DERECHOS Y CONTROLES
Libertad de prensa y capitalismo
Por Francisco Capella
En ocasiones se dice malvadamente que un especialista lo sabe casi todo acerca de casi nada, y que un generalista no sabe casi nada acerca de casi todo. Algunos periodistas presuntamente progresistas no se conforman con ser generalistas moderadamente ignorantes. Están acostumbrados a aparecer y ser observados, hablar y ser escuchados, escribir y ser leídos: con tanta atención acaban confundiendo su papel y pretenden actuar como expertos, enseñar a los demás y asesorar a la sociedad. Pero el que no sabe no puede transmitir conocimiento.
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Fernando Castelló, presidente de Reporteros sin Fronteras, afirma que lucha por la libertad de prensa, pero desconoce la esencia de la auténtica libertad, que es no agredir a los demás y respetar la propiedad ajena. Según él, sin libertad de prensa no hay libertad, y "sin libertad, basada en el respeto de los derechos humanos, no hay pleno desarrollo humano de los pueblos. Libertad y derechos que no deben ser sólo individuales. Un concepto de libertad individual a secas se quedaría corto y lindaría con el egoísmo individualista, propio de los sistemas ultraliberales, en detrimento de la igualdad y la solidaridad". Habla también de derechos "de todo pueblo e individuo a la libertad en igualdad fraternal y solidaria" y de "derechos a la paz y la igualdad solidaria y fraternal". Se repite un poco, aunque aún le quedarían múltiples combinaciones posibles de los adjetivos libre, igual, solidario y fraternal, con los sustantivos libertad, igualdad, solidaridad, fraternidad. A falta de ideas claras y precisas es muy importante acumular palabras (si no sabes qué decir, no dejes de hablar).
Cada vez que alguien mezcla de forma indiscriminada libertad, igualdad y solidaridad, está intentando colarle un gol sin que se dé cuenta. Todo suena muy bonito pero no está nada claro lo que se quiere decir, y la argumentación no suele brillar por su rigor. Asociar liberalismo radical y egoísmo está muy visto, pero en realidad no van inextricablemente unidos. La libertad, el poder escoger libremente sin coacción externa, es válida tanto para los egoístas (los que piensan principalmente en sí mismos) como para los altruistas (los que piensan principalmente en los demás). Los socialistas nunca han podido explicar qué problema hay con un egoísta pacífico que no agreda a los demás.
Por otra parte el fundamento de los derechos son los individuos, no los colectivos. La libertad no puede establecerse desde el colectivismo. Son los individuos quienes piensan, valoran, eligen y actúan. Las sociedades son agrupaciones útiles para los individuos, pero no tienen una existencia independiente ni están por encima de ellos. Pretender que los pueblos tienen derechos es una excusa común para que los gobernantes arrasen a las minorías con la complicidad de las mayorías. No existen los derechos sociales, y la solidaridad debe ser una opción individual y no una imposición estatal.
Según Castelló, el capitalismo conculca los derechos humanos: "ha demostrado ser el sistema mejor para ahondar la desigualdad, para producir ricos en el mundo pobre y pobres en el mundo rico, y, en su versión neoliberal globalizada, ya sin el contrapeso igualitario comunista, países cada vez más ricos a costa de países cada vez más pobres." Lo afirma con mucha rotundidad, pero no se molesta en explicar cómo sucede. Si lo intentara tal vez haría el ridículo, ya que no entiende que el capitalismo es el sistema económico (basado en la propiedad privada, sea de bienes de consumo o de medios de producción) que mejor permite la creación y distribución de riqueza. El igualitarismo comunista no es ningún contrapeso, sino un lastre nocivo y dañino incluso en pequeñas dosis. Además existe un sistema mucho mejor para incrementar las desigualdades, que consiste en permitir que los ricos y fuertes roben sistemáticamente a los pobres y débiles.
"El propio Estado de bienestar sufre el acoso del darwinismo social neoliberal, esa filosofía insolidaria que, en la lucha por la supervivencia, deja en la cuneta del desarrollo insostenible a los débiles frente a los fuertes". Suena dramático, casi teatral, para que luego digan de las aspiraciones de objetividad del periodismo. Las filosofías no son insolidarias, lo son los individuos según su libre elección, les guste a los demás o no (en eso consiste ser tolerante, en aceptar pacíficamente las decisiones ajenas legítimas). El desarrollo insostenible es el de los sistemas intervenidos que tanto gustan a los que mencionan a menudo los derechos humanos sin referirse jamás al derecho de propiedad.
"En el mundo capitalista occidental hay libertad de expresión reconocida y practicada, pero persisten intentos de sometimiento y control de la prensa por parte de poderes políticos y económicos". El control político de la prensa es por supuesto indeseable, pero el control económico es perfectamente natural: el propietario de un medio de comunicación es quien en último término decide su utilización, su orientación, qué artículos se publican y cuáles no, qué interesa y qué se desecha. A algunos periodistas les molesta que sus jefes les indiquen acerca de qué y cómo informar. Son libres para convertirse en empresarios de su propio medio de comunicación. Si quieren un salario seguro a fin de mes deben aceptar las limitaciones de ser un trabajador a sueldo: el dueño manda. En eso consiste la auténtica libertad de prensa, en ejercer la profesión de periodista respetando los derechos de propiedad.