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Las gracias de Hacienda
Por Francisco Capella
Según la Agencia Tributaria del Ministerio de Hacienda, avanzamos juntos. Esta bonita imagen de un grupo humano cuyos miembros caminan unidos y sonrientes hacia delante es típica de la monserga demagógica del Estado. Somos un pueblo que camina, y juntos caminando podemos avanzar. Ambas palabras, avanzamos y juntos, tienen fuertes connotaciones emocionales positivas (retroceder separados suena mal), y por eso Hacienda las utiliza en su publicidad. Merece la pena analizar más a fondo su uso: las eternas preguntas de quiénes somos y adónde vamos.
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Cuando alguien utiliza un término plural (nosotros) es interesante preguntarse a quién se refiere, qué personas quedan incluidas en él. Para aquellos con mentalidad gregaria esta pregunta ni siquiera tiene sentido: nosotros es todos nosotros, nadie puede ni siquiera pensar en separarse del rebaño. También cabe estudiar si todos los miembros del grupo avanzan libremente, si la cohesión del grupo es espontánea y voluntaria, o si está impuesta por la fuerza. Tal vez algunas personas consideran que no vamos en la dirección correcta y preferirían, sin obligar a los demás, dirigirse por su cuenta y riesgo hacia otro lado. Los más perspicaces pueden darse cuenta de que los pseudolíderes políticos en realidad no paran de intentar dar pasos adelante hacia el abismo.
Hacienda no se conforma con confiscar enormes cantidades de recursos de los contribuyentes. Para hacer más fácil su labor intenta que los desvalijados piensen que los impuestos son legítimos, que la fiscalidad es justa y se hace por el bien de todos, y para ello utiliza campañas publicitarias periódicas en las cuales distorsiona términos como solidaridad, progreso y bienestar social. Pero la auténtica solidaridad es voluntaria y personal, no puede ser obligatoria y gestionada por el Estado, que es la institucionalización de la violencia y el mayor enemigo del progreso. No se puede incrementar el bienestar de una persona quitándole su dinero e impidiéndole elegir por sí mismo.
Los impuestos son tributos exigidos por la fuerza, no son pagos aceptados voluntariamente a cambio de la recepción de un bien o servicio. Los impuestos son una coacción unilateral y no se justifican por los presuntos servicios que el estado proporciona a sus contribuyentes, ya que éstos no se proporcionan mediante acuerdos libres y voluntarios. Que el ladrón entregue algo a la víctima no legitima el robo, no se trata de un intercambio ético de derechos de propiedad. Los impuestos perjudican directamente a aquellos que deben pagarlos, los contribuyentes. Los impuestos benefician a quienes los reciben y consumen: políticos, burócratas, funcionarios, receptores de subsidios, de contratos y de gastos estatales.
La Agencia Tributaria presta más y mejores servicios. O al menos eso dicen ellos mismos. No hace falta preguntar a los contribuyentes que la sufren, basta con su seguramente desinteresada autoevaluación. Hacienda agradece la contribución y el cumplimiento responsable de millones de ciudadanos. Millones de incautos que están ayudando a su peor enemigo. Las gracias de Hacienda no tienen gracia. Quítense la careta y sean sinceros, burócratas de mano larga: avísenme de que si no pago mis impuestos bloquearán mis cuentas corrientes, embargarán mi nómina, confiscarán mi coche y mi vivienda y si me pongo muy pesado me enchironarán.

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