión social y política (uno de los más fervientes partidarios del retorno es el magnate y político Silvio Berlusconi), sino también porque Emmanuel Filiberto se ha declarado dispuesto a jurar lealtad a la Constitución. De todas formas, el primer ministro, Amato, ha comentado que no haría falta el juramento: bastaría con que se limitaran a declarar lealtad a la Carta Magna. También él quiere dar facilidades.
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