EL LIBRO DE LA SEMANA
Los colores del camino y la nostalgia
Por Rubén Loza Aguerrebere
¿Carlos Páez Vilaró? Pintor y escultor (esculpió incluso su propia casa, Casapueblo, junto al mar, en los acantilados rocosos del este del Uruguay). Sus exposiciones y sus murales, realizados en los más diversos rincones del mundo, le han valido múltiples distinciones y le han dado renombre internacional. Aventurero, expedicionario e investigador, estuvo con Picasso, Dalí y Giorgio de Chirico en sus talleres, fue amigo del Dr. Albert Schweitzer y llegó a vivir, con él, en el leprosario de Lambarene. Habitó, asimismo, en Oceanía, Oriente, Nueva Guinea, Brasil, Machu Pichu, y ha convivido con los masai y los papúas. Con todo ello, naturalmente, se ha nutrido su mundo artístico.
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Por estos días, y torrencial como es su costumbre, ha dado a conocer tres libros que están íntimamente entrelazados. Ellos son “Arte y parte”, “Mediomundo, un mundo de recuerdos” y “Cantos de comparsa”.
En el primero, Carlos Páez Vilaró narra sus memorias del camino, sus largas paseatas por el mundo, que para él no es ni ancho ni ajeno. De manera directa y cálida, recupera los momentos que pasara en sus encuentros con los famosos pintores mencionados, sus incursiones por el cine y sus famosas amistades en ese ámbito (Brigitte Bardot, entre ellas), sus trabajos escultóricos en Nueva York o, bien, en el continente negro. Todo ello, además, ilustrado con sus dibujos y con incontables fotografías, de diversas épocas, que van dando cuenta del largo camino andado.
Parecidas características tiene “Mediomundo”, aunque las memorias están vinculadas, exclusivamente, al pequeño mundo encerrado en en un caserón montevideano habitado por familias de la colectividad negra, que fuera legendaria sede de las “lonjas de Cuareim”, el barrio Palermo. Cuando ese “conventillo”, así se le llamaba, fue demolido, desapreció con él un rico historial. Y, precisamente, ese mundo tan pintoresco es recuperado a través de recuerdos, fotografías dibujos. Páez Vilaró captura con gracia esos lejanos tiempos, cuando vivió en ese mundo colorido y sonoro, de repique de tamboriles, bandadas de chiquillos yendo y viniendo por las calles y bajo y la poesía (casi neorrealista) de los trapos al sol. Las fotografías de Manuel Figueroa y Feruccio Musitelli agregan una nota de amarillecida nostalgia al libro.
Las “llamadas del Carnaval” uruguayo, con las comparsas de negros desfilando al son del tambor en el colorido barrio Sur, con esculturales morenas casi desnudas moviendo sus inquietas caderas y las representaciones mímicas del mundo recoleto de aquellos caserones de raíces “afro/orientales”, han contado con la participación de Páez Vilaró. Ha desfilado, y sigue haciéndolo, entreverado en la multitud, tambor de lonjas a cuestas y marcando el compas. En “Cantos de comparsa”, describe ese mundo singular con una colección de letras de canciones que recuperan el lenguaje coloquial y rítmico del colorido baario, con estrofas como ésta: “Vamo a tocá,/ lonja nega batucando,/Vamo a bailá, / Que tambor está quemando…”.
Los dos últimos libros muestran que el autor tiene un alma gemela de muchas otras, capaz de restituírnos la desvelada luz de aquel viejo barrio que se fue… En el primero, hay una nostalgia del camino andando. Pero, la esencia de todos, es el peso del “tempus fugit” en un creador infatigable, que recomienza gozosamente cada día de su vida.*
“ARTE Y PARTE”, “MEDIOMUNDO” y “CANTOS DE COMPARSA” por Carlos Páez Vilaró. Ediciones Casapueblo. Montevideo, 2000.