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6 de Abril de 2001

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DESARROLLO AMERICANO

Libertad y prosperidad

Por James A. Dorn

La clave para alcanzar la prosperidad consiste en libre comercio, moneda sana y un gobierno limitado. Eso significa dejar que la gente se dedique libremente a alcanzar sus metas personales, mientras se respetan los derechos de los demás sobre la propiedad y la libertad.
La integración hemisférica y una moneda sana requieren que la sociedad se apoye en el principio de la libertad bajo la ley. Sin ese fundamento ético, el estado redistribuidor desplazará al gobierno limitado. Entonces se politiza la vida y sufren tanto la responsabilidad como la libertad individual.

Ahora, a comienzos de abril, los participantes en la reunión ministerial de Buenos Aires sobre el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) no deben olvidar que para instrumentar la integración y mantener una política monetaria sana hay que conocer bien las reglas que permiten la creación y mantenimiento del orden liberal. Partiendo de los principios de propiedad, libre contratación y justicia se avanza hacia el libre comercio y monedas sanas.

Debemos ser conscientes de los límites de la política monetaria, así como también de las ventajas y desventajas de regímenes monetarios alternativos y políticas cambiarias. La promesa de una moneda sana no es suficiente. Los gobiernos también tienen que cumplir el compromiso de defender nuestros derechos de propiedad si va a prevalecer el mercado.

Argentina es un buen ejemplo de que la moneda sana es una condición necesaria pero no suficiente para la prosperidad a largo plazo. Como recientemente lo expresó Thomas Catan en el diario Financial Times: “Los empresarios argentinos están aplastados por los impuestos, por la burocracia y el escaso financiamiento. Y tienen dificultad planificando porque las reglas del juego siempre cambian”.

El futuro del orden liberal internacional dependerá de obtener protecciones constitucionales efectivas para las personas y sus propiedades a nivel de los gobiernos nacionales. Estados Unidos debiera dar el buen ejemplo reduciendo el tamaño de su gobierno, acabando con prácticas comerciales discriminatorias y asegurando que la Reserva Federal mantenga precios estables a largo plazo.

Los problemas hoy en día no son fallas del mercado sino las fallas de los gobiernos, la falla en limitarlos a sus funciones legítimas y justas de proteger a las personas y sus propiedades, en lugar de andar tratando de proteger los intereses especiales de grupos y haciéndolo con el dinero de la gente.

La proliferación de leyes y regulaciones han debilitado el imperio de la ley, como también nuestros derechos naturales a la libertad y la propiedad. En el proceso, la democracia ha vulnerado la libertad, haciendo menos eficiente el orden espontáneo del mercado.

El futuro de la libertad y de la prosperidad —del libre comercio y de monedas sanas— depende de lograr restaurar el respeto por los gobiernos limitados. Para enfrentar ese reto, tenemos que poder detectar las consecuencias a largo plazo de políticas alternas y poder alcanzar un consenso sobre el bien común.

La estrategia para el desarrollo de América Latina debe ser:
1. Adoptar reglas de conducta justas para proteger los derechos de propiedad y crear riqueza, en lugar de redistribuirla
2. Lograr el crecimiento del sector privado a través de la liberalización comercial y financiera
3. Privatizar lo más posible
4. Aceptar el riesgo de poco gobierno por encima de demasiado gobierno
5. Reconocer que una moneda sana no es suficiente; también es necesario respetar el espíritu de libertad

El lema de las Américas debe ser libre comercio, gobiernos limitados y justicia, sabiendo que lo último depende de los dos primeros elementos. El orden espontáneo del mercado y la sociedad civil lograrán resolver mucho mejor los problemas de escasez y de coordinación que un gobierno grande.

No necesitamos más gasto gubernamental ni más deuda, lo que necesitamos es mayor libertad y responsabilidad para resolver nuestros propios problemas, mientras que voluntariamente ayudamos a otros.

© AIPE

James A. Dorn es vicepresidente de Asuntos Académicos del Cato Institute de Washington y coeditor de “The Revolution in Developmente Economics”
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    Tel: 91 409 4766 - Fax: 91 409 4899