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27 de Abril de 2001

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CRóNICAS COSMOPOLITAS

Los primeros de mayo, llueve

Por Carlos Semprún Maura

Y los transeúntes lloran, porque se trata de un entierro. Es curioso ver como la izquierda plural, unida, jamás vencida, sólo logra reunir a muchedumbres con motivo de entierro, trátese de enterrar personas, como a Jean-Paul Sartre o Dolores Ibarruri, pongamos, trátese del ritual entierro del Primero de Mayo. Porque por escuálidos que sean los desfiles siempre hay más gente que la noche del 23-F (dicen) al 24 de febrero, durante el “tejerazo”. Fácil, no había nadie. Pero ¿qué entierra la gente? ¿las ilusiones perdidas, las revoluciones muertas, la defunción del “movimiento obrero organizado” o los muertos de Chicago en 1883 ( si, si, ¡ 1883! ).
Me imagino que entre los manifestantes nostálgicos, enzarzados en saber si tiene razón Fidalgo o Méndez sobre las pensiones, o ninguno, desfilan porque es costumbre y ocasión de ver a amigos perdidos de vista por la vueltas que da la vida. Y lo hacen para demostrar que “no ha muerto”, como en los entierros de verdad, “estamos aquí para demostrar que algo de él permanece entre nosotros, se nos ha ido pero su recuerdo permanece muy vivo”. Me imagino que los que aún hoy intentan así ilusionarse de que el muerto sigue vivo poco saben que el Primero de Mayo, fiesta Internacional de los Trabajadores, fue decidido en 1884, durante el Congreso de las Trade-Unions (sindicatos) norteamericanos. En 1889, la Internacional Socialista, reunida en París, adopta las mismas resoluciones: hacer del Primero de Mayo una jornada de la lucha a favor de las reivindicaciones de horarios (las famosas 8 horas diarias) y salarios. Pero sólo varias décadas después, a mediados del siglo pasado (se dice pronto), el Primero de Mayo se convierte en muchos países en fiesta legal y hasta oficial ¿Por qué el Primero de Mayo? Porque fue en esa fecha, en 1883, que en Chicago una manifestación obrera a favor de la jornada de ocho horas fue aplastada y ensangrentada por los célebres “pinkerton”, esas milicias privadas que se alquilaban a los patrones para romper huelgas y disparar contra las manifestaciones.

Aquel Primero de Mayo su furor anti-obrero se pasó de la raya y hubo varios muertos. Desconozco la cifra exacta porque he leído algunas veces 70, otras 27, pero eso también ocurre con las víctimas de nuestra guerra civil. El caso es que hubo suficientes muertos para que aquella barbaridad provocara una indignación general en muchos países, empezando por los Estados Unidos. Protestas, nuevas manifestaciones, huelgas solidarias, etc, sobre todo en los sectores obreros y los intelectuales liberales. Porque los liberales no fueron nunca “ anti-obreros” aunque fueran, eso sí, anti-marxistas. Los mejores, en todo caso. Nos sé muy bien a dónde ha ido a parar la Agencia Pinkerton hoy en día. Leí sus “hazañas” en las novelas de John Dos Passos como milicias patronales, pero ese aspecto de su acción pasada ha desaparecido de la prensa. En EEUU, como en todas partes, sigue habiendo policías privadas encargadas de proteger empresas, hombres políticos, estrellas del cine o de la canción, periódicos, etc. Pero además, Pinkenton era y sigue siendo —algo leí en la prensa— una de las más importantes agencias de detectives encargadas de buscar esposos y esposas desaparecidos o adúlteros, niños secuestrados, dinero o joyas robadas, y, no faltaba mas, espionaje y contraespionaje industrial.

Según lo que he leído, la Agencia Pinkerton, siendo carísima, sólo ofrecía sus servicios a ricos, empresas o personas privadas. Nada tenía que ver con los famosos detectives de las novelas y el cine negro, no se emborrachaban con putas en los cafés del puerto. Curioso que el escritor comunista Dashiell Humett (buen escritor, dicho sea de paso, como ya quisiera Vázquez Montalbán) eligiera para comenzar su vida profesional la organización más reaccionaria de Estados Unidos. Pero así son las cosas.

Para volver al entierro del movimiento obrero, los Estados Unidos, que para la “gauche divine” europea sólo transmite imágenes y símbolos negativos: capitalistas, imperialistas, Rookfeller, Ford, Wall Steet, etc, en realidad también transmite, pero muy tenuamente, como las luces de un pesquero antes de naufragar en plena tempestad, recuerdos y noticias de ásperas luchas obreras. Pero de eso no quieren saber nada las señoras vestidas de seda sintética, en sus salones políticamente correctos, esperando a sus maridos, altos funcionarios, pero furiosamente de izquierda ¡No faltaba más! Lo cual no impide que las luchas obreras en USA, para aquellas reivindicaciones elementales, horarios, salarios, libertad de expresión y organización, etc, fueran tan duras, y a veces más que en Europa. Y son, ante todo, esas luchas en “Yanquilandia” las que se conmemoran, sin saberlo, en los tristes desfiles del Primero de Mayo en Madrid o en Bilbao ¡Claro que esta fiesta legal y hasta oficial no tiene ya el contenido reivindicativo que tuvo antaño y la jornada de ocho horas, la matriz de todo esto, ha pasado a la Historia, pero me parece importante señalar que si los trabajadores yanquis lucharon con tanto ahínco como sus camaradas europeos para mejorar la condición obrera jamás cayeron en los extremismos totalitarios del nazi-fascismo o del comunismo, como ha ocurrido en Europa.

En realidad, sabemos muy poco sobre el movimiento obrero norteamericano, esencialmente sindical, no hay “partidos de la clase obrera” allí, y menos mal. Desde Europa, como con casi todo lo que viene de Estados Unidos, se desprecia al movimiento obrero yanqui. Son, se decía, reformistas y hasta reaccionarios, ya que son anticomunistas. Pues sí, tuvieron esa inmensa ventaja de ser anticomunistas, lo cual para algunos es pecado original, y para mí, la condición sine qua non para desarrollar cualquier acción positiva en la sociedad, y sobre todo en la clase obrera. No siempre fue así, a finales del siglo XIX y principios del XX, más o menos, las ideas socialistas venidas de Europa, a veces adaptadas a la realidad norteamericana, otras ni siquiera, desempeñaron su papel entre los trabajadores. Así mismo, el golpe bolchevique de 1917 en Rusia tuvo sus repercusiones, aunque infinitamente menos que en Europa, y hasta hubo pugnas entre trotsquistas y estalinistas, pero eso mucho más en los círculos intelectuales que en los sindicatos obreros.

Desde hace bastantes años, en EE.UU es en Hollywood y en muchas Universidades en donde se reflejan y se manifiestan las modas ideológicas progres, bastante parecidas a las que circulan por Europa. Pero son modas muy pasajeras, volátiles, pasan rápido de Mao a Castro, de Guevara al subcomandante ese, de Marx a Lenin, de Sartre a Habermas, pero siguen siendo de izquierda durante sus estudios. Para muchos, todos los enemigos o adversarios de la Casa Blanca se convierten automáticamente en héroes, se trate de Castro, como de Sadan Hussein. Escritores contratados como profesores asociados o conferenciantes invitados me han asegurado que el anarco-marxismo y la nostalgia de la URSS son mucho más fuertes en USA que en las Universidades europeas que también conocen. Evidentemente, nada semejante existe en los sindicatos obreros norteamericanos, no porque desprecien los malabarismos intelectuales, sino porque traducidos estos a la realidad cotidiana, están en contra, sencillamente. Para decirlo deprisa, son partidarios del capitalismo.

Pero estamos en un entierro, la gente solloza, no es el momento oportuno para ponerse a bailar congas, o gritar. ¡Vivan los sindicatos yanquis! en el sepelio del movimiento obrero europeo. Y eso por un motivo tan sencillo como esencial; porque pese a haber seguido rutas diferentes, haber rechazado el marxismo-leninismo, haber preferido con lucidez el capitalismo y la propiedad privada (dile a cualquier obrero de Detroit que la propiedad privada es el infierno, y más vale que salgas corriendo), pese a eso y a muchas más cosas, han llegado a una situación semejante a la del movimiento obrero europeo: a la burocratización. Mediante decenios y decenios de luchas, a veces muy duras, los sindicatos norteamericanos, mucho más representativos que los europeos, han logrado no sólo un nivel de vida decente para los trabajadores sino situaciones de poder para ellos, y es ese estatuto, a fin de cuentas privilegiado, que quieren conservar. Además, los sectores industriales en los que eran los más fuertes: automóvil, minas, petróleo, siderurgia, etc y etc, a medida que cada vez se necesita menos mano de obra (los robots llegaron hace tiempo) sus privilegios peligran, las nuevas tecnologías no necesitan sindicatos, y lógicamente sus posturas se hacen cada vez más conservadoras. Esto nada tiene que ver con Marx, tiene que ver con la realidad social, en continua transformación. Mi más sincero pésame, compañeros.
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