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30 de Marzo de 2001

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FUEGO AMIGO

Los niños como carne de cañón

Por Antonio López Campillo

En las guerras en África se han visto niños-soldados, con su fusil en la mano, sonrientes, felices de ser como los mayores y tener como ellos el poder de matar. Se comprende que en un clima de guerra se exalte la lucha y que la muerte del enemigo sea algo así como un triunfo. En esas condiciones el matar es el gran rito de iniciación, el paso del estatuto de niño al de adulto. Y este es uno, y de los más despreciables, entre los muchos rasgos de la guerra que la hacen despreciable. En aquellos casos se produjeron algunas protestas, en los medios informativos, no muy enérgicas, es cierto, pero se produjeron. Se señalaba que tal proceder era inhumano y que en el fondo no estaba bien. En algunas asociaciones humanitarias la repulsa fue mucho más fuerte.
La utilización de menores en tareas guerreras indica la idea que en ciertas culturas se tiene aún del ser humano. La exuberante natalidad en esas regiones no es la causa del fenómeno, está en la cultura misma de esos pueblos, donde adultos y niños son poco más que materiales de esos de usar y tirar. (Dicho sea de paso, a nosotros aún nos quedan raíces de esa concepción utilitaria del hombre, recuérdense las reducciones drásticas de personal, en algunas grandes empresas de por aquí y que están mal vistas por la población).

Fue en la Ilustración donde culminó y se generalizó la idea de que el hombre, los hombres, tienen derechos y existe algo que se llama dignidad del Humano, aunque sea un niño. No hace tanto tiempo, no.

Las corrientes de ideas, que proclaman la igualdad de todas las culturas, son las mismas que atacan la Ilustración y sus valores. Su relativismo, cultural y moral, ayuda sin duda a atenuar en la sociedad los valores que defienden la dignidad del humano. Y este debilitamiento moral ya se deja sentir en los media. Es curioso como se pasa, en casos de crímenes, de la comprensión del acto y de sus motivaciones, a la justificación. Es frecuente oír decir: "Si, es cierto que violó y mato a esa niña, pero es que tuvo una infancia desgraciada". Este "determinismo social absoluto" sólo puede sostenerse, si se carece de valores, de aquellos de la Ilustración.

Ese determinismo niega la posibilidad de la evolución del humano, de la importancia de la educación en la formación de los ciudadanos y, en el fondo, el sentido de la responsabilidad individual. No en balde los postmodernos son contrarios a la individualidad. Su lema parece ser "¡ Colectivismo über alles!".
Últimamente han aparecido en los periódicos las noticias de "niños bomba". Niños palestinos cargados con explosivos van a sacrificarse contra los israelitas. En la prensa no se han escuchado muchas voces denunciando el empleo de niños para esas tareas. Se publican las fotografías de los "niños mártires", y declaraciones de niños palestinos que afirman que son "metralla contra los judíos".

El uso de hombres-bomba no es nuevo; los japoneses en la II Guerra Mundial los emplearon, eran los kamikazes. Un adulto puede hacer de su vida lo que quiera. Considerarlo un acto heroico o no es tema de discusión. Se supone que el adulto, es una opinión sumamente optimista, sabe lo que hace. Ciertas doctrinas al parecer alientan más que otras al adulto defenderse. En el caso de menores el asunto es distinto, según una opinión generalizada, por lo general, al niño se le puede engañar más fácilmente que al adulto.

Se puede entender que los niños quieran ser mártires, pues tras su gesto les esperan en el Paraíso unas huríes magnificas. Lo dice el Santo Corán: "estarán echados sobre tapices elevados. Las huríes, a las que hemos formado, a las que mantenemos vírgenes, coquetas, de la misma edad, pertenecerán a los compañeros de la derecha…".
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