En estas elecciones presidenciales en Estados Unidos, las propuestas innovadoras sobre inmigración provienen del Partido Republicano. Los demócratas ya no se pueden dar el lujo de asumir que los latinos votarán por ellos. El candidato que busca una relación especial con México y que se ha comprometido a trabajar por un destino común para las Américas es George W. Bush.
En su reciente visita a Miami, Bush habló sobre la necesidad de acabar de una vez por todas con los viejos estereotipos acerca de América Latina y ofreció una visión de prosperidad compartida: “Con perseverancia y valentía, hicimos del último siglo el siglo de Estados Unidos. Con liderazgo y decisión, éste puede ser el siglo de las Américas”.
Mencionando el hecho que en su estado de Texas la cultura española es muy fuerte, el gobernador Bush se refirió a los valores familiares, la fe religiosa, las virtudes de iniciativa, trabajo y ambiciones personales de los latinoamericanos. Hay más de un millón de empresas en Estados Unidos propiedad de latinos, más de cien mil solamente en Texas, mientras que más de seis mil latinos han sido elegidos o nombrados a cargos públicos. La población latina de Estados Unidos está creciendo no solamente en cantidad sino que también en influencia política y económica.
Bush dice que “por años se ha debatido este cambio en la nación; unos lo aplauden, mientras que otros lo resienten”, pero enfáticamente sostiene que “el partido, al haberme nominado a mí, escogió dar la bienvenida a la nueva América”.
Tal liderazgo tiene sus riesgos, cuando implica enemistar al apoyo tradicional por conducir a la nación a un nivel más alto de compasión y entendimiento. En lugar de manipular los temores respecto a hordas de extranjeros volcándose sobre el país, Bush equilibraría la necesidad de hacer respetar las fronteras con un novedoso plan de reforma y renovación del Servicio de Inmigración (INS, por sus siglas en inglés). “Tenemos un INS excesivamente burocratizado y atado al pasado”, insiste Bush. Y ha prometido gastar 500 millones de dólares para acelerar el procedimiento de las aplicaciones para inmigrar, reduciendo el período de espera de los actuales dos o más años a sólo seis meses.
Además de mejorar la eficiencia del INS, Bush le inculcaría “un nuevo estándar de servicio y una cultura de respeto”. Es más, planea convertir el INS en dos agencias separadas para que se ocupen de funciones que son diferentes: una encargada de procesar la documentación de la inmigración legal y otra para patrullar las fronteras. Reconoce que a los inmigrantes ilegales hay que darles un tratamiento humanitario cuando se les niega el ingreso y ha propuesto que se les permita a los familiares de residentes permanentes en Estados Unidos venir de visita, mientras se les procesa sus documentos para inmigrar.
En junio, Bush expresó muy claramente en la Liga Unida de Ciudadanos Latinoamericanos (LULAC) –la más grande y antigua organización hispana- que la “inmigración no es un problema que hay que resolver, sino que más bien es la prueba del éxito de una nación... A los nuevos americanos se les da la bienvenida como vecinos y no se les teme como extraños”.
El objetivo más importante, claro está, es ampliar la libertad individual y los beneficios de la libertad económica a todo el hemisferio occidental. Bush ve todo un hemisferio de 500 millones de personas “esforzándose por alcanzar el sueño de una vida mejor, el sueño de mercados libres y gente libre”. Se trata de una visión de un mundo donde los individuos tienen acceso a financiamiento, al pequeño capital inicial que les permitirá hacer uso de su propia iniciativa.
Con ese objetivo en mente, Bush planea solicitar 100 millones de dólares al Congreso para ayudar a las organizaciones en América Latina que ofrecen microcréditos. Con estos pequeños préstamos, los pobres pueden comenzar sus propios negocios y crear nuevas fuentes de empleo; algo tan sencillo como poder comprar un horno es el impulso inicial que tantos necesitan. El presidente electo de México, Vicente Fox, por mucho tiempo ha sido el adalid de los microcréditos, como catalizador para liberar el ingenio de gente aplastada por falta de oportunidades y no por falta de ambición.
“En Estados Unidos tenemos que reconocer no solamente que nuestros vecinos pueden aprender de nosotros, sino que nosotros podemos aprender de ellos”, plantea Bush en su deseo de tirar un puente norte-sur. “Aquellos americanos que ignoran a América Latina no comprenden bien a su propio país”.