Texto grandeTexto normal
Ideas Ir al contenido
23 de Febrero de 2001

En portada

¿Volverán las oscuras golondrinas?Por Carlos Semprún Maura
La rusaPor Agustín Jiménez
Bloques comercialesPor Pedro Schwartz
CookificadosPor Fabián C. Barrio
El regreso de HannibalPor Andrés Arconada
¡Vamos a crear un virus!Por Enrique Coperías
Cambios socialesPor Julia Escobar
Moda, moda y más modaPor Carlos Pérez Gimeno
Ubicuidad dominicalPor Carlos de Matesanz
Los miedos de EuropaPor José Hermida
“Tráfico”Por Timothy Lynch
Curiosa coincidenciaPor Alicia Delibes
Contra el progresoPor Jesús Gómez Ruiz
La reserva indiaPor Antonio López Campillo
Por la boca muere el pezPor José Ignacio del Castillo
Semana del 17 al 23 de febreroPor I. González y Rosana Laviada

Suplementos

Compartir

Buscador

Google
Palabra (s)

MéXICO

La revolución de la información

Por Roberto Blum

Muchos analistas están preocupados por los signos de una inminente desaceleración económica en Estados Unidos. Tal fenómeno, de ocurrir, sin duda traería consecuencias negativas para América Latina. La economía mexicana está estrechamente enlazada con la economía del poderoso vecino norteño. Lo que allá es una “gripe” acá es una “pulmonía”. Al menos esa es la sabiduría tradicional. México —como casi todos los demás países hoy en día— es vulnerable a acontecimientos de la economía global. Ya nadie puede intentar ser una isla. Todos somos pasajeros en la “nave espacial Tierra”.
Hace 32 años, los humanos pudimos ver por primera vez la imagen de la Tierra desde la Luna. La Tierra era una pequeña esfera azul rodeada de la negrura del espacio punteado por la luz de miles y miles de astros. En ese momento, nuestra conciencia colectiva dio un salto cualitativo. Por primera vez, miles de millones de hombres y mujeres nos vimos en la perspectiva correcta. Las fronteras de los casi cien países existentes no se podían distinguir desde allá arriba. De hecho, no se podía distinguir ninguna estructura creada por nosotros. Y sin embargo, habíamos logrado enviar a tres personas a nuestro satélite. La tarea no fue nada fácil.

Hace unos 100.000 años salimos de África a buscar nuevos horizontes. La sabana había dejado de ser el ambiente ideal para un grupo de nuestros antepasados. Lentamente avanzaron a través de la geografía del continente negro. Asia, Europa, Oceanía y las Américas fueron colonizados por estas pequeñas bandas de aventureros. Desarrollaron miles de lenguas para comunicarse. Crearon cientos de culturas. Inventaron diversas tecnologías para enfrentar con éxito los nuevos ambientes que encontraban en su peregrinar. Descubrieron hace unos 10.000 años la agricultura y la metalurgia. Domesticaron animales silvestres. Se asentaron en campamentos, villas y finalmente ciudades. Se organizaron en sociedades complejas y desarrollaron los métodos y técnicas de la administración. La aventura humana estaba floreciendo rápidamente.

Con las nuevas técnicas, los recursos disponibles aumentaron en forma exponencial. La población humana del planeta creció desde unos diez millones hace 10.000 años hasta alcanzar 350 millones hace 2.000 años. La masa humana total creció 35 veces en ocho milenios. Roma y Teotihuacán eran las ciudades más pobladas en ese período. La Urbe, la ciudad fundada 753 años antes por Rómulo y Remo era la cabeza de un gran imperio universal. Su lengua y sus caminos de piedra unían las tierras que circundaban el Mediterráneo. En América, Teotihuacán vivía su apogeo.

El futuro sería muy diferente. Mientras la Roma clásica crecía, peleaba, se dividía y finalmente era conquistada por los pueblos bárbaros, sus legítimos herederos, la urbe americana fue abandonada para siempre. Otros pueblos llegarían al valle y asombrados observarían las glorias de una civilización que simplemente había muerto siglos atrás. Nada, sino ruinas, quedó de la “ciudad de los dioses” mesoamericanos. Hasta su lengua pereció con la ciudad. Roma, en cambio, logró sobrevivir en sus vástagos. Su lengua vive en el español de casi 350 millones de hispanohablantes. Sus tradiciones en los derechos occidentales. La Roma clásica logró sobrevivir a su propia muerte gracias a la tecnología de la información que ella misma heredó de los fenicios y los griegos. Sin estas tecnologías, Roma estaría hoy tan muerta como lo está Teotihuacán.

Y es que, mientras las piedras y todo lo demás se desintegra con el paso del tiempo (entropía), las ideas y los que las transmiten —la información (negentropía)— se multiplican y se transforman sin cesar creando nueva riqueza. La economía industrial incorpora ideas a la materia y esto la ha hecho tan productiva, pero la nueva economía de la información produce riqueza con las puras ideas. Logra que estas se multipliquen casi a la velocidad de la luz (internet) infectando a más y más cerebros humanos. Hoy la red vincula a más de una quinta parte de la población del planeta. 1.200 millones de cerebros procesando información en paralelo. Una verdadera bomba productora de riqueza. Sólo cuando una gran parte de los latinoamericanos estemos bien integrados a la economía de la información podremos conquistar el futuro.

© AIPE

Roberto Blum es investigador del Centro de Investigación para el Desarrollo AC de Ciudad de México
RSS © Copyright Libertad Digital SA. Juan Esplandiu 13, 28007 Madrid.
    Tel: 91 409 4766 - Fax: 91 409 4899