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8 de Junio de 2001

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La escritura grunge

Por Agustín Jiménez

SOBRE LA PISTA. Este título reciente de la editorial Alfaguara está completamente despistado. Francamente, llamar así un libro de detectives no es un derroche de imaginación. Una edición tan poco cuidada no aumentará probablemente la riqueza de la autora, aunque engordará su aura de desaliño y se sumará a los anteriores despistes que se han perpetrado con ella en España. Plaza y Janés editó, en formato baratito del no que se apercibió nadie, las dos primeras aventuras de Stephanie Plum: UNO: POR DINERO y DOS: POR LA PASTA. Luego vinieron la tercera, la cuarta y esta quinta, que en el original se llama Sobre la pista. Los títulos de Stephanie empiezan todos con el número de la serie y se completan según las sugerencias de diversos jurados de fans. El primer título lo dio el marido de la Evanovich anunciando el plan editorial de su señora. El quinto se debe a los esfuerzos de un círculo de lectoras de novelas de misterio. Janet Evanovich pone su página web a disposición de los creadores de títulos (si no trabajan en Alfaguara). "High Five" es el saludo callejero que se compone haciendo chocar dos palmas de mano dispuestas en vertical. Al Gore lo practicó bastante durante su fallida campaña presidencial. Para captar otras implicaciones del título, sáltese la portada y léase lo de dentro, que no tiene desperdicio. No es la última entrega. Ya se ha publicado la seis y el 19 de junio se pone a la venta la séptima (SEVEN UP). La sexta es tan buena como las anteriores. Los disparates de la séptima, las personas normales sólo hemos podido atisbarlos en el primer capítulo, disponible en Internet. Pero los fans de la Evanovich no son personas normales. La sexta se vendía pirateada en Internet por quinientos dólares antes de que llegara a las librerías. Lo mismo debe de estar ocurriendo con ésta. A la Evanovich no le parece mal.
Durante años, la Evanovich vivió de la redacción de novelas de tinte rosa. Un rosa muy subido que abandonó cuando a) se le acabó el repertorio de posturas eróticas, y b) vio en televisión una película (MIDNIGHT RUN) en la que Robert de Niro interpretaba a un cazador de recompensas que pretendía devolver a la jurisdicción competente a Charles Grodin. De ahí salió, 1994, el personaje de Stephanie Plum, una chica de barrio pobre que intenta salir a fin de mes cobrando porcentajes de fianzas de gente que no se ha presentado al juez en la fecha requerida. Los porcentajes se los paga su primo, que tiene una agencia. Los criminales son vecinos del barrio. Puede pasar que Stephanie vaya a por ellos y, al encontrarlos ocupados frente a su programa favorito de televisión, pase más tarde. Como los conoce, Stephanie tiene más fuerza de convicción. En la aventura número seis (HOT SIX) hace desistir del suicidio a una conocida, perseguida por robar unos pantis sin entrepierna —le daba vergüenza pagarlos— pintándole el estado en que iba a quedarle el peinado. Pero también se la pegan. En SEVEN UP, se dirige sin violencia a por un anciano en calzoncillos y éste se le escapa. El anciano tonteaba aún con las mujeres, aunque la abuela de Stephanie aseguraba que ya no funcionaba. La abuela Mazur es el acompañante de Stephanie, aficionada al lenguaje explícito, a las visitas a la funeraria y a la acción frenética. Una muestra de acción y funeraria la hay al final de SOBRE LA PISTA. A la abuela Mazur es lícito imaginarla con la cara de la madre de "Las chicas de oro" y la precisión de aquella viejecita que hacía de madre en otra película de Sylvester Stallone.

Al principio de SOBRE LA PISTA, la abuela Mazur piensa que al tío Fred lo habían abducido los alienígenas. En realidad, lo perdió su racanería. El tío Fred no soportó perder dos dólares, como acaba demostrando Stephanie, que goza de la compañía de su troupe habitual: el detective Joe Morelli (que —para los lectores que se incorporen ahora— le arrebató la virginidad en una pastelería un facineroso cubano que le hace tilín). En HOT SIX nos enteraremos de por quién se decanta Stephanie, su mamá, que le prepara comidas, su papá, que lee revistas de armamento desde que la abuela Mazur vive con ellos, el hámster Rex, el acosador de turno. Y también goza de los gags de costumbre: su mala suerte con los coches (le estalla un porche, le roban un BMW: son del cubano) y su excelente buena potra final, que hace que los malos que quieren dispararle tengan gripe y no se concentren para apuntar. El tono de lo que cuenta bañaba alguna película de John Landis (INTO THE NIGHT). Después de la película de Martin Brest de la que surgió Stephanie, la figura del cazador de recompensas se ha hecho normal en el cine. En literatura, aparece en RUM PUNCH de Leonard Elmore (que los Tarantino adaptaron como JACKIE BROWN). Sin ninguna duda, Elmore y Leonard son los autores de novelas de acción más divertidos de finales del siglo pasado y esperemos que del presente (pero Elmore escribe demasiado bien). En personajes negros, los mayores héroes de la chapuza fueron, por supuesto, Ataúd y Sepulturero, los detectives desastrosos de Chester Himes.

¿De dónde vienen todos esos disparates? La Evanovich no parece muy cultivada literariamente. Según ella, sus fuentes de inspiración son los Cheetos, el chocolate, la cerveza y, un poco, series de televisión como SEINFELD. Pero tiene la escritura física de los grandes maestros del relato (Ross Mc Donald). Es cierto que carece del tono existencialista de la novela clásica. Stephanie no tiene nada que ver con aquellos señores de mediana edad que estaban de vuelta de todo. Bastante tiene con comer todos los días y pagar el alquiler. Mucho menos tiene que ver con los reflexivos detectives europeos, sobre todo con esos italianos que filosofan abiertamente (Fruttero e Lucentini: IL SIGNIFICATO DELL' ESISTENZA). Pero, si se piensa, su estilo produce más tristeza que los anteriores. Un cazador de recompensas es el eslabón final de una cadena de rapiña. Una hija de obreros que sobrevive llevando a sus vecinos ante el juez, es un personaje inquietante. Ella pone la risa. Sus lectores pueden poner la compasión.
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