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25 de Mayo de 2001

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CRóNICAS COSMOPOLITAS

Las barricadas misteriosas

Por Carlos Semprún Maura

Prosiguiendo el rápido recorrido sobre la historia de la guerra fría, abordado la semana pasada en mi comentario sobre el libro de Georges-Henri Soutou (”La guerre de cinquante ans”) en el que se demuestra en cuantas y peligrosas circunstancias los gobiernos occidentales fueron incapaces de entender la naturaleza del totalitarismo comunista, y dejando por ahora de lado la “alta política”, los enfrentamientos y entendimientos diplomáticos y a veces militares, entre el Este y el Oeste, que es el objetivo claramente definido de dicho libro, me gustaría recordar un par de cosas sobre otro aspecto de esa misma guerra: las movilizaciones de masas y la batalla de las ideas, o mejor dicho, la propaganda. En este aspecto la ceguera y la torpeza de los gobiernos y líderes occidentales es aún más evidente y puede decirse que en numerosos países europeos, pero también en Asia, África y América Latina, la supremacía del marxismo-leninismo, con sus diferentes matices, maoísmo, tercermundismo, etc, fue aplastante, o, cuando menos, logró crear potentes núcleos, que aunque a veces minoritarios, influirán eficazmente en las “masas”. A los sociólogos dejaré el cuidado de explicarnos por qué en tantas ocasiones dicha influencia se ejercía más en sectores burgueses, estudiantes e intelectuales, que en sectores proletarios, pero así fue y sirvió al impresionante desarrollo de la propaganda marxistoide en amplias capas de la población. Salvo en los propios países comunistas, claro. Difícil convencer a un esclavo que es un hombre libre y feliz.
Yo lo he vivido concretamente toda mi vida, desde que rompí definitivamente con el PCE en 1957, después de varios meses baldíos de malestar y crítica “desde dentro”. Cuando me afilié al FLP, mi anticomunismo producía espanto o en todo caso sorpresa. Y no sólo entre los peceros submarinos. Los grupos de “Acción comunista” a mediados de los años sesenta se escindieron sobre la cuestión de la naturaleza del régimen soviético porque si se podía criticar al PCE, la URSS era harina de otro costal.

Muchos defectos tenía, desde luego, pero comparada al capitalismo, su superioridad para muchos era incuestionable. Se puede resumir el meollo de nuestras discusiones con una sola frase: era superior porque había abolido la propiedad privada. Nadie entonces sacó la conclusión que se imponía: la experiencia de la URSS y demás países totalitarios demostraba la superioridad de la propiedad privada y del capitalismo. Afirmar tales herejías hubiera sido condenarse a las llamas del infierno. Algo parecido me ocurrió en la prensa española tras la muerte de Franco, en la que el anticomunismo se había convertido en algo mucho peor que el franquismo. Y eso perdura, no hablemos ya de “El País”, el más potente “funeral parlors” de Europa, sino incluso, a veces, en ABC, en donde el anticomunismo está considerado, lo mismo que Sartre, como mero fascismo. Podría citar muchos más títulos y emisiones de tele o radio.

Para ir al grano: la batalla propagandística y la movilización de masas en torno a objetivos “pacíficos”, “democráticos”, “anticolonialistas”, etc, en realidad pro-comunistas, fue ampliamente ganada por el totalitarismo con sus diferentes disfraces o sin ellos. No olvidemos que los comunistas lo fueron, no pese al Gulag, sino a causa de él. Si a pesar de tantas batallas ganadas terminaron derrotados esto se debe únicamente al hundimiento de la URSS y al triunfo “objetivo” de la economía de mercado capitalista.

Volviendo un segundo a la guerra fría y a la política de EEUU, líder indiscutible de Occidente en todo ese periodo, daré dos ejemplos de iniciativas para luchar contra la subversión comunista, una nefasta, otra positiva pero fugaz. Cuando en 1950 Corea del Norte ataca a la del Sur, apoyada y a las órdenes de la URSS y de China, como reacción defensiva interna se creó la “Comisión sobre actividades antiamericanas”, dirigida por el senador Mac Carthy. Esta, que se ha convertido con éxito en los medios informativos occidentales en el equivalente de la Gestapo, en realidad fue infinitamente menos represiva de cómo lo pinta esa propaganda. Era y sigue siendo imbécil equipararla a la policía nazi y comparada a la represión en todos los estados comunistas, fue pura filfa. Sin embargo, no actuó como exige la democracia, aunque fuera cierto que existía una red de espionaje y sabotaje soviéticos en USA, desde Los Álamos hasta Hollywood. Pero no se podía tolerar su carácter de represión contra el “delito de opinión” y el Senado que la había nombrado la disolvió. Otro ejemplo más democrático e inteligente éste, fue la creación del “Congreso por la libertad de la Cultura” que realizó diferentes manifestaciones en defensa de la libertad intelectual y creó varias revistas, en las que colaboraron gentes tan dispares como Raymond Aron y el exiliado del POUM, Julián Gorkín, por ejemplo. Muy poca cosa, en realidad, frente a las gigantescas manifestaciones “pacíficas” de apoyo a la URSS o a China, o Cuba, etc, de apoyo al marxismo, o al realismo socialista, o a la planificación económica socialista, y a tantos títeres sin cabeza que han dominado durante tanto tiempo el mundo de las ideas o el universo de su ausencia.

En la lucha ideológica contra el totalitarismo si se nota la evidente carencia de los gobiernos, jefes de Estado y de partido occidentales, la iniciativa, heroica en muchos países y situaciones, de esa lucha se debe esencialmente a la iniciativa privada. Tal vez fuera mejor así, la iniciativa privada constituye uno de los fundamentos del liberalismo y no sólo en economía, pero también es cierto que, en contra o al margen de los grandes aparatos gubernamentales, institucionales, económicos, las voces democráticas anti-totalitarias se confundían demasiadas veces con murmullos. Rindamos debido homenaje a los disidentes, antes de la II Guerra Mundial, a los Antón Ciliga, Víctor Serge, Boris Souvarin y bastantes más, luego a los propios disidentes soviéticos, como los magníficos escritores Chalamov y Soljenitsin, fueron muchos más. Claro que también en Occidente, gentes como Raymond Aron, para limitarme a un ejemplo, fueron tan lúcidos como inteligentes, y por así decir, salvaron el honor de la intelectualidad occidental. (Pero, en España ¿quién?)

Hoy la situación ha cambiado, aunque no del todo; el derrumbamiento del “socialismo real” en los hechos no se repercute tan ampliamente en las mentes, ni obviamente en la propaganda. Por ejemplo, si se habla discretamente de la racha de ejecuciones en China, las campañas se realizan contra la pena de muerte en EEUU y únicamente cuando la proporción de víctimas es de una a mil en “favor” de China. La lucha contra el capitalismo se embadurna ahora de argumentos climáticos pseudo ecologistas, de un arcaísmo bobalicón, cuando no de un anti-progresismo claramente reaccionario. Si José Bové, nuevo líder anti-mundialista, pasea su mugre con un queso mugriento, el nuevo escritor famoso y tercermundista, Luis Sepúlveda, ha sustituido el proletario con el brazo en alto empuñando un fusil por las ballenas convertidas en mártires y símbolos de la explotación capitalista. Todo esto es francamente ridículo pero rentable, los miedos milenaristas se venden muy bien. Observen sino la barriga de Ignacio Ramonet. Pero los actuales peligros no provienen de esos payasos, provienen aún y siempre de las dictaduras, militares o no, que pululan, y sobre todo del integrismo islámico, multimillonario en petrodólares y que extiende sus ruinas y su barbarie por infinidad de países. Y frente al cual se nota por todas partes la misma ceguera que ayer y hoy, tratándose del totalitarismo comunista. Una vez más no se trata de cerrar la menor mezquita, pero sí de saber cuáles protegen y alientan los núcleos terroristas.

Aprovecho la ocasión para saludar el magnífico trabajo de nuestro amigo Antonio López Campillo sobre el “Islán eterno”, difundido por Libertad Digital no hace tanto. Debería ser de consulta, no obligatoria, no nos gusta esa idea, pero sí apasionadamente recomendada a todos los “príncipes que nos gobiernan” y a los medios que no siempre nos informan. Y lo digo totalmente en serio.
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