FUEGO AMIGO
La venganza de las vacas locas
Por Antonio López Campillo
Un sistema democrático normal permite la venganza, es más, la realiza. Dicen que la venganza es un plato que se consume frío, en este caso es cierto. En Francia se ha hecho público el informe elaborado por una comisión del Senado francés en el que se denuncia la gestión de la crisis de las vacas locas. En este informe se denuncia que el Ministerio de Agricultura ha tratado constantemente de impedir o retrasar la promulgación de medidas de precaución, so pretexto de no tener un fundamento científico, y que en la practica se ha demostrado que eran medidas de seguridad sanitaria. Y añade que ha preferido defender los intereses económicos antes que la salud de los ciudadanos.
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Se recuerda que en 1988 se prohíbe en el Reino Unido el consumo, por parte de los rumiantes, de piensos que contienen harinas animales. En ese mismo año se reconoce que existe una relación entre la encefalitis espongiforme bovina y la utilización de esas harinas en los alimentos. En 1990 se denuncia en la revista Lancet la transmisión de la enfermedad de las vacas al hombre en la variante de Creutzfeld-Jacob.
En el informe de la comisión del Senado se acusa a los cuatro últimos ministros de Agricultura de Francia, los que van de 1993 a hoy, es decir dos ministros de derechas y dos de izquierdas. La historia es ejemplar: en 1996 el Ministerio francés de Agricultura se opone en Bruselas a que se generalice a toda Europa el procedimiento alemán de calentamiento de las harinas a una temperatura de 133º C y 3 atmósferas de presión durante veinte minutos en defensa de la industria nacional de los recogedores de residuos animales. En 1990 los ingleses habían decretado la prohibición de utilizar en la fabricación de piensos los residuos animales susceptibles de transportar priones, en 1996 se toma la misma medida en Francia. Y hace falta esperar al 14 de noviembre del año 2000 para que se prohíba totalmente en Francia el empleo de las harinas animales.
No hay que olvidar que la Comisión Europea prohíbe las harinas animales el 4 de diciembre de ese mismo año 2000. Hay que reconocer que las administraciones nacionales o europeas no son demasiado rápidas. Algo no marcha demasiado bien en las estructuras gubernamentales. En el caso de Francia, el informe indica que fue el Ministerio de Agricultura el que frenó las medidas, incluidas las que emanaban del Ministerio de la Salud Pública del mismo país. En Europa era la Comisión, ella solita, la que cocinaba la sopa de priones a su gusto.
La responsabilidad de los cuatro ministros de Agricultura queda establecida por ese informe oficial. Es un asunto que recuerda el de la sangre contaminada destinada a las transfusiones, también en Francia. El asunto pone de relieve dos cosas: la primera es que en un régimen democrático los "errores" de los gobernantes acaban por denunciarse; y segundo, que en el caso de la Comisión Europea no ha habido una encuesta oficial para saber lo que ha sucedido en este asunto.
Déficit democrático, una vez más puesto en evidencia.

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