RELACIONES ROMA-MOSCú
La iglesia rusa recibe las reliquias de San Nicolás
Por Víctor A. Cheretski
Como gesto de buena voluntad y de reconciliación está considerada la valiosa donación hecha recientemente por el Vaticano a la Iglesia Ortodoxa Rusa. Se trata de una parte de las sagradas reliquias de San Nicolás. El superior de la basílica, donde reposan las reliquias de este santo en la ciudad italiana de Bari, el dominico Giovanni Matera, las entregó al patriarca ruso, Alexiy II. La ceremonia tuvo lugar en el monasterio de Sviato-Danilovski, sede oficial del patriarca en Moscú.
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“Es una prueba de nuestro amor por los hermanos ortodoxos, para que podamos crear un día una familia única”, dijo el dominico. “Estoy muy emocionado al recibir las sagradas reliquias”, le contestó el patriarca que recibía la donación con lágrimas en los ojos.
El santo que vivió en el siglo IV en Liquia, hoy Turquía, y cuyas reliquias fueron trasladadas en 1087 a la ciudad de Bari, sur de Italia, por mercaderes italianos, está considerado como patrón de Rusia y uno de los santos más venerados por los ortodoxos. Miles de peregrinos rusos visitan cada año Italia para venerar las reliquias. La Iglesia Rusa tiene en Bari una delegación permanente.
Las reliquias reposarán desde ahora en la catedral del Cristo Salvador, en Moscú. Estarán junto a un icono milagroso de este santo también procedente de Bari. Esta catedral, la más grande de Rusia, ha sido restaurada recientemente después de que fuera destruida, en los años 30, durante la dictadura comunista por orden de Iósif Stalin.
En la ceremonia de la entrega participó también el padre Gierardo Choffari, director del centro de estudios de San Nicolás en Bari. Informó de que Turquía pidió la devolución de todas las reliquias, lo que, por supuesto, es imposible. “Y si un día se plantea la cuestión de entregarlas, serán los rusos quienes se beneficiarían porque lo han merecido por su devoción al santo”, señaló.
Es de destacar que la donación actual se produce en medio de la tensión existente entre las dos iglesias cristianas. El patriarca ruso reiteró recientemente su negativa a reunirse con el Papa y se opone a que éste viaje a Ucrania el próximo verano. Además de los litigios dogmáticos que la Iglesia ortodoxa mantiene con la católica, desde su separación en el siglo XI, el patriarca reprocha al Vaticano su política moderna en Europa del Este. Hasta la presencia de sacerdotes católicos en territorio ruso se ve con sospecha en Moscú. Se les acusa de proselitismo. Y eso, a pesar de que los jerarcas ortodoxos saben, de sobra, que los curas católicos han atendido a la gran comunidad de alemanes, polacos, lituanos y otros católicos residentes en Rusia a lo largo de los últimos siglos.
Otro foco de tensión es el litigio de los ortodoxos con los llamados “uniatas” en el oeste de Ucrania. Éstos últimos profesan ritos ortodoxos, pero están subordinados al Vaticano. La iglesia uniata, que existe desde el siglo XVI, fue duramente perseguida durante el régimen comunista. Tras la caída del régimen y la proclamación de la independencia de Ucrania, los uniatas se apoderaron por la fuerza de las iglesias ortodoxas, dependientes del patriarcado de Moscú, en las regiones de Lvov, Ternopol e Ivano-Francovsk. La ocupación fue apoyada por el partido nacionalista ucraniano UNA-UNSO.
A pesar de que el Vaticano condenó oficialmente la ocupación, las iglesias nunca han sido devueltas. Esto sirve de pretexto para reprochar a la Santa Sede de “permanecer con los brazos cruzados” ante esta situación. Mientras tanto, los ortodoxos han congelado prácticamente todos los contactos ecuménicos que tenían anteriormente con la iglesia católica.

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