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27 de Abril de 2001

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La selectividad a examen

Por Alicia Delibes

Las pruebas de selectividad que los alumnos de COU deben superar antes de entrar en la Universidad van siendo, poco a poco, sustituidas por las correspondientes al plan de estudios de la LOGSE. Cada año son más los alumnos que cursan el nuevo bachillerato y, a partir del año 2002, ya sólo quedarán algunos grupos de COU de carácter residual.
Dada la enorme facilidad de las administraciones educativas de los gobiernos socialistas para inventar largas y complicadas maneras de llamar a las cosas, las pruebas de selectividad con la implantación de la LOGSE cambiaron su nombre por el más rimbombante de Pruebas de Aptitud para el Acceso a la Universidad, conocidas por las siglas P.A.A.U.

Estas pruebas se realizan en dos jornadas. En una de ellas los alumnos deben examinarse de tres asignaturas comunes a las distintas ramas o modalidades del nuevo bachillerato: Lengua y Literatura, Lengua extranjera y Filosofía o Historia. El segundo día, el examen versa sobre otras tres materias, correspondientes a la modalidad de bachillerato que se ha cursado durante el año escolar.

Los elaboradores de la LOGSE estaban convencidos de que tanto mejor sería el nuevo “currículo” cuantas más opciones ofreciera, de ahí que existan cinco modalidades distintas de bachillerato: Ciencias de la Naturaleza y de la Salud, Ciencias y Tecnología, Ciencias Sociales, Humanidades y Arte, que pueden combinarse de formas tan originales como complejas para ajustarse, en lo más posible, a los deseos y gustos del consumidor que, en este caso, es un joven con un grado mayor o menor de despiste sobre sus planes de vida futura.

Estas modalidades que condicionan las asignaturas con las que el alumno se presenta a las PAAU están vinculadas a las distintas carreras universitarias que oferta el sistema. Entre estos vínculos aparecen cosas muy curiosas. Por ejemplo, un alumno de Ciencias de la Naturaleza y de la Salud puede no estudiar matemáticas ni física en segundo de bachillerato, no examinarse de estas asignaturas en selectividad y matricularse después en casi todas las Ingenierías y Facultades de Ciencias.

Las llamadas “notas de corte” con las que las distintas Facultades y Escuelas Universitarias hacen la selección de sus estudiantes responden únicamente a la demanda de plazas.

Entre las carreras más solicitadas y que mayor nota exigen está Telecomunicaciones, Medicina, Arquitectura, Ciencias Ambientales, Veterinaria y, curiosamente, algunas diplomaturas como Fisioterapia, Imagen y Sonido o Enfermería. Mientras que en Derecho, Matemáticas, Químicas, todas las Filologías, y en algunas ingenierías como Minas, Montes y Navales piden simplemente el aprobado.

Existen, pues, muchas carreras en las que hay una mayor oferta de plazas que demanda de las mismas. Situación en la que hablar de selección no tiene ningún sentido. Pero aún tiene menos sentido que un sistema pensado para seleccionar matemáticos o ingenieros se utilice para acoger a los futuros fisioterapeutas o comunicadores audiovisuales.

Esto es lo que han debido pensar los expertos encargados del estudio de la nueva ley de Universidades cuando han llegado a la conclusión de que el actual sistema de selectividad es bastante absurdo.

Sin embargo, si esta selectividad desaparece antes de que se haya instaurado un examen de final del bachillerato se corre el riesgo de suprimir la única prueba que, si bien no tiene ya sentido como sistema para seleccionar, sí lo tiene como forma de control del trabajo de los escolares, de sus profesores y de los centros a los que acuden.

Confío en que esa Ley de Universidades no preceda a esa otra, mucho más urgente y necesaria, conocida como Ley de Calidad de los centros de enseñanza secundaria, pues la experiencia dice que una vez quitado un examen no hay quien se atreve a volver a ponerlo.
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