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12 de Enero de 2001

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La Gran Hermandad se apaga

Por Lucas Soler

Seis meses después de habar finalizado “Gran Hermano”, los participantes del concurso no parecen estar cumpliendo con las prometedoras expectativas laborales que les iba a deparar la fama y deben hacer grandes esfuerzos para mantener un aura de celebridad cada vez más tenue. Una buena forma de calibrar su índice actual de popularidad sería realizar una encuesta con la pregunta “¿cuántos nombres recuerda usted de aquel grupo de concursantes?” Los detractores del programa seguramente responderán que ninguno.
También dejarían bien claro que jamás perdieron el tiempo viendo un concurso que fisgoneaba en la intimidad de una forma casi pornográfica. Los seguidores más devotos, sin embargo, recordarán todos los nombres e incluso sus apellidos. Según ellos, Mercedes Milá y sus muchachos fueron protagonistas de un experimento televisivo que ha hecho historia. Entre estos dos extremos, caben muchas otras respuestas. En mi caso, debo reconocer que no consigo acordarme de todos los nombres y dudo si eran diez o doce las simpáticas cobayas humanas que convivieron durante varios meses ante los objetivos de las cámaras en aquella jaula de la sierra madrileña. En estos momentos, por ejemplo, he olvidado cómo se llamaban el desaliñado gordinflón del polo verde (tan adicto a sus propias mucosidades), la atolondrada muchacha que intentó ocultar su paso por locales de dudosa reputación o el joven vasco de la perillita alternativa que parecía tan esotérico como Arzalluz.

Con nombres y apellidos sólo recuerdo a Maria José Galera y Jorge Berrocal, pero porque vuelven a ser noticia con la publicitada ruptura de su relación sentimental. No deja de ser sorprendente que se prometieran amor eterno hace tan sólo seis meses y hayan acabado insultándose desde los cuadriláteros de los programas de cotilleos y las revistas del corazón. Pese a los improperios, aún no he logrado saber cuáles han sido las razones profundas del naufragio de tan hermosa pero breve historia de amor. El soldadito lacrimógeno y la “Madre Coraje” de “Gran Hermano” formaban una pareja perfecta para el folletín romántico, pero quizás ambos tengan una naturaleza demasiado impulsiva e indómita. También resulta sorprendente que el anuncio de la ruptura haya coincidido con el lanzamiento de María José Galera como cantante. Tal vez la letra de la canción “Dime la verdad” que entona Maria José con temperamento racial, nos pueda dar las claves del desamor.

Menos sorprendente resulta que las escaramuzas bélicas entre el héroe de Bosnia y la arrepentida chica de alterne tengan como campo de batalla los platós de “Crónicas Marcianas” y el programa matinal “Día a Día”. Al fin y al cabo, tanto Javier Sardá como Maria Teresa Campos fueron líderes de audiencia en sus respectivas franjas horarias, gracias a la sanguinolenta vampirización del programa conducido por Mercedes Milá. De hecho, los concursantes de “Gran Hermano” ya habrían vuelto al sepulcro del anonimato de no aparecer esporádicamente como invitados de Sardá y Maria Teresa Campos para recibir una reanimadora transfusión de fama.

Ninguno de ellos puede quejarse de falta de oportunidades. Nacho, el galeno del grupo y novio aún de la rocosa Vanessa, no ha conseguido destacar como tertuliano en “Crónicas Marcianas”. En su afán de ser tan bueno y educado como Emilio Aragón en “Médico de familia”, ha quedado eclipsado por la verborrea de Juan Adriansens, Ramoncín, Cristina Tárrega y otros profesionales de la polémica agresiva y verdulera.

Tampoco ha tenido suerte la polémica Ania, pese a estar apadrinada por Boris Izaguirre. La femme fatale de “Gran Hermano” quería ser modelo, pero tan sólo ha conseguido pasearse por dos o tres pasarelas de segunda división. El resto del grupo se conforma con airear sus intimidades cuando las revistas del corazón más plebeyas (“¡Sorpresa!”, “Pronto”, “¡Qué me dices!”) se acuerdan de ellos. A través de estas publicaciones, sabemos que la oronda Marina es feliz después de su liposucción, la malagueña Silvia y el gallego Israel preparan una curiosa boda sin cura ni juez y los compadres Ismael e Iván siguen tan amigos y emprenden negocios juntos aunque el ganador y el segundo finalista del concurso no hayan sabido rentabilizar mejor el favor del público.

Pero no todo son alegrías. Maribel, la animosa “maruja” de la gran hermandad, ha descubierto recientemente a su verdadera madre, pero tan sorprendente hallazgo ha derivado en drama esperpéntico, con el virulento cruce de insultos y reproches entre la progenitora adoptiva y la biológica. Son precisamente estas tragedias cotidianas las que avivan el anémico interés de la prensa rosa por los personajes de “Gran Hermano”. Si quieren conservar la fama deberán seguir sacrificando su intimidad con historias de adulterios, chantajes, divorcios y otros argumentos escabrosos. De momento, pueden consolarse pensando que sus rivales de “El Bus” nunca alcanzaron la condición de estrellas y han caído como meteoritos en la fosa común del olvido. Ahora mismo, por ejemplo, ya no consigo recordar si la ganadora del concurso de Antena 3 se llamaba Sonia, Sandra o Sara. Si recuerdo que era una rubia bastante guapa.
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