FUEGO AMIGO
Los móviles, cual pluma al viento...
Por Antonio López Campillo
Se vendían como churros, pero no eran churros. Eran teléfonos móviles. El mayor consumo de churros suele tener lugar por las mañanas, todas las mañanas, todas, la mayoría los humanos de aquí se levantan como impulsados por el deseo de consumir el churro matinal. Es una evidencia y una tradición que algunos han tomado como reflejo pavloviano. El ser humano, pensaron algunos, que si se le ofrece un producto repetidamente acaba consumiéndolo periódicamente, al anuncio de su puesta en el mercado. Eso es lo que al parecer creían los productores de teléfonos móviles de todos los países; en Francia no es el churro, es el croissant, en Inglaterra es el ham and egg, y así en cada país.
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La característica común al churro, al croissant y al ham es que son consumidos y digeridos por los consumidores, y los residuos evacuados, también diariamente. Los teléfonos móviles, no. El tiempo de digestión es mucho más largo, pero los productores de móviles no se apercibieron o no prestaron atención a la diferencia de "timing".
Empezaron regalando teléfonos, el precio de utilización compensaba el costo del regalo. Y así la gente se acostumbró a comunicar sin retención. El teléfono móvil se convirtió en una necesidad. De este modo desde el más alto palacio a la más humilde choza (hoy quicio de portal) no había bípedo pelado sin su móvil. Como churros. Pero problema de "timing" subsistía y el mercado empezaba a saturarse. Entonces pensaron cambiar el "gusto" del producto y así de sólo acústico le hicieron a la vez óptico. Fue el paso, histórico, del hablar al escribir. Se vendieron bastantes más y esto tuvo consecuencias culturales. Lo reducido de la pantalla obligó a los usuarios a simplificar la lengua empleada y liquidar parte de la ortografía.
Las ventas disminuían, como el conocimiento de la ortografía y la sintaxis, pero como eran hombres modernos pensaron que lo que hacía falta era una innovación tecnológica que reavivara el paladar de los consumidores e introdujeron la televisión en el teléfono móvil. Las dimensiones reducidas de la pantalla no favorecieron su implantación, pero lograron, aspecto inesperado, un incremento en la venta de lupas.
Hoy las empresas de telefonía móvil dan la impresión de que no marchan demasiado bien, como indica la Bolsa y los cierres de fabricas. Las causas son múltiples, pero entre ellas está un tema de física elemental: el del espacio y el tiempo. Tiempo de digestión del producto y espacio de la pantalla. Perece mentira que los dirigentes de una industria puntera repleta de ciencia y tecnología, no sepan que Einstein dijo que vivimos en un mundo de cuatro dimensiones: el espacio-tiempo.

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