Texto grandeTexto normal
Ideas Ir al contenido
22 de Junio de 2001

En portada

Teoría del desnudoPor Lucas Soler
El individuo contra todoPor Carlos Semprún Maura
El revés de la tramaPor Rubén Loza Aguerrebere
Felicidades, MajestadPor José Apezarena
PhotoespañaPor Pablo Jimenez
A dónde vamos a pararPor Fabián C. Barrio
Joe Quesada toma el PoderPor David Jiménez Torres
En busca de un modeloPor Manuel F. Ayau Cordón
Enfermedades dentalesPor Carmen Fernández Ruiz
Mazda renueva su 323Por Enrique González
Ecológico y poco lógicoPor Francisco Capella
La ampliación de la UEPor Ingolf Günter Krumm
Los hispanos cantan en la RedPor Fabián C. Barrio
La educación matemáticaPor Alicia Delibes
El antiyanquismo y ChávezPor Aníbal Romero
SinopolizantoPor Carlos de Matesanz
Cómo mentir diciendo la verdadPor Antonio López Campillo
Semana del 16 al 22 de junioPor I. González y Rosana Laviada
Despilfarro gubernamentalPor Michael Franc
Pensando en los niñosPor Andrés Arconada

Suplementos

Compartir

Buscador

Google
Palabra (s)

DE LA GLOBALIZACIóN COMO MITO MEDIáTICO

Los mercados interiores están llegando a su fin

Por José Hermida

Estados Unidos, Canadá y Europa conforman mercados de proporciones inmensas en comparación a los que se presentan en el resto del planeta. Una obviedad de estas características está pasando inadvertida ante los analistas de Internet. Tanto desde las posiciones conservadoras como desde las más revolucionarias (y hoy en día el concepto revolución resulta extraordinariamente sinónimo de conservación) se da por cierto que la llamada Globalización constituye una realidad más que evidente, cuando no es cierto en absoluto.
Unos programan lo global como panorama saludable, y los otros como amenaza. Podríamos abstenernos todos, y de una vez por todas, de tales juicios: un mercado henchido de compradores no requiere mayores aventuras; el público cuenta con dinero, o por lo menos con el dinero que los bancos centrales consideran suficiente para colmar las demandas de satisfacción de los ciudadanos, una vez drenados de excesos por vía impositiva, de tal forma que pueden adquirir productos o contratar servicios, de acuerdo con sus posibilidades económicas, de contactos sociales o de capacidad individual, comprendiendo aquí la inteligencia, capacidad de trabajo, ambición personal y habilidad para la interacción social. Es lo mismo que sucede con las sectas en las que los acólitos entregan sus rentas al capitoste del cotarro y él o ella deciden cuánto te corresponde a ti.

Resulta chocante que no puedas adquirir un producto de Dellhost si no eres residente en el Reino Unido, Estados Unidos o Canadá. Es como si el resto del mundo no existiese. No es una cuestión de raza, religión o creencias: de lo que se trata es de la localización geográfica de tu negocio. Puedes ser pakistaní, pero por favor, ten la oficina en Detroit o no jugaremos contigo. Para cualquier profesional del marketing, la cosa es como para llevarse las manos a la cabeza: ¿por qué despreciar el resto de los mercados?

Presumo que se trata de ceguera. Los amantes de las confabulaciones esotéricas y los devotos de revoluciones perdidas pueden atribuir el asunto a extraños designios pergeñados por poderosos Doctores No empeñados en dirigir al mundo. Que no se molesten en abordar semejante tarea: tales doctores, si los hubiere, se verían afectados por una miopía fuera de lo común, porque mientras tanto, las empresas chinas y las coreanas, medianamente armadas con conocimientos básicos de inglés como lengua franca, venden y adquieren sus productos y servicios en los más recónditos lugares del mundo gracias a las bases de datos de oportunidades de negocio electrónicas presentes en Internet, bases de datos que los norteamericanos y europeos desprecian no prestan atención, pues bastante tienen con competir en sus respectivos mercados interiores (más del 70% de las “exportaciones” españolas tienen a países europeos como destino. Es algo increíble.

Y mientras tanto, el mundo hispano sigue obsesionado con los sueños de participación en una sociedad económica global en la que no le dejarán participar si no cuentan con la sagrada munición del pago al contado, verdadero y único poder, llave que abre todo negocio (incluidos los malos negocios) y recurso de reducción para mercados rebeldes o inhóspitos.

El camino del poder lo están marcando los asiáticos, gente desprovista de complejos, consciente de las diminutas dimensiones de sus mercados propios, firmemente convencida de que el mundo todavía sigue teniendo unas dimensiones considerables, habilidosa en el manejo de los recursos de Internet y conscientes de las posibilidades de negocio que se abren para las pequeñas empresas cuyos líderes no consideran prioritaria la posesión de un coche último modelo, sino la gratificación proveniente de una tarea persistente, confiada y debidamente agresiva.

¿Y a qué esperan los hispanos? ¿A quejarse una vez más?
RSS © Copyright Libertad Digital SA. Juan Esplandiu 13, 28007 Madrid.
    Tel: 91 409 4766 - Fax: 91 409 4899