Pero sus principales argumentos, que el mundo cada día empeora y que las injusticias son causadas por el capitalismo, no tienen fundamentos teóricos ni empíricos. La proporción de la población del Tercer Mundo que pasa hambre se ha reducido del 37 por ciento al 18 por ciento en los últimos 30 años. La expectativa de vida en los países en desarrollo ha aumentado de 46 años a 65 años desde 1960. Y, en el mismo período, la mortalidad infantil se ha reducido del 18 por ciento al 6 por ciento. Tales estadísticas actuales son mejores que las de los países ricos hace un siglo.
Todo esto quiere decir que más gente vive por más tiempo que nunca antes. La pobreza en el mundo se ha reducido más en los últimos 50 años que en los 500 años anteriores y esa es una tendencia que continúa vigente en la actualidad. A comienzos de los años 90, cerca del 29 por ciento de la población mundial vivía en la pobreza extrema, hoy el 24 por ciento.
Este ha sido el resultado del desarrollo económico y tecnológico de los países que han escogido el sistema de libre mercado. No sorprende que los países en desarrollo del Este de Asia fueron los primeros en tener éxito en su transición, convirtiéndose en países industrializados y ricos. Ellos escogieron el camino al desarrollo basado en empresas privadas y exportaciones, sin interferir mucho en los mercados ni en los precios. Otras naciones asiáticas, como China, Vietnam y la India, están siguiendo ahora el mismo camino y su rápido crecimiento está reduciendo la pobreza de sus pueblos.
Por el contrario, muchos países en América Latina y Africa escogieron el camino de la sustitución de importaciones y de los monopolios gubernamentales. África al Sur del Sahara sigue siendo la zona con menor libertad económica y la menos globalizada del mundo. Zambia era el doble de rica que Corea del Sur en 1960. Hoy en día, Corea del Sur es 26 veces más rica que Zambia.
Es cierto que el capitalismo ha hecho al mundo menos igual, pero en el sentido que las naciones capitalistas se han enriquecido y las socialistas siguen siendo pobres. En esto, la geografía tiene poco que ver. Los países africanos que han liberado sus economías y su comercio internacional han gozado de crecimiento continuo y reducción de la pobreza. Al mismo tiempo, los países asiáticos que se han aislado, como Myanmar (Birmania) y Corea del Norte, están entre los más pobres del mundo.
Un factor decisivo es el comercio. El comercio internacional permite la especialización y la competencia aporta el incentivo necesario para seguir constantemente mejorando la especialización.
Según el estudio de David Collar y Aart Kraay, del Banco Mundial, aquellos países que se abrieron al comercio internacional obtuvieron tasas de crecimiento económico del 5 por ciento al año en la década de los 90, mientras que los que se mantuvieron cerrados sufrieron de tasas negativas de crecimiento.
Los enemigos de la globalización insisten en que el mercado es dañino, pero resulta que el peor problema del Tercer Mundo es la falta de capital, de tecnología y de conocimientos. Y la más eficiente manera de transferir esos tres requisitos para el crecimiento es por medio de inversiones extranjeras. Los inversionistas han transferido al mundo en desarrollo un billón de dólares (un trillón en inglés) en la última década, suma mayor que toda la ayuda extranjera desde la Segunda Guerra.
El libre comercio le permite a la gente buscar una mejor vida. Sin libre comercio, sólo los políticamente poderosos siguen siendo ricos.
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AIPEJohan Norberg es un
académico del Instituto Timbro en Suecia.
Roger Bate es
director del International Policy Network en Londres