Mohamed VI, el joven Rey de Marruecos, ha protagonizado una complicada visita oficial a España, y no por voluntad del Gobierno español, que quería darle el máximo ringorrango, sino por deseo del Monarca, que ha viajado hasta aquí, digámoslo pronto, con miedo.
Su primer temor ha tenido que ver con la prensa española. No se le olvida la pésima acogida que dieron por aquí a la visita de su padre, Hassan II, con duras críticas a su acción de Gobierno y a la situación política en Marruecos, pero sobre todo aludiendo a la vida e inclinaciones personales del Monarca. Mohamed no tenía ninguna gana de que con él pasara algo semejante.
El segundo miedo tenia que ver con la presencia de compatriotas suyos en tierra española. Son doscientos cincuenta mil los legalizados, muchos de ellos escapados del régimen de vida, y económico, que sufrían en su país, y por tanto capaces de montarle un escándalo en cualquier acto público.
Por ese motivo no aceptó el Rey el nombramiento de Doctor Honoris Causa por la Universidad de Granada. Se cuenta que los servicios secretos marroquíes le advirtieron de la posibilidad de que los miles de estudiantes marroquíes que allí cursan alguna carrera le podían organizar un numero más que regular. Eso le dijeron, al menos, y Mohamed les hizo caso.
Igualmente, en la recepción que en Madrid le ofreció a la colonia marroquí, la selección de asistentes fue estricta. Nadie pudo colarse. Como consecuencia, los aplausos fervorosos presidieron la velada.
Y luego estaba la prevención ante los saharauis. En efecto, éstos fueron protagonistas de los únicos, y casi inadvertidos, incidentes ocurridos durante la estancia oficial del soberano alauita.
Así que la visita quedó en bastante poco. Además, las dos partes no se privaron de soltar en público los asuntos que nos separan, especialmente por parte marroquí, que habló de Ceuta y Melilla - aunque fuera en boca del ministro de Exteriores, no deja de ser una descortesía- y del trato que reciben aquí sus compatriotas como emigrantes. Y España no dejó de recordar que sigue pendiente el referéndum sobre el Sahara, además de los problemas de pesca. El ilustre visitante no quiso salirse del guión rutinario de estas visitas. Hasta acudió al Ayuntamiento para recibir la Medalla de Oro de Madrid, a pesar de que ya la posee: se le entregaron cuando vino como Príncipe heredero.
Para el consumo interno, uno de los puntos de interés en este periplo fue ver si venía con él la que para muchos puede ser la futura Reina de Marruecos. Se trata de una guapa muchacha, de formación occidental, que ha realizado un master en los Estados Unidos. Es hija de una hermana de Hassan II, y, por tanto, prima del Rey, y en alguna ocasión sí ha figurado en el séquito real. No ha viajado, sin embargo, a España, donde el papel de “segunda dama”, como de costumbre, ha sido desempeñado por la hermana de Mohamed, la princesa Laila.