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LA BOLSA

La (pen)última crisis de los valores tecnológicos

Por 203

La reciente caída de los valores tecnológicos en la Bolsa ha sido espectacular aunque no debe sorprendernos: se trata de un simple retorno a la normalidad de una situación exagerada. El descenso se ha contagiado al resto de las empresas y los índices generales de las bolsas de todo el mundo han caído unos tras otros en un efecto de contagio, lo mismo que habían subido exageradamente hace apenas ocho meses por efecto de la euforia.
La clave del descenso está en el comportamiento en Bolsa de las empresas de nuevas tecnologías, que ha hecho perder al índice del mercado español de nuevas tecnologías más de la mitad de su valor desde que nació en marzo pasado. Para analizar con mayor perspectiva lo que ha ocurrido en los últimos días, me voy a centrar en el índice Nasdaq del sector de nuevas tecnologías que cotizan en Estados Unidos, porque ofrece una riqueza de datos históricos que permiten sacar algunas valiosos conclusiones de la lectura de los gráficos.

En octubre de 1998, el Nasdaq estaba en 1.500 puntos y a mediados de octubre se encontraba ligeramente por encima de 3.000. Es decir, en esos 24 meses había subido el 100 por cien, lo que equivale a una rentabilidad de más del cincuenta por ciento anual: cualquier gestor de fondos de inversión firmaría por mantenerse así en los próximos años.

El problema es que el diez de marzo de este año, este índice bursátil había establecido un máximo de 5.132,52 puntos, es decir, se había revalorizado el 230 por ciento en diecisiete meses: justo la época de la euforia por las nuevas tecnologías, la era de Internet y la salida a Bolsa de empresas con más promesas que realidades en sus activos.

Pero de la euforia se pasó al estallido de la burbuja especulativa: se produjo una fuerte caída del cuarenta por ciento del valor hasta mediados de mayo, luego los valores recuperaron la mitad de lo perdido hasta mediados de julio y en noviembre de 2000, de nuevo, han sufrido pérdidas del treinta por ciento desde ese mes hasta situarse otra vez en la casilla de salida: está más o menos en los valores de octubre de 1999.

¿Hay esperanza? Creo que sí. En estos momentos se está repitiendo el fenómeno conocido como “divergencia positiva” en la comparación del índice de fuerza relativa con las medias móviles. En otras palabras: la caída del mercado tecnológico se está produciendo con cada vez menos fuerza relativa, lo que en el pasado ha indicado una recuperación muy rápida.

El análisis bursátil no es una ciencia exacta, por lo que en esta ocasión no puedo afirmar que se va a repetir lo que ocurrió entre abril y mayo de 2000, cuando se había producido una situación idéntica a la actual y el índice Nasdaq acumuló poco después un alza del 40 por ciento hasta mediados de julio.

Lo que sí está claro es que nos encontramos ante un periodo de alta volatilidad con una corrección profunda que se explica por razones técnicas, que dejamos para los expertos, y en la lógica del sentido común. Las empresas cotizadas en los nuevos mercados de todos el mundo, incluido el de Madrid, no se pueden analizar por sus cuentas de resultados, sus inversiones ni su cartera de clientes: todas están en pérdidas, sus inversiones son multimillonarias y sus carteras de clientes son todavía poco más que una promesa.

Los analistas aseguran que sólo hay sitio para una quinta parte de las empresas tecnológicas creadas de la nada y que sólo sobrevivirán las que consigan capear este temporal con bases sólidas y con grupos fuertes que estén dispuestos a aguantar las pérdidas durante largos periodos.

La verdad es que nadie se atreve a publicar la lista de las empresas que sobrevivirán a este cambio de era para los valores de las nuevas tecnologías, ya se sabe que los poderes de la videncia no se pueden aplicar al mercado de valores. El caso de la salida a bolsa de Telefónica Móviles ha sido un claro ejemplo de esta situación: una empresa que estaba considerada como la joya de la corona del grupo empresarial y que sí que tiene una buena cartera de clientes, también se ha contagiado de la tendencia general y se salva por poco de la quema generalizada.

En estos momentos, sólo los más valientes se atreverán a invertir sus ahorros en la Bolsa y en los valores tecnológicos para aprovechar que están baratos, mientras los más conservadores seguirán buscando (creo que en vano) alguna inversión sin riesgo y con rentabilidad superior a la inflación.
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