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LAS GUERRAS DE TODA LA VIDA

La fira del llibre de Frankfurt

Nos hemos acostumbrado a manejar determinados problemas en clave interior, sin pararnos a mirar qué es lo que se hace con España desde fuera. Y muchas veces la culpa no es del cerdo, sino de quien le da de comer. Tal es el caso de los "países invitados" en las ferias internacionales.

Nos hemos acostumbrado a manejar determinados problemas en clave interior, sin pararnos a mirar qué es lo que se hace con España desde fuera. Y muchas veces la culpa no es del cerdo, sino de quien le da de comer. Tal es el caso de los "países invitados" en las ferias internacionales.
Ciertamente, es una barbaridad que este año vayan a la Feria del Libro de Frankfurt, el encuentro más importante del mundo en el sector, en representación de Cataluña, sólo los autores de lengua catalana de esa comunidad. No hay nadie, y menos aún los miembros del tri o el cuatripartito, que ignoren que Cataluña y la literatura y la cultura catalanas no estarán jamás representadas sin Juan Marsé, Eduardo Mendoza, Félix de Azúa o Enrique de Hériz, unos señores que escriben en castellano y que, dicho sea de paso, no tienen la menor necesidad de apoyo oficial para ser conocidos en todas partes.
 
Pero el problema, obviamente, no se ha iniciado en el Palacio de la Generalitat, sino en Frankfurt. Fueron los alemanes quienes decidieron acoger como huésped a Cataluña, con el tratamiento de nación. De ahí a que ERC, esa banda de filólogos catalanes enloquecidos (la definición no me pertenece, pero no recuerdo la fuente), pidiera la exclusión de los castellanoescribientes hay sólo un paso.
 
En 2005, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, México, hizo lo mismo: escogió como país invitado a Cataluña. Fueron todos los escritores, de las dos lenguas. Al regreso, los nacionalistas se quejaron porque los mexicanos, gente con una gran literatura en castellano, hicieron más caso a los autores de su propio idioma que a los otros. Al año siguiente, el país invitado fue Andalucía. Las razones por las que los organizadores de un acontecimiento tan esplendoroso, personas leídas, relacionadas no sólo con la industria del libro, sino con la política cultural oficial, deciden que Cataluña y Andalucía son "países", entendido el término como sinónimo de "nación", se me escapan. Lo que no se me escapa es que el Estatuto de Andalucía, "realidad nacional", estuvo en juego precisamente en esas fechas. Como tampoco se me escapa el hecho de que Felipe González mande mucho en México, donde su socio y amigo Carlos Slim hace y deshace. Naturalmente, FG estuvo presente en la inauguración de la Feria.
 
Detalle del escudo de Alemania.En el caso alemán, los motivos me parecen aún menos oscuros.
 
Alemania no tiene problemas de unidad nacional. En todo caso, si han tenido que enfrentar algún conflicto, ha sido el de la unificación. Ni siquiera los bávaros, o austrobávaros, como gustan de llamarse algunos de ellos, cuestionan el modelo de Estado. Pero Alemania inició el conflicto yugoslavo al reconocer la independencia de Croacia y Eslovenia. Y Alemania alentó la separación de Chequia y Eslovaquia (parte de su política exterior desde 1939). Y, junto a flamencos y valones, tenemos un sector germanófilo de la población belga que poco hace por mantener la unidad nacional. Y Alemania jamás ha tenido una intervención positiva en la cuestión corsa, ni en la irlandesa. Y no digamos ya en la cuestión chipriota, siendo que Alemania tiene en Turquía más influencia que cualquier otro país de la UE, y que la UE misma, influencia sólo comparable a la de los Estados Unidos (que tampoco ha hecho gran cosa por la retirada turca de Chipre).
 
No ha de ser casual que Javier Arzalluz se haya formado en Alemania y Jordi Pujol en el Colegio Alemán de Barcelona, al que también acuden los hijos de Montilla, el de Iznájar, el negro que tenía el alma blanca, como en la novela de Insúa, gracias a sus reiteradas lecturas de los Discursos a la nación alemana de Fichte, de los que Pujol ha plagiado párrafos enteros en sus llamamientos. Tampoco han de ser casuales la germanofilia y el expreso apoyo al nazismo, práctico y teórico, de Jaime Vicens Vives, padre de la moderna historiografía catalana, de quien nos habla con lujo de detalles César Alonso de los Ríos en su último e imprescindible libro, Yo tenía un camarada. Finalmente, todos los etnicismos confluyen en el mito de la raza aria y en el arquetipo del judío-maqueto-castellano.
 
Con plena conciencia, pues, se decide que es adecuado elegir a Cataluña nación invitada, en plena crisis del modelo de Estado en España. Se me dirá que la elección se hizo hace tiempo, y que nadie podía prever las circunstancias actuales. Pero, en el feliz caso de que se hubiese hecho antes de que Zapatero destapara la caja de los truenos, nadie podrá negar que el problema del separatismo no es nuevo, y nadie podrá decir que los sucesivos Gobiernos alemanes han sido jamás lo bastante ingenuos como para ignorar el valor de semejante iniciativa.
 
En política, nada ocurre porque sí. La cultura, lo que se llama "cultura" en los aparatos de Estado, es parte de la política, y una parte no menor. En ese marco, el de la política, y para el caso el de la política alemana, hay que entender el problema de la Feria de Frankfurt.
 
Pero esto nos lleva a un segundo nivel: todavía no he leído un solo análisis de la cuestión territorial española, tal como se plantea hoy, que incluya una visión, aunque sea somera, de los intereses no españoles que puedan estar relacionados con el tema. La integración de España en la UE ha dado a todo el mundo una tranquilidad de conciencia respecto de sus socios que realmente aterra. Se llega a decir que la UE nunca permitiría la secesión del País Vasco o de Cataluña, como si la UE fuese un padre protector de llana personalidad, sin conflictos interiores ni pretensiones hegemónicas.
 
Desde que la ineptitud de los Gobiernos post-Mitterrand y los compromisos adquiridos de Chirac dieran por tierra con el eje franco-alemán, Alemania ha quedado como única gran potencia continental. Al estar Gran Bretaña fuera de la zona euro, sólo Sarkozy (pobre hombre, todas le caen a él) podrá hacer algo para que la moneda europea no sea controlada en exclusiva por Alemania, como sucede en la actualidad.
 
¿Es posible que Cataluña y el País Vasco estén a salvo de toda influencia exterior? ¿Podemos seriamente desconectar la independencia de Kosovo de las actividades de ETA, cuando el aparato proveedor de los terroristas vascos (y de las FARC, entre otras) está en manos de los traficantes del tristemente célebre UCK? ¿Podemos olvidar que, tan pronto como Pasqual Maragall llegó a la presidencia de la Generalitat, hizo un viaje "de Estado" a Marruecos? ¿Podemos olvidar que Carod se reunió con la cúpula de ETA en Perpiñán sin que los servicios de inteligencia franceses movieran un dedo? ¿Podemos olvidar que el nacionalismo catalán radical fue siempre acogido con beneplácito en el sur de Francia, desde los primeros años 70?
 
No. La invitación a Frankfurt no es inocente. Es un hecho político, creado desde Alemania.
 
 
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