FIGURAS DE PAPEL
La isla de Stevenson
Por Rubén Loza Aguerrebere
Estos dos libros, uno nacido de la pluma de un gran escritor y el otro basado en él, se dan la mano. Vida y andadura literaria de un gran escritor. Ellos son “El emigrante por gusto”, de Robert Louis Stevenson, y el otro, de Michel Le Bris, “Pour saluer Stevenson”. Creo que conviene comenzar por este último; se trata de una biografía en simpatía escrita a propósito del gran narrador que fue Robert Louis Stevenson, uno de los reyes de nuestra infancia y a cuya pluma debemos novelas tan memorables como “La isla del tesoro” y “El Doctor Jeckill y mister Hyde”
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Nacido en Edimburgo en 1850, Stevenson era hijo de un próspero ingeniero de una familia de constructores de faros. Cuando terminó la carrera de Derecho, y como su vocación de escritor estaba tan marcada, se abismó enteramente en el mundo de las letras. Aquejado de una enfermedad respiratoria de la que nunca se desprendería, viajó a Francia; conoció allí el mundo artístico. Sus primeros libros, luego, fueron crónicas de viaje. Espléndidas. Y, más tarde, enamorado de la norteamericana Fanny Obosurne, cruzó el Atlántico y el continente, hasta llegar a California, para casarse con ella.
De esta travesía ha dejado constancia, precisamente, en las fruitivas páginas de “El emigrante por gusto”, un libro donde nos preguntamos cómo puede escribir de manera tan atractiva sobre cosas a veces brutales e inquietantes, como aquellas arduas travesías interminables. Por cierto, a la calidad de la mirada y de la escritura, se une aquí la precisión de los retratos, de cada destino individual, elaborados de manera tal que van encadenándose uno a otro como, si se tratara de una novela, que, además, posee alto valor documental.
Por cierto, como observa Michel Le Bris, en su biografía de Stevenson, éste deslumbró a escritores (desde Henry James a Borges) por el virtuosismo y el encanto de su escritura, y por su capacidad para elaborar historias irresistiblemente seductoras.
La inteligencia de su arte se basa en el dominio de las formas de narrar. La utilización que hizo de las técnicas del suspenso, de la descripción progresiva, de la sustitución de las impresiones por la narración, así como el dominio del llamado “punto de vista” y la dislocación de los personajes, son muestras de una capacidad técnica excepcional. Ello y sus historias, hicieron decir a Borges que leer a Stevenson era “una forma de la felicidad”.
En el análisis de estos aspectos, técnicos y temáticos, resulta altamente sugestivo el ensayo de Michel Le Bris, quien, como Giono con Melville, saluda y homenajea a su admirado escritor, muerto en 1894 y enterrado en la cima del monte Vaea.
Viajero por motivos de salud, también lo hizo llevado por su talante aventurero; recorrió, fascinado, los Mares del Sur y en una de sus islas, Upolu, se instaló en 1889. Aquel universo resultó para él toda una revelación y quedó prisionero de su belleza. De esa época son sus ensayos de “En los Mares del Sur”.
El libro vagabundo de Michel Le Bris, se une, pues, a los vagabundeos del “emigrante por gusto”, para proporcionarnos una vívida imagen de uno de los mayores autores de la literatura aventurera. Un escritor que ha dejado un tesoro en cada uno de los lectores que se atrevieron a explorar sus páginas más allá de las vigilias.*
El emigrante por gusto, de Robert Louis Stevenson (Alba, 2001)
Pour saluer Stevenson, de Michel Le Bris (Flammarion, 2001)